Maximiliano “Amarillo” Witte, productor agropecuario y molinero de Salta, combina la producción de ajíes, porotos y especias con la elaboración de harinas y condimentos que comercializa en distintas provincias argentinas. Desde su finca en La Viña y su molino en Rosario de Lerma, impulsa una actividad con fuerte arraigo regional mientras enfrenta los desafíos de la competencia de productos importados y la crisis de algunos cultivos tradicionales.

La historia de Witte está profundamente ligada al campo salteño. Hijo de una familia tabacalera, creció entre tareas rurales y recorridos por los cerros y quebradas de los Valles Calchaquíes y del Valle de Lerma. Con el paso de los años, la producción familiar dejó atrás el tabaco para enfocarse en cultivos como ajíes, pimientos para pimentón y porotos pallares, actividades que hoy constituyen la base de su emprendimiento.

Según informó Bichos de Campo, además de administrar la finca familiar, Witte desarrolló una unidad de agregado de valor que le permitió avanzar más allá de la producción primaria. En Rosario de Lerma opera un molino donde procesa especias y harinas utilizando sistemas tradicionales de molienda con piedra, una técnica que mantiene vigencia desde hace siglos.

Actualmente cultiva alrededor de seis hectáreas de ajíes y diez hectáreas de porotos pallares. También realiza rotaciones con alfalfa y mantiene un rodeo de bovinos de razas Brangus y Braford, que funcionan como complemento productivo y respaldo económico.
La actividad de molienda ocupa un lugar central en su negocio. Allí procesa ají molido, pimentón, comino, anís y harinas alternativas, entre otros productos. La producción se comercializa principalmente al por mayor bajo la marca “El Molino de Arriba”, con destino a provincias como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Tucumán.

Witte explicó que la estrategia consiste en almacenar la materia prima y molerla únicamente cuando recibe pedidos, una práctica que permite conservar mejor las propiedades y la calidad de los productos. La temporada de mayor demanda coincide con el invierno, cuando aumenta el consumo de comidas tradicionales como el locro y los guisos.

El productor también observa nuevas oportunidades en el mercado de las harinas alternativas, especialmente las elaboradas a partir de algarroba, garbanzo y porotos. Sin embargo, advirtió sobre la creciente industrialización de productos naturales que, según su visión, terminan perdiendo parte de sus características originales.
Uno de los temas que más preocupa a Witte es la situación de los pequeños productores regionales. Según explicó, la producción de pimentón atraviesa un momento complejo debido a la falta de rentabilidad y a la competencia de productos importados.
“Un problema es que la producción del pimentón está en decadencia porque no tiene precio, de modo que ya casi nadie lo produce, y el gobierno actual ha abierto la importación”, sostuvo.

También cuestionó la calidad de algunos productos que ingresan desde el exterior. “Para ser extra debe tener como mínimo 120 unidades de ‘astas color’. Suele suceder que se compra un pimentón importado, que en su etiqueta dice ‘pimentón extra’, cuando al analizarlo resulta que tiene, por ejemplo, apenas 70 unidades y eso implica ser de pésima calidad”, advirtió.

Más allá de su actividad productiva, Witte mantiene un fuerte vínculo con la cultura salteña. Durante años trabajó como guía de cabalgatas por los cerros de la provincia y también participó activamente del circuito folclórico local. Incluso llegó a convertirse en propietario de la tradicional peña La Casona del Molino, uno de los espacios culturales más emblemáticos de Salta.

Entre la producción agrícola, la molienda artesanal y la defensa de las economías regionales, el “Amarillo” Witte representa una historia de agregado de valor y arraigo territorial que busca mantener vivas actividades tradicionales en una provincia donde el campo continúa siendo uno de los principales motores económicos.
