La ganadería argentina atraviesa un proceso de reconfiguración marcado por indicadores que muestran una mejora en la rentabilidad de varias actividades de la cadena, aunque todavía enfrenta desafíos vinculados al mercado interno y la competitividad externa. Un informe elaborado por Grupo Cencerro, difundido por Agrolink, señala que la recuperación de los feedlots, el incremento en el valor de los vientres y el crecimiento de las exportaciones configuran un escenario favorable para los productores, pese a que la producción de carne vacuna continúa por debajo de los niveles registrados el año pasado.
El relevamiento, basado en el análisis de más de 220 empresas agropecuarias, refleja que el negocio ganadero comienza a mostrar cambios luego de varios años de ajustes. Si bien la menor faena redujo el volumen de producción, otros indicadores permiten anticipar un proceso de recomposición del rodeo y una mejora en las expectativas del sector.
Uno de los principales datos del informe corresponde a la evolución de la producción de carne vacuna.
Durante abril, la faena alcanzó aproximadamente 960.000 cabezas, lo que representó una caída interanual del 12,1% y constituyó el registro más bajo para ese mes desde 2017.
Sin embargo, la reducción en el número de animales enviados a frigorífico fue parcialmente compensada por un incremento en el peso promedio de faena, que aumentó alrededor de seis kilogramos respecto del año anterior.
Esta combinación permitió amortiguar el impacto de la menor actividad sobre el volumen final de carne producido.
Para los analistas, la disminución de la faena responde, en parte, a una estrategia de mayor retención de hacienda impulsada por los propios productores.
Uno de los indicadores que más atención concentra dentro de la actividad es la evolución del precio de los vientres.
Según el estudio, el valor de esta categoría aumentó 128,9% en comparación con igual período del año anterior.
Los especialistas interpretan este comportamiento como una señal de confianza en la actividad y una decisión orientada a recomponer el stock bovino.
La retención de vacas y vaquillonas constituye uno de los primeros pasos dentro de un ciclo de expansión ganadera, ya que permite incrementar la producción de terneros en los próximos años.
El precio del ternero acumuló una suba interanual del 83,7%, mientras que los valores generales de la hacienda evolucionaron por encima de la inflación.
Este comportamiento favorece la rentabilidad de los establecimientos dedicados a la cría y mejora las expectativas para los ciclos productivos futuros.
Otro de los segmentos que muestra una evolución positiva es el engorde a corral.
Luego de varios períodos con resultados económicos ajustados, los feedlots volvieron a registrar márgenes positivos.
Durante mayo, algunos establecimientos alcanzaron márgenes brutos cercanos a 56.000 pesos por cabeza, impulsados por una mejora en la relación entre el precio de compra y el valor de venta de la hacienda terminada.
El mayor atractivo económico también se reflejó en la ocupación de los corrales.
Según el informe, el nivel de utilización llegó al 73,3%, uno de los porcentajes más elevados de los últimos meses.
A ello se suma una relación favorable entre el precio del ternero y el novillito, que continúa estimulando las decisiones de reposición.
En paralelo, la relación entre el novillito y el maíz mantiene niveles superiores a los observados un año atrás, pese a la leve corrección registrada durante mayo.
También mejoró la relación económica entre el valor de los vientres y las terneras, otro indicador que incentiva las estrategias de retención y crecimiento del rodeo.
Las exportaciones continúan siendo uno de los principales motores de la cadena cárnica.
Durante el primer trimestre del año, las ventas externas de carne vacuna generaron ingresos por 1.029 millones de dólares, cifra que representa un incremento interanual del 53%.
El crecimiento respondió tanto al aumento de los precios internacionales como al mayor volumen embarcado.
Los valores promedio de exportación crecieron 31,4%, mientras que los envíos al exterior aumentaron 16,1% respecto del mismo período del año anterior.
Actualmente, las exportaciones representan cerca del 28,6% de toda la producción nacional de carne vacuna.
Entre los principales indicadores del comercio exterior, la Cuota Hilton alcanzó valores cercanos a 21.500 dólares por tonelada, aproximadamente un 23% por encima de los registrados un año atrás.
Al mismo tiempo, el mercado chino continúa pagando precios superiores a los observados durante 2025 y Estados Unidos incrementó su participación como destino de la carne argentina.
Según el informe, los ingresos reales del sector exportador crecieron entre 17% y 33%, dependiendo del mercado considerado.
Mientras las exportaciones muestran una evolución favorable, el mercado doméstico enfrenta un escenario más complejo.
Durante el último año, el precio del asado registró un incremento del 64,8%, superando el ritmo de la inflación.
Como consecuencia, la carne vacuna continúa perdiendo competitividad frente a otras proteínas animales, especialmente el pollo y el cerdo, cuyos precios evolucionaron con menor intensidad.
Esta situación genera incertidumbre sobre la capacidad de recuperación del consumo interno, una variable que históricamente tuvo un peso determinante dentro del negocio ganadero argentino.
Los analistas consideran que la evolución del poder adquisitivo de los hogares será uno de los principales factores que condicionarán la demanda durante los próximos meses.
El informe elaborado por Grupo Cencerro refleja una actividad que comienza a mostrar signos de recuperación luego de varios años marcados por la incertidumbre.
La mejora de los precios de la hacienda, el crecimiento del valor de los vientres, la recuperación de la rentabilidad en los feedlots y el buen desempeño exportador fortalecen las expectativas del sector para el mediano plazo.
No obstante, persisten factores que limitan el potencial de expansión.
La apreciación del tipo de cambio continúa reduciendo la competitividad de las exportaciones, mientras que la evolución del consumo interno aparece como una de las principales incógnitas para la cadena cárnica.
En este contexto, la ganadería argentina enfrenta una etapa de transición en la que conviven señales alentadoras con desafíos estructurales. La consolidación de un proceso de retención de vientres, la mejora de los márgenes productivos y el impulso del comercio exterior constituyen fundamentos positivos para el sector. Sin embargo, la estabilidad macroeconómica, la evolución del mercado cambiario y la recuperación del consumo serán variables decisivas para determinar el ritmo de crecimiento de la actividad en los próximos años.