La Cooperativa Agrícola Avellaneda, en el sudeste de Santiago del Estero, comenzará a comercializar las primeras semillas fiscalizadas de Salinera INTA, una variedad de alfalfa desarrollada para adaptarse a suelos con alta salinidad. La iniciativa marca un nuevo paso en la incorporación de materiales genéticos adaptados a ambientes con restricciones productivas y representa la primera experiencia de este tipo en la zona de riego del departamento Avellaneda. La información surge de un desarrollo difundido por Bichos de Campo.
La producción inicial proviene de tres lotes implantados en abril de 2025 entre las localidades de Icaño y Colonia Dora, sobre una superficie total de 39 hectáreas. Tras la cosecha realizada entre diciembre de 2025 y los primeros días de enero de este año, las semillas atravesaron un proceso de limpieza y acondicionamiento específico para garantizar los estándares exigidos por el sistema de certificación.
Como resultado de ese trabajo, la cooperativa dispone de 129 bolsas de 25 kilogramos, equivalentes a 3.225 kilos de semilla de segunda multiplicación. Cada unidad cuenta con su rótulo y estampilla oficial, lo que asegura la trazabilidad del producto y certifica el origen del lote, las prácticas de producción y el cumplimiento de las normas establecidas por el Instituto Nacional de Semillas (INASE).
La disponibilidad de semilla fiscalizada constituye un avance para los productores que buscan implantar pasturas con materiales de calidad comprobada, especialmente en regiones donde la salinidad limita el comportamiento de las variedades tradicionales. En esos ambientes, la utilización de materiales adaptados puede traducirse en una mayor persistencia de las pasturas y en una mejora de la oferta forrajera para los sistemas ganaderos.
La variedad Salinera INTA fue desarrollada en el marco de un trabajo conjunto entre el Clúster Provincial de Producción de Semilla de Alfalfa y un proyecto local del INTA, con el objetivo de responder a una problemática frecuente en distintas regiones productivas del país: la presencia de suelos afectados por sales.
La acumulación de sales reduce el crecimiento de muchas especies forrajeras, limita la productividad y condiciona la rentabilidad de los establecimientos. Frente a ese escenario, el desarrollo de materiales con mayor tolerancia representa una alternativa para ampliar la superficie apta para la producción de alfalfa y mejorar la eficiencia de los sistemas ganaderos.
El director técnico del semillero, Adrián Massa, explicó que la obtención de la certificación constituye un hito para la cooperativa porque implica haber cumplido con todas las exigencias establecidas para producir y comercializar semillas bajo un esquema de control oficial.
Según indicó, el proceso incluyó auditorías desde la implantación del cultivo hasta la cosecha, permitiendo ofrecer un material cuya calidad genética y física puede verificarse mediante el sistema de certificación.
Además, destacó que las hectáreas implantadas continuarán funcionando como semilleros mientras mantengan los niveles de productividad permitidos por la reglamentación vigente, lo que permitirá sostener la producción en las próximas campañas.
Los responsables del proyecto consideran que la experiencia recién comienza y que existe margen para incrementar la producción de semillas durante los próximos años.
Las estimaciones técnicas indican que, bajo condiciones climáticas normales, los lotes podrían alcanzar mayores rendimientos e incluso realizar dos cosechas anuales. Sin embargo, durante la última campaña las abundantes lluvias registradas entre enero y marzo impidieron concretar una segunda recolección.
Más allá de ese condicionante climático, el balance inicial resulta positivo y abre expectativas para ampliar la disponibilidad comercial de la variedad.
Desde la cooperativa sostienen que la incorporación de esta producción representa una oportunidad para diversificar la actividad regional y fortalecer una cadena con alto valor agregado.
El presidente de la Cooperativa Agrícola Avellaneda, Juan Gómez, señaló que la comercialización de la semilla es el resultado de varios años de trabajo conjunto entre productores, técnicos e instituciones.
El dirigente recordó que el proyecto atravesó distintas dificultades, entre ellas las demoras ocasionadas por la pandemia, aunque remarcó que el objetivo pudo concretarse gracias a la continuidad del trabajo y al compromiso de los integrantes del grupo.
Ahora, la entidad pondrá en marcha una campaña de difusión destinada a productores de Santiago del Estero y de otras provincias interesadas en incorporar esta variedad a sus planteos forrajeros.
La expectativa es que el desarrollo contribuya no solo a mejorar la productividad en zonas con problemas de salinidad, sino también a consolidar una nueva alternativa económica para la región mediante la producción y comercialización de semillas certificadas.
El lanzamiento de Salinera INTA representa, además, un ejemplo del potencial que tiene la articulación entre organismos de investigación, cooperativas y productores para generar tecnologías adaptadas a las necesidades del territorio. En un contexto donde la eficiencia en el uso de los recursos y la adaptación a condiciones ambientales adversas adquieren cada vez mayor relevancia, contar con materiales genéticos específicos puede convertirse en una herramienta estratégica para sostener la producción y ampliar las posibilidades de desarrollo de la ganadería y la agricultura en ambientes marginales.