La expansión del picudo negro de la vaina encendió una señal de alerta entre productores y técnicos del sector agropecuario luego de que su presencia fuera detectada en Santa Fe y Córdoba, dos provincias que integran la principal región productora de soja del país. La advertencia fue realizada durante el Seminario Acsoja 2026, donde especialistas explicaron que este insecto, hasta hace pocos años limitado al norte argentino, puede ocasionar desde pérdidas parciales hasta la destrucción total de un lote si no se aplican estrategias de manejo oportunas.
Según informó Agrofy News, el avance de la plaga representa un nuevo desafío para la producción sojera debido a su capacidad para completar su ciclo biológico dentro del cultivo y a las dificultades que implica su detección temprana. Aunque el insecto tiene una limitada capacidad de vuelo, los especialistas consideran que el traslado de maquinaria agrícola y el transporte de granos contaminados podrían estar favoreciendo su dispersión hacia nuevas zonas productivas.
Durante el encuentro organizado por Acsoja, el ingeniero agrónomo Matías Medrano, de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) de Tucumán, explicó que el picudo negro de la vaina tiene un origen asociado al monte nativo y que comenzó a convertirse en un problema agrícola a medida que avanzó la frontera productiva sobre esos ambientes.

"Se encontraba en el monte y se alimentaba de fabáceas y, al insertar el cultivo de soja, que es una fabácea, empezó a afectar a este cultivo", señaló Medrano, según publicó Agrofy News.
El especialista recordó que los primeros ataques relevantes fueron registrados durante la campaña 2005/2006 en el norte argentino, donde la plaga permaneció concentrada durante casi dos décadas. Sin embargo, en las últimas campañas comenzaron a aparecer ejemplares en provincias de la región central, una situación que genera preocupación por el peso que tiene la zona núcleo en la producción nacional de soja.
La importancia del problema radica en el potencial daño económico que puede ocasionar. De acuerdo con las observaciones realizadas por los técnicos, la incidencia del insecto puede variar entre un 10% de pérdida de rendimiento y la pérdida total del cultivo cuando no se implementan medidas de control adecuadas.
El ciclo biológico del picudo explica buena parte de su capacidad de afectar la producción. Durante el invierno permanece oculto bajo el suelo en estado de hibernación. Con la llegada de temperaturas más elevadas emerge el insecto adulto, que comienza a alimentarse sobre distintos órganos de la planta.
Los daños no se limitan únicamente al consumo de tejido vegetal. Los adultos perforan las vainas, generando heridas que facilitan el ingreso de distintos patógenos y enfermedades. Paralelamente, las hembras depositan sus huevos dentro de las chauchas, donde posteriormente se desarrollan las larvas.
Una vez que nacen, las larvas consumen directamente los granos en formación y favorecen la caída prematura de las vainas, lo que reduce significativamente el rendimiento final del cultivo. Además, en los primeros estadios de desarrollo de la soja el insecto también puede atacar los brotes jóvenes, comprometiendo el establecimiento del lote desde sus etapas iniciales.
"En la etapa en la que no hay cultivo, el insecto pasa el invierno bajo el suelo en forma hibernante. Esta es una de las características principales, y luego el adulto emerge desde el suelo", explicó Medrano, de acuerdo con la cobertura realizada por Agrofy News.
Frente a este escenario, los especialistas remarcan que el control debe comenzar antes de que aparezcan los daños visibles. Una de las prácticas más recomendadas es la rotación de cultivos, especialmente con gramíneas, ya que el insecto depende de especies pertenecientes a la familia de las fabáceas para completar su alimentación.
Al interrumpir la disponibilidad de su principal fuente de alimento, se dificulta la continuidad del ciclo biológico y disminuye la presión de la plaga sobre los lotes destinados posteriormente a soja.
Otra herramienta considerada de utilidad es el tratamiento profesional de semillas mediante insecticidas específicos, particularmente productos pertenecientes al grupo de los neonicotinoides, que ofrecen protección durante las primeras etapas del desarrollo del cultivo, cuando las plantas presentan mayor vulnerabilidad.
Sin embargo, los especialistas coinciden en que ninguna práctica aislada resulta suficiente. El monitoreo permanente del cultivo continúa siendo una de las herramientas más importantes para determinar el momento adecuado de intervención y decidir si corresponde realizar aplicaciones foliares.
En aquellos casos donde el nivel de infestación lo justifica, las recomendaciones técnicas incluyen aplicaciones con mezclas de piretroides y neonicotinoides, buscando reducir la población de adultos antes de que completen la oviposición sobre las vainas.
Uno de los principales interrogantes que hoy intentan responder los investigadores es cómo logró expandirse el insecto hacia regiones alejadas de su distribución histórica. Debido a que el picudo negro de la vaina pertenece al grupo de los coleópteros y posee una capacidad de vuelo reducida, la hipótesis más aceptada apunta al transporte involuntario por parte de la actividad agrícola.
Según explicó Medrano, existe la posibilidad de que larvas presentes dentro de granos cosechados sean trasladadas junto con la producción. Durante el movimiento de camiones o maquinaria, parte de esos granos puede caer al suelo, permitiendo que el insecto complete su desarrollo en nuevas áreas.
"Hipotetizamos que puede ser por la contaminación en las diferentes maquinarias. Sobre todo, al trasladar grano con larvas porque esos granos caen en el suelo y completa su ciclo", sostuvo el especialista, según reprodujo Agrofy News.
Por esa razón, los técnicos consideran que la higiene de cosechadoras, tolvas, camiones y demás equipos agrícolas representa una medida preventiva fundamental para limitar el desplazamiento del insecto entre distintas regiones productivas.
La limpieza adecuada de la maquinaria antes de abandonar un establecimiento y el control del transporte de granos aparecen como acciones de bajo costo que podrían contribuir a frenar la expansión de una plaga que hasta hace pocos años estaba restringida al norte argentino.
En ese contexto, desde el ámbito técnico también destacan la necesidad de fortalecer las tareas de capacitación y concientización entre productores, contratistas rurales y transportistas, actores considerados claves para evitar que el insecto continúe avanzando hacia nuevas áreas agrícolas.
La aparición del picudo negro de la vaina en la zona núcleo se suma a los desafíos sanitarios que enfrenta actualmente el cultivo de soja en Argentina. Si bien existen herramientas para reducir su impacto, los especialistas coinciden en que la detección temprana, el monitoreo sistemático y la aplicación de estrategias de manejo integrado serán determinantes para contener una plaga que ya comenzó a modificar el mapa sanitario de la principal región sojera del país.