Los feedlots argentinos registraron durante junio el mayor nivel de existencias desde que el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) comenzó a publicar estadísticas sobre la actividad. De acuerdo con un análisis publicado por La Nación, este comportamiento representa una de las señales más claras de que la ganadería vacuna atraviesa un cambio de ciclo, caracterizado por el inicio de un proceso de retención de hacienda que podría traducirse en una mayor oferta de carne en los próximos años. El fenómeno se observa en un contexto de menor ritmo de faena, reducción en los movimientos de terneros y una permanencia más prolongada de los animales dentro de los corrales de engorde.
Según el consultor ganadero Víctor Tonelli, autor del análisis publicado por La Nación, distintos indicadores comienzan a confirmar que el sector dejó atrás la etapa de liquidación de stock y avanza hacia una fase de recuperación productiva.
Uno de los principales elementos que respaldan esta interpretación es la evolución de la faena. Tonelli sostiene que durante los últimos ocho meses los envíos de hacienda a frigorífico se ubicaron alrededor de un 9% por debajo del promedio registrado durante los tres años anteriores, un período que estuvo marcado por la liquidación de vientres y la pérdida de aproximadamente 3,3 millones de cabezas del stock bovino nacional.
A ese comportamiento se suma una disminución en los movimientos comerciales de terneros y terneras, un indicador que, según el especialista, refleja una mayor decisión de los productores de conservar animales dentro de los establecimientos para fortalecer el rodeo.
El análisis señala que los datos de la campaña de vacunación antiaftosa correspondientes al otoño, que serán difundidos en las próximas semanas, podrían aportar nuevas evidencias sobre esta tendencia, especialmente si se confirma un nivel similar de terneros logrados respecto de años anteriores.
Sin embargo, el aspecto que más llamó la atención del especialista es el comportamiento de los corrales de engorde, donde se produjo un fenómeno poco habitual.

De acuerdo con la información oficial del Senasa, junio marcó el mayor volumen de existencias desde el inicio de la serie estadística. Lo llamativo es que este crecimiento no estuvo impulsado por un incremento en los ingresos de animales.
Por el contrario, el número de ingresos disminuyó durante los últimos meses, mientras las existencias continuaron aumentando.
Para Tonelli, esta aparente contradicción tiene una explicación clara: los animales permanecen más tiempo dentro de los feedlots antes de ser enviados a faena.
Según explicó en su columna publicada por La Nación, "Más existencias con menos ingresos = alargamiento en los tiempos de engorde y, como consecuencia, muchos más kilos".
Esta mayor permanencia permite incrementar el peso de terminación y obtener animales de mayor tamaño antes de su comercialización.
El consultor sostiene que esta estrategia constituye una evidencia concreta del cambio de ciclo que atraviesa la actividad ganadera.
Otro dato relevante surge del análisis de la composición de los animales alojados en los corrales.
Las estadísticas muestran un incremento sostenido en la participación de categorías de mayor edad y peso, como novillos, novillitos, vaquillonas y MEJ (machos enteros jóvenes).
Al mismo tiempo, disminuyó la presencia de terneros y terneras, una modificación que para el especialista confirma la decisión de retener hacienda y prolongar los procesos de recría y engorde.

Tonelli sostiene que esta transformación representa uno de los cambios estructurales más importantes registrados durante los últimos años dentro del sistema de producción.
La permanencia más prolongada de los animales en los establecimientos también genera un impacto directo sobre la producción de carne.
Aunque el consultor aclara que no dispone de cifras definitivas, plantea una estimación para dimensionar el efecto de esta estrategia.
Según su análisis, un aumento de aproximadamente 45 días en el período de engorde podría traducirse en 60 kilogramos adicionales de peso vivo por animal o cerca de 35 kilogramos más por res faenada.
Ese incremento permitiría elevar la producción total de carne aun cuando el número de animales enviados a faena sea menor.
El análisis difundido por La Nación sostiene que procesos similares también comienzan a observarse en los sistemas de producción a campo.
La retención de hacienda reduce transitoriamente la oferta disponible para el mercado, pero sienta las bases para una mayor producción futura mediante el crecimiento del stock y el incremento del peso promedio de faena.
En ese sentido, Tonelli considera que el sector atraviesa una etapa de transición que podría fortalecer la competitividad de la ganadería argentina.
Según explica, el objetivo de la retención no consiste únicamente en aumentar la cantidad de animales, sino también en mejorar la eficiencia productiva mediante procesos de recría más extensos y terminaciones con mayores pesos.
La evolución de los feedlots resulta especialmente significativa porque constituye uno de los primeros indicadores capaces de reflejar estos cambios productivos.
Las estadísticas oficiales permiten seguir con precisión la evolución de los ingresos, egresos y existencias, ofreciendo información que ayuda a interpretar el comportamiento general del negocio ganadero.
Para el consultor, el escenario actual genera expectativas favorables para el mediano plazo.
"El escenario se presenta extremadamente auspicioso y la ganadería responde como siempre que le han dado libertad y no la limitaron con políticas de intervención nefastas", afirmó Tonelli en su columna publicada por La Nación.
Más allá de esa valoración, el especialista considera que los indicadores productivos muestran un cambio respecto del ciclo anterior, caracterizado por la reducción del stock como consecuencia de la sequía, el aumento de los costos y las dificultades económicas que afectaron al sector durante los últimos años.
Ahora, con un menor ritmo de faena, una mayor permanencia de animales en los corrales y señales de retención en los campos de cría, distintos analistas coinciden en que la actividad podría ingresar en una etapa de recuperación gradual.
La consolidación de este proceso dependerá de múltiples factores, entre ellos la evolución del clima, la rentabilidad del negocio, el comportamiento del consumo interno y la demanda internacional de carne vacuna.
No obstante, los datos relevados por el Senasa y analizados por Tonelli permiten observar un cambio en la dinámica productiva que, de mantenerse en el tiempo, podría traducirse en un incremento de la oferta de carne y en una recuperación del rodeo bovino argentino durante los próximos años.