El gas natural licuado (GNL) se perfila como uno de los proyectos con mayor capacidad para transformar la economía argentina durante la próxima década. Un informe elaborado por Bradesco BBI sostiene que el desarrollo de las iniciativas vinculadas a Vaca Muerta permitirá incrementar de manera significativa las exportaciones energéticas, con ingresos estimados de entre US$12.000 millones y US$18.000 millones anuales, además de un aporte equivalente al 2,5% del Producto Bruto Interno (PBI) cuando los proyectos alcancen su etapa de madurez. La proyección adquiere relevancia en un escenario internacional donde la seguridad energética volvió a convertirse en una prioridad para Europa y Asia tras los cambios geopolíticos de los últimos años.
Según el informe, difundido por Bradesco BBI, Argentina reúne una combinación de factores que la posicionan como uno de los candidatos con mayor potencial para incorporarse al mercado global del GNL. La disponibilidad de recursos en Vaca Muerta, los costos competitivos de producción y una demanda internacional que continuará creciendo durante los próximos años conforman un escenario favorable para el desarrollo de una nueva industria exportadora.
El banco considera que el país atraviesa un punto de inflexión. Durante décadas, el objetivo del sector energético estuvo concentrado en alcanzar el autoabastecimiento y reducir la dependencia de las importaciones de combustibles. Sin embargo, el crecimiento de la producción de gas no convencional abrió un nuevo horizonte, en el que el desafío pasa por transformar ese recurso en un producto con destino a los principales mercados del mundo.
El crecimiento del GNL responde también a un cambio en la matriz energética internacional. En numerosos países, el gas natural pasó a ocupar un rol central como combustible de transición para reducir el uso del carbón mientras avanza la incorporación de fuentes renovables. A la vez, la expansión de la energía solar y eólica incrementó la necesidad de contar con fuentes de generación capaces de garantizar un suministro estable cuando las condiciones climáticas limitan la producción renovable.
Ese contexto impulsó fuertes inversiones en terminales de importación y exportación de GNL, generando oportunidades para nuevos productores. En ese escenario, Argentina busca aprovechar el potencial de Vaca Muerta, considerada la segunda mayor reserva mundial de gas no convencional.

El informe señala que el principal desafío ya no reside exclusivamente en incrementar la producción de gas, sino en desarrollar la infraestructura necesaria para procesarlo, licuarlo y exportarlo hacia los grandes centros de consumo.
Entre los proyectos que marcarán el crecimiento de la industria aparecen Southern Energy LNG, impulsado por un consorcio de empresas del sector, y Argentina LNG, liderado por YPF junto con socios internacionales. A estas iniciativas se suman distintas etapas de expansión previstas para los próximos años, con el objetivo de aumentar la capacidad de exportación entre 2028 y comienzos de la década de 2030.
La magnitud de los recursos disponibles explica el cambio de estrategia. De acuerdo con las estimaciones citadas por Bradesco BBI, las reservas de Vaca Muerta permitirían abastecer el consumo interno argentino durante aproximadamente 140 años. Frente a ese volumen de producción potencial, la demanda regional de países como Brasil y Chile resulta insuficiente para absorber toda la oferta, lo que convierte a la exportación de GNL en la principal alternativa para monetizar esos recursos.
A diferencia de las ventas mediante gasoductos, limitadas por la geografía y la capacidad de transporte, el gas natural licuado permite acceder por vía marítima a compradores de cualquier parte del mundo. Esa flexibilidad posibilita colocar la producción en mercados con mayor demanda o mejores precios, ampliando las oportunidades comerciales para el país.

Las proyecciones de Bradesco BBI ubican al GNL como uno de los principales motores potenciales del crecimiento económico argentino.
Una vez que las distintas plantas entren en funcionamiento, el flujo de exportaciones podría generar ingresos de entre US$12.000 millones y US$18.000 millones por año. Ese volumen de divisas tendría un efecto directo sobre la balanza comercial y contribuiría a fortalecer uno de los principales puntos débiles de la economía argentina: la disponibilidad de dólares.
El informe sostiene que un ingreso sostenido de divisas permitiría aliviar la histórica restricción externa que condicionó numerosos ciclos de crecimiento. A su vez, favorecería la acumulación de reservas internacionales, aportaría mayor estabilidad al mercado cambiario e incrementaría la capacidad del Estado para financiar políticas públicas mediante una mayor recaudación tributaria y regalías para las provincias productoras.
El banco calcula que el complejo exportador de GNL podría representar hasta 2,5% del PBI, una participación que refleja la dimensión que podría alcanzar el sector una vez completadas las inversiones previstas.
El informe también dedica un apartado al impacto que estos proyectos podrían tener sobre YPF, principal empresa involucrada en el desarrollo de Argentina LNG.
Según el análisis de Bradesco BBI, el mercado todavía no refleja completamente en la valuación de la petrolera el potencial asociado al negocio del GNL. A medida que las distintas etapas de los proyectos avancen y disminuyan las incertidumbres vinculadas a su ejecución, el banco considera que los inversores podrían comenzar a incorporar esas expectativas en el precio de la compañía.
En ese contexto, la evolución futura de YPF dependería cada vez menos de su negocio tradicional de exploración y producción de petróleo y gas, y más de su capacidad para consolidarse como un exportador de energía con alcance global.
Más allá de las proyecciones económicas, el informe plantea un cambio estructural para el sector energético argentino. El debate ya no se limita a garantizar el abastecimiento interno, sino que incorpora la posibilidad de posicionar al país como un proveedor estratégico para mercados internacionales con alta demanda de energía.
Europa y Asia aparecen entre los principales destinos potenciales para el gas argentino, en un contexto donde la diversificación de proveedores adquirió una importancia creciente luego de las tensiones geopolíticas registradas en los últimos años.
No obstante, el desarrollo de esa oportunidad dependerá de varios factores. Entre ellos, la concreción de las inversiones en infraestructura, el cumplimiento de los cronogramas previstos para las plantas de licuefacción, la estabilidad del marco regulatorio y la continuidad de una demanda internacional capaz de absorber nuevos volúmenes de exportación.
De cumplirse esas condiciones, Bradesco BBI considera que el GNL podría convertirse en una de las principales fuentes de generación de divisas para Argentina durante las próximas décadas, modificando de manera profunda el perfil exportador del país y consolidando a Vaca Muerta como uno de los polos energéticos más importantes del mundo, según publicó Forbes.