Las exportaciones argentinas de peras registraron una recuperación durante junio, con un crecimiento interanual del 2,4%, aunque ese repunte no alcanzó para revertir el resultado del primer semestre. Entre enero y junio de 2026, los embarques totalizaron 230.300 toneladas, lo que representa una caída del 9% frente al mismo período del año anterior, de acuerdo con datos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) difundidos por Más Producción.
El comportamiento de junio aportó una señal positiva para el sector exportador luego de varios meses de retroceso. Con 33.500 toneladas enviadas al exterior, el sexto mes del año se convirtió, junto con enero, en uno de los pocos períodos del semestre que logró superar los volúmenes registrados en igual mes de 2025.
Sin embargo, el balance general continúa reflejando el impacto de una campaña marcada por una menor disponibilidad de fruta. El volumen exportado durante la primera mitad del año quedó 22.300 toneladas por debajo del alcanzado en 2025, cuando las ventas externas habían llegado a 252.600 toneladas.
La comparación con el promedio de las últimas cinco campañas también confirma un escenario de menor actividad. En ese caso, las exportaciones se ubicaron aproximadamente 1% por debajo de la media histórica para el período.
La principal causa de esta disminución se encuentra en la menor producción obtenida durante la campaña 2025/26. Distintas fuentes del sector frutícola coinciden en que las condiciones climáticas registradas en los principales valles productivos del norte de la Patagonia afectaron el volumen cosechado.
Las heladas tardías y los episodios de granizo provocaron pérdidas de distinta magnitud según la zona productiva. De acuerdo con estimaciones privadas citadas por Más Producción, la merma de producción habría oscilado entre el 15% y el 30% respecto de la temporada anterior.
La reducción de la oferta tuvo un efecto directo sobre la capacidad exportadora de las empresas. Con menos fruta disponible, la prioridad pasó a ser el abastecimiento de los mercados estratégicos, limitando el volumen total de los embarques.
El desempeño de esta campaña interrumpió además la recuperación que el sector había logrado consolidar durante los últimos años.
Luego del piso registrado en el primer semestre de 2022, cuando las exportaciones rondaron las 198.000 toneladas, las ventas externas mostraron un crecimiento sostenido hasta alcanzar en 2025 el mayor volumen del período reciente.
La campaña actual rompió esa tendencia ascendente y devolvió los niveles de exportación a registros similares a los observados en años de menor actividad comercial.
De hecho, las 230.300 toneladas embarcadas durante el primer semestre constituyen el segundo volumen más bajo para ese período desde 2019, únicamente por encima de las 227.300 toneladas registradas ese año.
La evolución confirma la fuerte dependencia que mantiene la actividad exportadora respecto del comportamiento de la producción primaria. Cuando la cosecha disminuye por factores climáticos, el impacto sobre los mercados internacionales suele sentirse rápidamente.
La menor disponibilidad de fruta también comenzó a reflejarse en las existencias almacenadas.
Los datos oficiales muestran que los stocks de peras conservados en cámaras frigoríficas de Río Negro se ubicaron 16% por debajo de los niveles registrados durante el mismo período del año pasado.
Al mismo tiempo, las existencias resultaron 7% inferiores al promedio de las últimas cinco campañas, ubicándose en valores comparables con los observados en 2022, otro año caracterizado por una oferta limitada.
Para los operadores comerciales, este escenario implica una menor capacidad para responder a eventuales aumentos de la demanda internacional durante la segunda mitad del año, ya que el volumen disponible para comercialización es más reducido.
Pese al contexto general, junio dejó algunos indicadores alentadores.
Las 33.500 toneladas exportadas durante ese mes representaron un crecimiento del 2,4% respecto de igual período de 2025, convirtiéndose en uno de los escasos resultados positivos registrados en el semestre.
El pico de actividad exportadora continuó concentrándose en marzo, cuando los embarques alcanzaron aproximadamente 52.700 toneladas.
No obstante, incluso ese desempeño quedó por debajo del registrado durante marzo de los dos años anteriores, reflejando nuevamente el efecto de la menor producción disponible.
Los analistas consideran que el repunte observado en junio podría responder a una mayor actividad en determinados mercados y al cumplimiento de compromisos comerciales previamente asumidos por las empresas exportadoras.
Sin embargo, advierten que todavía resulta prematuro interpretar ese crecimiento mensual como el inicio de una recuperación sostenida.
En cuanto a los mercados de exportación, Brasil volvió a consolidarse como el principal comprador de peras argentinas.
Durante el primer semestre importó aproximadamente 88.100 toneladas, volumen equivalente al 38% de todas las exportaciones realizadas por el país.
La cercanía geográfica, los menores costos logísticos y la consolidación de las relaciones comerciales permitieron que el mercado brasileño incrementara progresivamente su participación dentro del negocio exportador durante la última década.
El segundo destino fue Rusia, con compras cercanas a las 44.500 toneladas, mientras que Estados Unidos ocupó el tercer lugar con 30.800 toneladas.
La evolución de los mercados también muestra cambios estructurales.
Mientras Brasil continúa fortaleciendo su liderazgo, Rusia perdió participación relativa respecto de años anteriores, en un contexto donde las empresas argentinas avanzaron con estrategias de diversificación comercial para reducir la dependencia de un número limitado de compradores.
Las perspectivas para la segunda mitad del año no anticipan un cambio significativo en la tendencia observada hasta el momento.
Exportadores y operadores coinciden en que la menor disponibilidad de fruta continuará limitando los embarques durante los próximos meses.
Si bien podrían registrarse mejoras puntuales en determinados mercados o aumentos temporales de la demanda, el consenso dentro del sector indica que el volumen exportado difícilmente logre recuperar el terreno perdido durante el primer semestre.
En ese contexto, Brasil mantendría su posición como principal destino de las exportaciones argentinas de peras, mientras que la evolución de los stocks disponibles y el comportamiento de los compradores internacionales serán determinantes para definir el cierre de la campaña.
El resultado final de 2026 dependerá, en gran medida, del nivel de fruta remanente y de la capacidad de las empresas para sostener los compromisos comerciales en un escenario de oferta más ajustada. Mientras tanto, el leve repunte registrado en junio aparece como una señal positiva, aunque todavía insuficiente para modificar el balance de una temporada condicionada por las consecuencias de una cosecha afectada por el clima.