Mónica Alonso transformó una tragedia personal en un emprendimiento familiar que hoy produce entre 10.000 y 15.000 kilos de miel por año en distintas provincias argentinas. Impulsada por una frase de sus hijos tras la muerte de su marido, apostó por la apicultura, recorrió durante casi dos décadas el norte del país para hacer crecer sus colmenas y convirtió a Miel Nativa en una marca reconocida por su calidad. La historia fue publicada por LA NACION, en una nota de Mariana Reinke.
Todo comenzó hace 19 años, cuando el fallecimiento repentino de su esposo la dejó sola al frente de su familia y de apenas 40 colmenas. En medio del duelo, una pregunta de sus hijos, de 7 y 13 años, cambió el rumbo de su vida: "Mamá, ¿qué vamos a hacer? Porque nosotros estamos vivos".

Ese impulso la llevó a apostar por un proyecto que había nacido como un pasatiempo. Decidió trasladar sus colmenas desde Entre Ríos hacia Santiago del Estero, donde la floración era más extensa y ofrecía mejores condiciones para la producción apícola.
Durante años viajó sola en colectivo desde Paraná hasta el pequeño pueblo de Garza. Desde allí recorría el monte santiagueño para trabajar con sus abejas, enfrentando jornadas de calor extremo y largas distancias. "He sufrido mucho en esos montes; son 50 grados de temperatura, donde a veces una cae de rodillas por cansancio y calor", recordó.
Con el tiempo comprendió que vender miel a granel no era suficiente para sostener el negocio. Entonces comenzó a envasarla y comercializarla directamente. Transportaba los recipientes en colectivo, llenaba los frascos de manera artesanal y recorría comercios para ofrecer su producción.

Esa decisión cambió el modelo de negocio y permitió el crecimiento de la empresa. Hace diez años bautizó el emprendimiento como Miel Nativa, en homenaje al monte santiagueño donde consolidó su proyecto.
Actualmente, la firma trabaja junto a sus hijos Leandro y Araí Aldana y su yerno Julián. Sus apiarios están distribuidos entre Santiago del Estero, Tucumán, Santa Fe y Entre Ríos, donde producen nueve variedades de miel, entre ellas azahar de limón, algarrobo, eucaliptus, acacia, mistol, atamisqui, girasol y monte entrerriano.
Uno de los mayores reconocimientos llegó durante la feria Caminos y Sabores, cuando Miel Nativa obtuvo el premio a la mejor miel. Para Alonso, ese momento resumió años de sacrificio, viajes nocturnos, dificultades económicas y trabajo constante.

Aunque el emprendimiento continúa creciendo, la productora asegura que mantiene el mismo espíritu con el que comenzó. Su objetivo es seguir desarrollando nuevas variedades de miel y ampliar la producción sin perder la escala familiar que caracteriza al proyecto.

La historia de Mónica Alonso refleja cómo un emprendimiento construido con esfuerzo, resiliencia e innovación logró transformarse en una empresa reconocida dentro de la apicultura argentina. Su experiencia demuestra que agregar valor a la producción, apostar por la calidad y sostener una visión de largo plazo pueden convertir una situación límite en una oportunidad de crecimiento.
