Un estudio de la FAO confirma que los bioinsumos pueden aumentar la rentabilidad y acelerar una agricultura más sustentable

Una investigación realizada en cinco países de América Latina concluyó que estas tecnologías reducen costos, mejoran la productividad y fortalecen la resiliencia de los sistemas agrícolas.

Un estudio de la FAO confirma que los bioinsumos pueden aumentar la rentabilidad y acelerar una agricultura más sustentable
miércoles 22 de julio de 2026

Los bioinsumos ganan terreno en la agricultura de América Latina y, de acuerdo con un reciente estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), su adopción puede representar una alternativa económicamente rentable para los productores, además de aportar beneficios ambientales y mejorar la competitividad de las explotaciones. La investigación, difundida en los últimos días y citada por TodoAgro, analizó diferentes modelos productivos en cinco países de la región y concluyó que la incorporación de estas tecnologías permite reducir costos, aumentar los rendimientos y fortalecer la sostenibilidad del sistema agropecuario, aunque los resultados dependen de las condiciones específicas de cada establecimiento.

El informe llega en un contexto de fuerte expansión del mercado de biofertilizantes, bioestimulantes y biocontroladores, un segmento que actualmente crece a un ritmo superior al 10% anual en América Latina y el Caribe, convirtiéndose en la región con mayor dinamismo del mundo en este tipo de tecnologías.

La publicación, titulada "Estudios de caso de adopción y producción de bioinsumos en América Latina: un análisis de costos y beneficios", aporta evidencia económica para un mercado que hasta ahora contaba con escasa información sistematizada sobre el impacto financiero de estas herramientas.

Los especialistas de la FAO analizaron distintos escenarios de implementación en Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica y México, considerando diferentes escalas productivas, cultivos y sistemas agrícolas. El objetivo fue determinar en qué condiciones la utilización de bioinsumos comerciales o la producción propia dentro de los establecimientos puede convertirse en una inversión rentable.

Uno de los principales hallazgos del estudio es que no existe una única respuesta válida para todos los productores. La conveniencia económica depende de factores como el tipo de cultivo, las características del suelo, las condiciones agroecológicas, la escala de producción y el nivel tecnológico de cada empresa agropecuaria.

No obstante, la investigación señala que, en numerosos casos, la incorporación de bioinsumos acompañada por una reducción parcial del uso de fertilizantes y agroquímicos tradicionales mejora los márgenes económicos gracias a menores costos de producción y mayores rendimientos.

Entre los casos analizados, el estudio destaca resultados positivos en cultivos de caña de azúcar en México, así como en soja y uva en Bolivia, donde la utilización de productos biológicos permitió incrementar la rentabilidad de las explotaciones.

En contraste, cuando los productores elaboran bioinsumos dentro de sus propias fincas mediante biopreparados artesanales, los resultados aparecen como más variables. En algunos establecimientos, el incremento de las necesidades de mano de obra redujo parte de las ventajas económicas obtenidas con el menor gasto en insumos externos.

Aun así, los investigadores sostienen que la fabricación de bioinsumos dentro de los establecimientos agrícolas puede resultar competitiva frente a la compra de productos comerciales, especialmente en regiones alejadas de los principales centros de abastecimiento.

Para alcanzar esos beneficios, el informe enfatiza que la producción propia debe realizarse bajo protocolos técnicos adecuados, con controles de calidad que garanticen la eficacia y la inocuidad de los productos utilizados.

Otro aspecto evaluado fue la posibilidad de desarrollar biofábricas cooperativas o asociativas. Según el análisis, este tipo de emprendimientos puede resultar financieramente viable siempre que la capacidad instalada se adapte a la demanda regional y aproveche la infraestructura existente.

El crecimiento de los bioinsumos también aparece vinculado a un fenómeno internacional que modificó los costos de producción agrícola en los últimos años.

Tras el aumento del precio internacional del gas natural y las consecuencias económicas derivadas de la guerra entre Rusia y Ucrania, el valor de los fertilizantes registró una fuerte suba en todo el mundo.

Como consecuencia, las importaciones de fertilizantes en América Latina y el Caribe aumentaron un 137% durante 2022, situación que impulsó la búsqueda de alternativas capaces de reducir la dependencia de estos productos y mejorar la estabilidad económica de las explotaciones.

En ese escenario, los bioinsumos comenzaron a consolidarse como una herramienta para fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos, disminuir costos y reducir el impacto de las fluctuaciones internacionales sobre la actividad agrícola.

Además del aspecto económico, el trabajo analiza los beneficios ambientales asociados a estas tecnologías.

Entre ellos menciona la posibilidad de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, optimizar el uso del agua y contribuir a una mayor conservación de la fertilidad de los suelos.

Los autores aclaran, sin embargo, que muchos de estos beneficios ambientales probablemente estén subestimados debido a la escasez de estudios que permitan cuantificar plenamente aspectos como la recuperación de la biodiversidad, la mejora de la salud de los suelos o los efectos positivos sobre la salud humana.

La publicación también destaca que la utilización de bioinsumos puede facilitar el acceso a mercados internacionales que exigen estándares cada vez más estrictos en materia de inocuidad alimentaria.

Esto adquiere especial importancia para cadenas exportadoras como las de café, cacao, banano y aguacate, donde la reducción de residuos de plaguicidas representa un requisito creciente para ingresar a determinados destinos comerciales.

Frente a este panorama, la FAO considera necesario fortalecer las políticas públicas destinadas a acelerar la adopción de estas tecnologías.

Entre las principales recomendaciones figura ampliar el acceso al financiamiento para los productores, reforzar los programas de asistencia técnica y capacitación, especialmente para los agricultores de menor escala, e incrementar la investigación científica sobre la eficacia de los bioinsumos.

Asimismo, el organismo plantea avanzar en marcos regulatorios sólidos y fortalecer los sistemas de certificación y control de calidad para generar mayor confianza entre productores, distribuidores y consumidores.

La investigación concluye que el crecimiento sostenido de los bioinsumos no solo responde a una mayor preocupación ambiental, sino también a fundamentos económicos cada vez más sólidos. En un contexto de altos costos de producción y mercados internacionales cada vez más exigentes, estas herramientas aparecen como una alternativa capaz de combinar productividad, rentabilidad y sustentabilidad, tres variables que hoy ocupan un lugar central en la agenda del agro latinoamericano.

 

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