El Parque Nacional Aconquija, en el sudoeste de Tucumán, es uno de los destinos naturales más destacados de la provincia por la diversidad de sus paisajes, su riqueza ambiental y sus senderos entre las yungas y la alta montaña. Según informó LA NACION, el área protegida abarca casi 94.000 hectáreas y alberga unas 260 especies de aves, además de especies como pumas, pecaríes, osos meleros y tarucas.
El parque fue creado en 2018 sobre la base del antiguo Parque Nacional Campo de Los Alisos, que había sido protegido desde 1995. Su objetivo es preservar un ecosistema donde conviven las yungas con los ambientes de los Altos Andes, además de proteger las fuentes de agua que nacen en el cordón del Aconquija.

La periodista Gabriela Pomponio recorrió el área para LA NACION y destacó el cambio de paisaje a medida que el camino avanza desde Aguilares hacia el parque. El recorrido atraviesa campos de arándanos, papa, maíz y grandes extensiones de limoneros antes de llegar a Alpachiri, donde termina el asfalto y comienza el acceso hacia la zona protegida.
El parque cuenta actualmente con cuatro accesos: Cochuna, Campo de los Alisos, Piedra Labrada y Escaba, y ofrece 11 senderos con distintos niveles de dificultad. La mayoría pueden recorrerse de manera autoguiada, aunque hay sectores donde la presencia de un guía es obligatoria.
Uno de los puntos destacados es el Mirador La Banderita, ubicado a unos 1.846 metros de altura, en la Cuesta del Clavillo. Desde allí se pueden observar los Nevados del Aconquija, mientras las nubes cubren parte de las yungas y el paisaje comienza a transformarse en un ambiente de alta montaña.

Otro de los recorridos permite llegar al arroyo El Calao, en medio de una vegetación característica de las yungas. El sendero atraviesa bosques cubiertos de musgos, helechos, bromelias y distintas variedades de árboles y plantas.
Para quienes disfrutan del avistaje de aves, el parque ofrece una oportunidad particular. Allí se encuentran 260 especies de las aproximadamente 500 registradas en toda la provincia de Tucumán. Entre ellas aparecen urracas, chuñas de patas rojas, calacantes cara roja, picaflores cometa, loros aliseros y habladores y patos de los torrentes.
“Hay que venir dispuesto a escuchar más que a ver”, explicó el guía Leonardo González, según informó LA NACION. La recomendación apunta a observar con paciencia y prestar atención a los sonidos del bosque.
El parque también funciona como refugio de osos meleros, pecaríes de collar, pumas, yaguarundís y tarucas, aunque muchas de estas especies son difíciles de observar debido a sus hábitos y a las características del ambiente.

Uno de los sitios más importantes desde el punto de vista histórico y arqueológico es La Ciudacita, un antiguo complejo asociado al Qhapaq Ñan, el Camino del Inca, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Está situado a unos 4.200 metros de altura y su recorrido requiere varios días, aclimatación y la compañía obligatoria de un guía de alta montaña.
El acceso a La Ciudacita es especialmente exigente y se realiza desde el sector catamarqueño de la estancia El Tesoro. No cuenta con servicios y solo puede visitarse durante determinadas épocas del año.
El sector de Campo de los Alisos ofrece otra alternativa para recorrer el parque. Para llegar es necesario atravesar el río Jaya, por lo que se recomienda utilizar vehículos 4x4 y consultar previamente las condiciones climáticas. Las lluvias pueden volver intransitable el camino.
La experiencia puede complementarse con una visita a Aguilares, ciudad vinculada históricamente a la industria azucarera. Allí se encuentra la iglesia Nuestra Señora del Carmen, reconocida por sus frescos inspirados en la obra de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

El recorrido por el sur tucumano también puede incluir Rumi Punco, donde sobreviven antiguos túneles ferroviarios construidos durante un proyecto que buscaba conectar Tucumán con Catamarca. La obra quedó abandonada durante la década de 1950 y hoy forma parte de un atractivo turístico rodeado por la selva.
Según informó LA NACION, el recorrido fue realizado por Gabriela Pomponio, quien mostró un destino donde la biodiversidad, la historia y los paisajes de montaña conviven en un mismo circuito.