El pasto cubano, una maleza que puede alcanzar los siete metros de altura y generar pérdidas significativas en cultivos extensivos, fue uno de los principales temas analizados en el Congreso de Malezas realizado en Córdoba, donde especialistas advirtieron sobre su expansión y presentaron nuevas alternativas para su manejo. Durante el encuentro, organizado por ASACIM, se destacó especialmente la detección de semillas viables de Tithonia tubaeformis en Córdoba, un dato que confirma que la especie no solo puede llegar a la provincia por el movimiento de personas, maquinaria o materiales, sino que también tiene capacidad para reproducirse allí. La información fue publicada por TodoAgro el 8 de septiembre de 2026.
En ese contexto, UPL Crop Argentina presentó Karobiz, un herbicida postemergente selectivo para caña de azúcar y maíz formulado a base de Topramezone, que se incorpora a las herramientas disponibles para complementar las estrategias de control de esta maleza y otras especies problemáticas.
La advertencia adquiere relevancia por las características biológicas del pasto cubano. Se trata de una especie anual con un crecimiento rápido, una elevada producción de semillas y capacidad para formar grandes agrupaciones de plantas. Bajo determinadas condiciones, puede superar ampliamente la altura del cultivo y competir por recursos fundamentales como la luz.
El panel denominado “Pasto cubano, una amenaza creciente que exige nuevas estrategias” reunió a Agustín Sánchez Ducca, docente de la Universidad Nacional de Tucumán y consultor especializado en malezas; al asesor Arturo Armiñana; y a Gerardo Tolosa y Pablo Angelletti, representantes de UPL Crop Argentina.
Durante la jornada, Sánchez Ducca repasó la evolución de Tithonia tubaeformis en Argentina. Según explicó, la especie ingresó al país en 1956 por Jujuy y posteriormente se expandió hacia diferentes áreas productivas del NOA. En 1983 fue declarada plaga nacional, aunque las medidas implementadas para limitar su dispersión no consiguieron detener su avance.
Con el paso del tiempo, el pasto cubano se transformó en una preocupación para cultivos como caña de azúcar, poroto y maíz, especialmente en regiones donde las condiciones favorecen su desarrollo.
El hallazgo realizado en Córdoba incorporó un elemento nuevo al escenario. Sánchez Ducca recolectó semillas maduras provenientes de plantas ubicadas en esa provincia y posteriormente comprobó que tenían capacidad de germinación.
“Hasta ese momento podía pensarse que las plantas que se observaban en Córdoba eran aportes que llegaban todos los años a través del tránsito o del movimiento de maquinaria. Pero comprobar que esas semillas son viables mostró que la maleza tiene capacidad de multiplicarse allí. Es un dato para estar atentos y aprovechar todo lo aprendido en el NOA antes de que el problema alcance otra magnitud”, señaló el especialista durante el panel, según publicó TodoAgro.
La comprobación modifica la lectura sobre la presencia de la especie en Córdoba. Si las plantas observadas fueran únicamente consecuencia del ingreso de semillas desde otras zonas, el problema tendría una dimensión diferente. La posibilidad de reproducción local plantea, en cambio, la necesidad de intensificar el seguimiento para evitar que aumente su presencia en los lotes.
Para los especialistas, actuar en esta etapa permite utilizar la experiencia acumulada en el NOA y evitar que la maleza alcance niveles de infestación mayores en otras regiones agrícolas.
La dimensión del desafío está directamente relacionada con la biología del pasto cubano. La especie puede alcanzar los siete metros de altura y desarrollar tallos de entre seis y siete centímetros de diámetro. Además, produce una importante cantidad de semillas y puede generar numerosos puntos de crecimiento.
Su comportamiento también dificulta la detección temprana. La planta puede desarrollarse por debajo del cultivo en busca de luz y acelerar su crecimiento cuando encuentra condiciones favorables.
Sánchez Ducca explicó la magnitud del problema con especial referencia a la caña de azúcar.
“Es una maleza anual que puede llegar a medir siete metros y formar macizos compactos. La caña tiene una muy buena capacidad competitiva y, aun así, en nuestros ensayos observamos pérdidas superiores al 40%. Tiene además una gran producción de semillas y numerosos puntos de crecimiento. Es una maleza realmente complicada”, sostuvo, de acuerdo con TodoAgro.
La capacidad competitiva resulta especialmente relevante porque la caña de azúcar es un cultivo que puede generar una importante cobertura vegetal. Aun así, la presencia de pasto cubano puede provocar pérdidas cuando consigue desarrollarse y acceder a la radiación necesaria para continuar creciendo.
La problemática también fue abordada desde una perspectiva económica y productiva. El asesor Arturo Armiñana presentó durante el encuentro un caso registrado en un establecimiento agrícola donde la presencia de pasto cubano tuvo consecuencias concretas sobre el rendimiento del maíz.
El lote analizado tenía 204 hectáreas, de las cuales 16 estaban afectadas por la maleza. En esas superficies se registraron rendimientos aproximadamente 1.500 kilos por hectárea inferiores respecto del resto del lote, aun cuando se habían realizado tratamientos con herbicidas.
El dato muestra que el impacto no se limita a la dificultad de controlar la especie. Cuando logra establecerse dentro del cultivo, puede traducirse directamente en una reducción de la producción.
Armiñana también puso el foco en la velocidad con la que el problema puede agravarse. “Uno muchas veces no dimensiona el problema que significa el pasto cubano hasta que lo tiene dentro del lote. En caña, cuando el problema se hace evidente, muchas veces ya es demasiado tarde”, advirtió, según la cobertura de TodoAgro.
Por esa razón, el monitoreo temprano aparece como uno de los componentes centrales de cualquier estrategia de manejo. Detectar las plantas antes de que alcancen un desarrollo avanzado permite tomar decisiones con mayor margen de acción.
Los especialistas coincidieron en que el manejo del pasto cubano no debería depender de una única aplicación. La estrategia recomendada parte de la prevención, continúa con el monitoreo de los lotes y combina diferentes herramientas de control.
Entre las alternativas disponibles se encuentra Dinamic 70 WG, un herbicida preemergente de UPL Crop Argentina cuyo principio activo es Amicarbazone al 70%. Durante el congreso se presentaron experiencias de uso en caña de azúcar que mostraron niveles elevados de control, incluso bajo condiciones de alta presión de la maleza.
La aplicación de herramientas preemergentes busca reducir la aparición inicial de plantas y limitar el establecimiento de la especie dentro del lote. Sin embargo, el seguimiento posterior continúa siendo necesario porque las condiciones ambientales y productivas pueden modificar la respuesta del cultivo y de las malezas.
Armiñana resumió los resultados obtenidos en una campaña caracterizada por un volumen elevado de precipitaciones. “Pasamos de tener un problema muy grave en caña a encontrar una solución de manejo realmente consistente. Incluso en una campaña con lluvias extraordinariamente altas, los resultados fueron muy buenos”, relató durante la presentación, según TodoAgro.
El enfoque, por lo tanto, apunta a combinar herramientas preventivas y postemergentes, junto con un seguimiento permanente del estado de los cultivos.
En el marco de la jornada, UPL Crop Argentina presentó Karobiz, un nuevo herbicida postemergente selectivo para caña de azúcar y maíz basado en Topramezone.
Según la información difundida durante el encuentro, el producto busca ampliar las alternativas disponibles para el manejo del pasto cubano y de otras malezas relevantes en ambos cultivos. Entre las especies mencionadas se encuentran echinochloa, digitaria, eleusine, yuyo colorado, crucíferas y tupulo.
La incorporación de una herramienta postemergente permite complementar el control iniciado antes de la emergencia del cultivo o de las malezas. El objetivo es disponer de alternativas para aquellos casos en los que el monitoreo detecte plantas que hayan logrado establecerse.
La diversificación de herramientas también aparece vinculada con la necesidad de reducir el riesgo de resistencia a herbicidas y mejorar el manejo de poblaciones que presentan dificultades frente a determinados principios activos.
Gerardo Tolosa y Pablo Angelletti, de UPL, destacaron la necesidad de intervenir de manera anticipada ante la expansión de la especie. Según señalaron a TodoAgro, la presencia de plantas con semillas viables en Córdoba constituye una señal que obliga a prestar atención más allá de las zonas donde actualmente se concentran los principales daños.
El caso del pasto cubano muestra cómo una maleza que durante décadas estuvo asociada principalmente con determinadas regiones puede ampliar su área de incidencia y generar nuevos desafíos para la agricultura.
Su capacidad para producir gran cantidad de semillas, crecer rápidamente y formar estructuras de gran tamaño aumenta las dificultades de control una vez que consigue instalarse en los lotes. Por eso, la detección temprana se presenta como una herramienta clave.
La experiencia acumulada en el NOA constituye, en ese sentido, una referencia para otras regiones. El conocimiento sobre el comportamiento de la especie, las alternativas de control y los momentos de intervención puede ayudar a evitar que los nuevos focos evolucionen hacia problemas de mayor escala.
La conclusión del panel realizado en Córdoba fue que el manejo debe comenzar antes de que la maleza alcance una situación difícil de revertir. Para ello, los especialistas plantearon la necesidad de combinar prevención, monitoreo, control preemergente y herramientas postemergentes.
El hallazgo de semillas viables en Córdoba agregó un nuevo motivo de alerta. La discusión dejó de centrarse únicamente en las zonas donde el pasto cubano ya provoca pérdidas y comenzó a incorporar el riesgo de que la especie pueda establecerse en otros territorios productivos.
Frente a ese escenario, la estrategia propuesta durante la MECA 2026 apunta a actuar con anticipación y evitar que el crecimiento de la maleza supere la capacidad de respuesta de los productores. La experiencia del NOA y la incorporación de nuevas herramientas de control serán elementos centrales para enfrentar una especie que, por su tamaño, capacidad reproductiva y competencia con los cultivos, ya representa un desafío relevante para la producción agrícola argentina.