Forraje de calidad: la herramienta que puede definir el rendimiento del rodeo lechero

La nutrición de precisión pone el foco en el manejo del alimento, la digestibilidad y la estabilidad ruminal para sostener la producción.

Forraje de calidad: la herramienta que puede definir el rendimiento del rodeo lechero
lunes 21 de septiembre de 2026 - 15:07

El manejo del forraje de calidad se convirtió en uno de los puntos centrales para mejorar la eficiencia del negocio lechero, porque la forma en que se cosecha, almacena, prepara y distribuye el alimento tiene impacto directo sobre el consumo de materia seca, la fermentación ruminal y, en consecuencia, sobre la producción de leche. El planteo fue realizado por la especialista en nutrición de vacas lecheras Amélie Mainville, quien compartió sus experiencias y recomendaciones sobre alimentación de precisión para rodeos de alta producción, con especial atención en el manejo de la ración, la participación del maíz y la necesidad de ofrecer un alimento homogéneo y estable.

La exposición, publicada por TodoAgro el 21 de septiembre de 2026, puso el foco en una premisa sencilla: las vacas necesitan consistencia en la alimentación. Para alcanzar ese objetivo, el trabajo comienza mucho antes de que la comida llegue al comedero. La calidad del forraje depende de decisiones tomadas durante la cosecha, el almacenamiento, la preparación de la ración y su posterior distribución.

Mainville planteó que los equipos responsables de la alimentación deben controlar tanto las características físicas del alimento como su composición y conservación. La uniformidad de la ración es especialmente importante cuando se trabaja con sistemas de alta producción, donde pequeñas modificaciones en la dieta pueden repercutir sobre el consumo y el funcionamiento del rumen.

El tamaño de partícula y la preparación de la ración

Entre las herramientas mencionadas durante la presentación aparece la caja de partículas Penn State, un sistema de tamices superpuestos utilizado para determinar el tamaño y la distribución física de las partículas que componen la ración.

El objetivo es comprobar si el alimento presenta una estructura adecuada y si la mezcla mantiene una distribución homogénea de los distintos componentes. La longitud del picado del forraje también forma parte de este control, ya que influye sobre la forma en que el animal consume y procesa la ración.

Otro de los instrumentos mencionados es la auditoría Diamond V TMR, orientada a revisar diferentes etapas del proceso de alimentación.

La auditoría contempla el almacenamiento de los ingredientes, el modo en que se conservan antes de ingresar a la mezcla y la precisión con la que se pesan y cargan los distintos componentes en el carro mezclador.

También se analiza el proceso de mezcla, incluido el funcionamiento y el tiempo de operación del carro unifeed. Finalmente, se observa cómo se presenta y distribuye la ración en los comederos.

La finalidad es que los animales reciban una alimentación lo más homogénea posible y que las diferencias entre un lote y otro se reduzcan al mínimo.

Energía ruminal y consumo de materia seca

Uno de los conceptos centrales de la exposición fue la relación entre energía ruminal, consumo de materia seca y producción de leche.

El consumo de materia seca, conocido como DMI por sus siglas en inglés, representa la cantidad de alimento que consume el animal descontando su contenido de agua. Ese consumo constituye una fuente fundamental de nutrientes y energía para sostener la producción.

La estrategia nutricional busca entonces maximizar el aprovechamiento de los componentes de la dieta dentro del rumen.

En este punto, Mainville planteó tres grupos de componentes que tienen un papel importante en la alimentación: almidón, fibra y azúcares.

El almidón constituye una fuente relevante de energía en las dietas para vacas en lactancia. Según el material presentado, puede representar aproximadamente entre el 20% y el 35% de la materia seca de la ración, dependiendo del sistema de alimentación y de los objetivos productivos.

La fermentación de los carbohidratos en el rumen genera ácidos grasos volátiles que son utilizados por el animal como fuente de energía. Entre ellos aparece el propionato, asociado a procesos metabólicos relacionados con la producción de glucosa y lactosa.

La fibra, por su parte, cumple una función fundamental en la actividad ruminal. La fracción de fibra detergente neutro digestible, conocida como dNDF, es degradada por los microorganismos del rumen y contribuye a la producción de ácidos grasos volátiles, entre ellos el acetato.

Los azúcares constituyen otra fuente de energía de rápida disponibilidad para los microorganismos ruminales. Su presencia puede favorecer la fermentación y contribuir a que los microorganismos utilicen con mayor eficiencia determinados nutrientes disponibles en el rumen.

Digestibilidad y calidad del ensilaje

La calidad del forraje también depende de lo que ocurre durante la cosecha y el almacenamiento.

Uno de los puntos señalados por la especialista fue la necesidad de prestar atención a la altura de corte para evitar la incorporación de tierra, polvo o cenizas al material que posteriormente será utilizado para alimentar a las vacas.

El manejo del ensilaje constituye otra etapa crítica. Una vez almacenado el material, el contacto con el oxígeno puede favorecer procesos de deterioro y pérdida de calidad.

Por eso, la administración diaria de la cara del silo requiere controles específicos. El llamado face management busca limitar la exposición del material al aire, reducir el deterioro aeróbico y mantener una calidad nutricional uniforme.

Mainville también puso énfasis en la observación cotidiana del alimento. El aspecto, el color y la aireación pueden ofrecer señales sobre el estado de conservación del forraje y ayudar a detectar problemas antes de que afecten al rodeo.

Otro indicador mencionado es el OMDI, o índice de digestibilidad de la materia orgánica. Este parámetro permite estimar qué proporción de la materia orgánica consumida por el animal es efectivamente digerida y aprovechada.

La digestibilidad es especialmente relevante porque no alcanza con conocer cuánto alimento se ofrece. También es necesario determinar cuánto de ese alimento puede ser utilizado por el animal.

El equilibrio entre fibra y consumo

En las vacas lecheras en lactancia, la concentración de fibra detergente neutro (NDF o FDN) constituye otro de los parámetros que deben ser controlados.

El material presentado ubica como referencia general un nivel de FDN de entre 28% y 35% de la materia seca de la ración total, con una participación específica de fibra efectiva proveniente de los forrajes.

La FDN representa componentes estructurales de la pared celular vegetal, entre ellos celulosa, hemicelulosa y lignina.

Una concentración elevada de fibra puede aumentar el tiempo de permanencia del alimento en el rumen y limitar el consumo de materia seca por un efecto de llenado. Pero una dieta con una cantidad insuficiente de fibra efectiva también puede afectar el funcionamiento ruminal.

El desafío nutricional consiste, por lo tanto, en encontrar un equilibrio entre energía, digestibilidad, fibra y consumo.

TMR, PMR y alimentación de precisión

La presentación también diferenció dos estrategias habituales de alimentación: TMR y PMR.

La TMR, o Ración Total Mezclada, combina forrajes, concentrados, minerales y vitaminas en una única mezcla destinada al rodeo. La finalidad es reducir la posibilidad de selección de determinados ingredientes y lograr que cada bocado tenga una composición nutricional similar.

La PMR, o Ración Mixta Parcial, utiliza una mezcla base para el grupo de animales y complementa la alimentación de determinadas vacas con concentrados suministrados individualmente.

Este sistema puede utilizarse en establecimientos que cuentan con estaciones automatizadas o robots de ordeño, donde la cantidad de alimento adicional puede ajustarse según los requerimientos de cada animal.

Mainville recomendó preparar a las vacas antes del inicio de la lactancia para facilitar la adaptación a este sistema. Según el material difundido por TodoAgro, la estrategia consiste en comenzar con PMR entre tres días y una semana antes del parto y preparar progresivamente el alimento destinado al robot.

La intención es que la vaca conozca la estación de alimentación antes del momento de mayor exigencia metabólica y productiva.

El concepto de “chase the pellet”

Uno de los conceptos presentados fue el denominado “chase the pellet”, aplicado a los sistemas de alimentación automatizada.

La idea consiste en que la asignación de alimento se adapte al incremento de las necesidades energéticas de la vaca durante el avance de la curva de lactancia. En lugar de esperar a que aumente la producción para incrementar posteriormente la cantidad de alimento, el sistema busca acompañar anticipadamente la demanda energética.

En los rodeos de alta producción, esta estrategia requiere protocolos específicos para las vacas frescas, aquellas que se encuentran en los primeros días posteriores al parto.

La alimentación debe complementarse con un manejo adecuado del transporte, la salud de las pezuñas y las condiciones ambientales. Estos factores pueden influir sobre la capacidad de la vaca para acceder al alimento y consumir la cantidad necesaria.

Una vaca que no alcanza su asignación de alimento puede quedar expuesta a un desbalance entre sus necesidades y el consumo efectivo. Por eso, el seguimiento durante las primeras etapas de lactancia resulta fundamental.

El planteo de Mainville coloca nuevamente al forraje en el centro de la estrategia. La genética, la tecnología y los sistemas automatizados pueden ampliar el potencial productivo, pero el resultado final depende de que el animal reciba una dieta estable, digestible y correctamente preparada.

Para el negocio lechero, mejorar el manejo del alimento no implica únicamente producir más leche. También supone reducir pérdidas, controlar la calidad de los insumos y lograr que cada kilo de materia seca consumido sea aprovechado de manera eficiente.

La conclusión de la especialista apunta, en definitiva, a una cuestión de manejo: la productividad comienza mucho antes del comedero. Desde el momento del corte del forraje hasta su almacenamiento, mezcla y distribución, cada etapa puede afectar el valor nutricional de la dieta y el desempeño del rodeo.

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