La carne argentina en Alemania mantiene una reputación favorable por su sabor y terneza, aunque la aplicación del reglamento europeo contra la deforestación genera dudas operativas entre los importadores. En la feria SIAL de París, el 22 de octubre de 2026, los empresarios Andreas Rieck, de Meet 2000, y Markus Wagner, de Alexander Ekle GmbH, explicaron a Bichos de Campo las oportunidades comerciales y los obstáculos que enfrentan.
Rieck recordó que la reputación del producto argentino se remonta a fines de la década de 1960 y comienzos de la de 1970. Entre los atributos que más valoran los consumidores alemanes mencionó “el sabor y la terneza”. También señaló que el marmoleo ganó relevancia en los últimos años, aunque consideró que la carne argentina es “perfecta tal como es”.
Wagner, por su parte, afirmó que su compañía importa exclusivamente carne argentina y que no compra producto de Brasil ni de Uruguay. “Siempre consideramos que es una de las mejores carnes del mundo”, sostuvo. A su juicio, la demanda europea seguirá firme porque el continente dispone de una cantidad limitada de ganado y necesita complementar su abastecimiento con importaciones.
Estas apreciaciones se producen en un contexto en el que los exportadores argentinos buscan sostener y ampliar su acceso a mercados de alto valor. Para los compradores consultados, la calidad sigue siendo un atributo diferencial, pero la capacidad de documentar el origen de la hacienda adquiere un peso cada vez mayor en las decisiones comerciales.
El eje de las conversaciones fue el reglamento europeo contra la deforestación y la plataforma VISEC Carne, desarrollada en la Argentina para reunir información de trazabilidad. Wagner valoró la herramienta: “La plataforma es excelente. Lo que VISEC pone a disposición está muy bien”. Explicó que permite a los importadores descargar y visualizar datos, con el objetivo de avanzar hacia una cadena de suministro más transparente.
Sin embargo, advirtió que todavía es necesario convencer a más productores para que aporten la información de sus establecimientos y delimiten los polígonos de sus campos. “También en Alemania sería difícil conseguir que los productores muestren sus tierras. Hace falta todavía un poco de trabajo de convencimiento”, señaló.
Para Wagner, la disponibilidad de esos datos puede convertirse en una ventaja competitiva. “Los países que puedan proporcionar estos datos tendrán una posición privilegiada. Los que no puedan hacerlo quedarán afuera”, advirtió. También planteó que la trazabilidad podría repercutir en los precios al generar valor para los proveedores que acrediten el origen de la producción. No obstante, puso en duda que la norma, por sí sola, logre reducir efectivamente la deforestación.
Rieck destacó el esfuerzo argentino para responder a los requisitos, pero identificó dificultades en la implementación informática europea. “Recibimos la información correcta de VISEC, pero hay algunos errores en el sistema que impiden trasladarla adecuadamente a nuestra plataforma”, explicó. Según su descripción, las complicaciones aparecen cuando los datos deben incorporarse a las herramientas de las autoridades europeas, que procesan información de distintas cadenas de productos.
El importador se mostró confiado en que el problema pueda resolverse: “Si tenemos la información que necesitamos y el problema está en su sistema informático, no es nuestra culpa. Encontraremos una solución con nuestro gobierno”, afirmó.
El panorama combina, así, una valoración positiva del producto argentino con una exigencia concreta: contar con datos completos y compatibles con los sistemas de control del mercado europeo. Para los importadores consultados, la reputación de la carne abre oportunidades, pero la continuidad del negocio dependerá también de la capacidad de demostrar el origen y de resolver los obstáculos técnicos de la implementación.