INTA impulsa el mejoramiento genético de la alfalfa

El programa de Manfredi combina selección convencional, edición génica y datos ambientales para desarrollar variedades adaptadas a distintos escenarios productivos

INTA impulsa el mejoramiento genético de la alfalfa
miércoles 28 de octubre de 2026 - 18:00

El mejoramiento genético de alfalfa es una de las líneas de trabajo que el INTA desarrolla para fortalecer la productividad y la resiliencia de los sistemas forrajeros. Ariel Odorizzi, director del INTA Manfredi, presentó avances del programa durante la Conferencia Académica Internacional sobre Bienestar Agrícola 2026, organizada por organismos agrícolas y científicos de Shandong, China.

La exposición abordó el papel de la alfalfa más allá de su uso como forraje. La especie aporta proteína de alta calidad, fijación biológica de nitrógeno, cobertura permanente y raíces profundas que exploran agua y nutrientes. También contribuye a proteger la estructura del suelo, favorecer el ciclado de nutrientes y capturar carbono mediante la producción de biomasa.

“El mejoramiento genético tiene el poder de influir en el desempeño y la resiliencia de todo el sistema productivo”, afirmó Odorizzi. El objetivo del programa es desarrollar materiales que sostengan rendimiento, persistencia y adaptación frente a ambientes y condiciones climáticas diferentes.

Selección convencional y cooperación entre unidades del INTA

El programa de Manfredi cuenta con décadas de trayectoria y trabaja mediante mejoramiento convencional sobre variables como producción, persistencia y resistencia combinada a plagas y enfermedades. En paralelo, coordina investigaciones con otras unidades del organismo para responder a limitantes ambientales específicas.

Con el INTA Santiago del Estero se evalúan materiales frente a sequía y salinidad, mientras que con el INTA Rafaela se estudia el comportamiento en condiciones de anegamiento. Equipos de Castelar avanzan en edición génica para explorar características vinculadas con tolerancia a sequía, floración y resistencia a herbicidas.

El desplazamiento de la alfalfa hacia ambientes más marginales también influye en los objetivos de selección. “Estos objetivos cobraron mayor relevancia con el avance de la frontera agrícola sobre zonas tradicionalmente ganaderas. Como consecuencia, la alfalfa se fue desplazando hacia ambientes más marginales”, explicó Odorizzi.

El programa evalúa alrededor de 40 poblaciones experimentales. Desde la selección inicial hasta la obtención de una variedad comercial pueden transcurrir entre ocho y doce años, debido a las sucesivas pruebas de rendimiento, persistencia y adaptación. Desde 1970, el INTA Manfredi desarrolló cerca de 20 variedades.

Vinculación público-privada para llegar al productor

Una parte del trabajo se realiza mediante acuerdos de vinculación tecnológica con empresas privadas. El INTA Manfredi trabaja con Palo Verde desde hace aproximadamente 30 años, bajo un esquema en el que el organismo genera y selecciona los materiales y la compañía se ocupa de multiplicarlos y comercializarlos. En el marco de esa articulación se registraron seis variedades.

“Nosotros hacemos la generación genética de las variedades y después la empresa se ocupa de multiplicarlas y comercializarlas”, explicó el investigador. La cooperación conecta la investigación con las etapas necesarias para que los materiales lleguen al mercado, aunque cada variedad requiere completar sus evaluaciones y procesos de registro.

Enviromics: integrar genética, plantas y ambiente

Entre las herramientas presentadas se encuentra la enviromics, un enfoque que incorpora información ambiental para caracterizar los sitios de evaluación y comprender la interacción entre genética y entorno. Se combina información genómica con datos fenotípicos, imágenes satelitales, registros obtenidos mediante drones y sistemas de fenotipado de alto caudal.

El análisis también puede sumar series ambientales de largo plazo, como datos de temperatura y disponibilidad de agua. Al cruzar esa información con resultados de rendimiento, persistencia y respuesta frente a plagas, enfermedades y estrés, los investigadores buscan identificar materiales con mejor adaptación a condiciones concretas.

Estas tecnologías no reemplazan el mejoramiento convencional, sino que lo complementan para orientar con mayor precisión la selección. El propósito es desarrollar variedades capaces de mantener su desempeño en sistemas productivos expuestos a mayor variabilidad ambiental. “El mejoramiento genético no se trata solo de producir mejores plantas. Se trata de diseñar sistemas agrícolas más resilientes”, concluyó Odorizzi.

 

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