La rosa mosqueta en los mallines ganaderos de la Patagonia representa un problema creciente para los productores de Neuquén y Río Negro. Ante el avance de este arbusto invasor, ganaderos de la región analizan el uso de drones para realizar aplicaciones focalizadas de fitosanitarios y proteger las superficies de pastoreo. La alternativa fue expuesta por Leandro Pisano, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue, durante una charla técnica en la Sociedad Rural de Neuquén,segun publico LMNeuquen el 4 de noviembre 2026
El problema radica en la capacidad de expansión de la especie, identificada como Rosa rubiginosa, que forma agrupaciones densas y dificulta el acceso del ganado a los mallines. Estos ambientes húmedos constituyen un recurso forrajero de importancia para la producción ganadera de la región cordillerana.
La propuesta tecnológica busca evitar algunas de las dificultades de los métodos mecánicos de remoción y permitir intervenciones más precisas sobre los sectores afectados.
La expansión de la rosa mosqueta preocupa a los productores porque sus plantas forman estructuras arbustivas cada vez más densas. Cuando las copas se cierran, los animales encuentran dificultades para ingresar a las áreas de pastoreo.
La especie se reproduce mediante semillas y también por fragmentos vegetales. Una de las vías de dispersión son los propios animales, que consumen sus frutos y distribuyen las semillas a través de sus deposiciones.
En la cordillera neuquina, algunos productores recurrieron a métodos mecánicos para remover las plantas, incluso mediante maquinaria pesada. Sin embargo, la utilización de herramientas que desprenden ramas o fragmentos puede favorecer nuevas formas de propagación.
La situación también afecta a Río Negro. En la zona ganadera de El Manso, ubicada entre Bariloche y El Bolsón, el avance del arbusto condiciona superficies destinadas al pastoreo.
En Neuquén se reportan focos desde Villa La Angostura y también en sectores de Chos Malal.
Durante la exposición técnica, Pisano presentó el uso de drones como una alternativa para realizar tratamientos focalizados sobre las áreas invadidas.
La propuesta contempla una primera etapa de reconocimiento y mapeo de los sectores afectados, para identificar dónde se concentran los focos de mayor densidad.
A partir de esa información, los equipos pueden programarse para trabajar sobre coordenadas determinadas y realizar aplicaciones en superficies delimitadas.
El objetivo es reducir las intervenciones indiscriminadas y concentrar los tratamientos en los sectores donde la presencia del arbusto compromete el aprovechamiento ganadero.
La referencia económica mencionada durante la charla corresponde al Alto Valle, donde el costo operativo de un dron profesional para aplicaciones se ubicaba en US$ 45 por hectárea, equivalentes a $68.000 según la cotización informada en la fuente.
El artículo señala que esos equipos se operan durante la noche. Se trata de una referencia regional y no de un presupuesto aplicable automáticamente a los establecimientos ganaderos de la cordillera.
Durante el encuentro, Pisano destacó que la utilización de drones requiere planificación y conocimiento de las condiciones ambientales y del producto aplicado.
Entre los aspectos mencionados se encuentran:
Mapeo previo: identificar los sectores afectados antes de programar las intervenciones.
Altura de operación: considerar la deriva del viento para evitar que el producto alcance áreas no deseadas.
Condiciones de aplicación: evaluar la densidad de las gotas y la calidad del agua utilizada en la preparación.
Pronóstico meteorológico: trabajar con información climática precisa para planificar las aplicaciones.
Estado fenológico: identificar el momento adecuado de intervención según el desarrollo de la planta.
El especialista señaló que el tratamiento debe realizarse antes de la floración de la rosa mosqueta. También advirtió que las condiciones de baja humedad y altas temperaturas pueden reducir la absorción de los productos por parte de las plantas.
Estos criterios deben integrarse en un plan de manejo que contemple las características de cada establecimiento y las condiciones de aplicación autorizadas.
La importancia del problema también se refleja en la superficie de estos ambientes productivos. Según un relevamiento del Consejo Federal de Inversiones (CFI), publicado bajo el título Estudio de mallines en el oeste neuquino, Neuquén cuenta con aproximadamente 160.000 hectáreas de mallines.
Los departamentos con mayor concentración de estas superficies son:
Ñorquín.
Huiliches.
Minas.
Loncopué.
Picunches.
Estos ambientes húmedos tienen un papel relevante en los sistemas ganaderos de la región, ya que aportan recursos forrajeros y agua para los animales.
La pérdida de superficie accesible por el avance de la rosa mosqueta representa, por lo tanto, una limitación para el aprovechamiento productivo de los establecimientos.
Otro de los interrogantes planteados por los productores durante la charla fue la conveniencia de adquirir equipos propios para realizar las aplicaciones.
La referencia de costos del Alto Valle muestra que el uso de drones profesionales implica una inversión operativa que debe evaluarse en función de la superficie afectada y la frecuencia de los tratamientos.
A esto se suma la necesidad de contar con operadores capacitados. La nota señala que la cantidad de drones operativos en el país pasó de aproximadamente 90 equipos a casi 4.000, con un crecimiento importante de su utilización en actividades agrícolas.
También menciona dificultades para acceder a cursos de formación de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), debido a la demanda de capacitación.
El desafío para los productores no consiste solamente en disponer de un equipo, sino también en contar con conocimientos técnicos para planificar las aplicaciones y evitar efectos no deseados.
La discusión sobre el control de la rosa mosqueta pone en primer plano la importancia de conservar los mallines como recurso forrajero de los establecimientos ganaderos patagónicos.
La incorporación de drones podría facilitar intervenciones más precisas sobre los sectores afectados, aunque su utilización requiere planificación, capacitación y evaluación de las condiciones particulares de cada campo.
Para los productores de Neuquén y Río Negro, el objetivo es evitar que la expansión del arbusto continúe reduciendo las superficies disponibles para el pastoreo.
La experiencia presentada por Leandro Pisano abrió una alternativa tecnológica para abordar un problema que compromete tanto el aprovechamiento ganadero como la conservación de estos ambientes productivos.