ormalmente, al abrir un yogur tiramos la capa de líquido que contiene en la superficie pensando que se debe a que se encuentra en mal estado o no se ha realizado de la forma apropiada su transporte y conservación en los establecimientos de venta. Es un error. En realidad es algo normal que se produce durante el proceso de fabricación del yogur y otros productos lácteos.
El yogur se compone principalmente de agua, pero también tiene potasio, además de proteínas como la alfa-lactoglobulina y la beta-lactoglobulina, con un alto valor biológico. Es también rico en calcio y fósforo, minerales que intervienen en la asimilación del calcio que necesita nuestro organismo, sobre todo para la formación y el mantenimiento de los huesos.
Lo ideal para aprovechar sus beneficios es agitar el envase antes de abrirlo para que se mezcle con la parte más cremosa y formen un todo. Este suero tiene considerables beneficios nutricionales. Al mezclarlo con el resto del yogur, éste resulta más cremoso.
Sin embargo, este error habitual ha representado durante mucho tiempo un inconveniente para la industria, que no sabía qué hacer con los excedentes de esa sustancia que, además, es muy contaminante. Para tener una idea, con 10 litros de leche se obtiene un kilo de queso y 9 litros de suero.
Actualmente se utiliza, una vez pasteurizado y secado, para elaborar suplementos alimenticios para deportistas, embutidos, en panadería y repostería, salsas, alimentación infantil y bebidas.