a cadena agroalimentaria es un sector clave de la economía argentina, no solo por su contribución a la generación de divisas, sino también por proveer de alimentos a más de 44 millones de argentinos.
A nivel local, podemos aventurar algunas tendencias sobre impacto del COVID-19 sobre la oferta y demanda de alimentos. Compartimos los alcances que tiene la pandemia en la cadena agroalimentaria doméstica.
Por el lado de la demanda, “del total de gasto de los hogares, el 22,7% se destina a consumo de alimentos y bebidas en el hogar, y el 6% a consumo en restaurantes y comidas fuera del hogar”, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares. Este último sector se ha visto afectado de manera transitoria por las restricciones inmediatas de la cuarentena y, seguramente, también en el mediano plazo debido a la recesión y la caída de los ingresos.
Las demandas a nivel mayorista también se verán afectadas, con impactos sobre los precios y márgenes de comercialización. Es probable que se observe una mayor variabilidad y cambios en precios relativos de alimentos mientras se producen los ajustes en los consumos finales de los hogares.
Por el lado de la oferta, el impacto del virus sobre el sector productor depende de la intensidad de uso del factor trabajo. No menos del 40% del valor de la producción agrícola argentina se origina en los cultivos de soja, maíz, girasol y trigo.
A nivel de producción primaria, dichos cultivos se caracterizan por utilizar poco trabajo (relación tierra/capital). Las posibilidades de mantener la producción respetando un adecuado distanciamiento social son altas y los procesos agroindustriales asociados a estas producciones son capital-intensivos.
Sin embargo, en el caso de la ganadería vacuna (18 % del valor de la producción) también se utiliza poco trabajo en su faceta de producción, pero es intensiva en las etapas de procesamiento, distribución y comercialización. Estas últimas serán más susceptibles a sentir al impacto de las restricciones.
La situación de la producción tambera resulta un poco más compleja. Es más intensiva en trabajo que los sectores anteriores, lo cual aumenta las posibilidades de contagio: las vacas deben ser diariamente ordeñadas, lo cual implica que una interrupción –aún transitoria– en la fuerza laboral por contagio tendría serios impactos sobre la productividad futura del rodeo.
De persistir en el tiempo la pandemia, pueden presentarse mayores dificultades en producciones con trabajo intensivo, como frutales y hortalizas. Éstas se caracterizan por una alta relación entre trabajo y los demás factores de producción, como también por el uso de mano de obra estacional, proveniente de diversas regiones del país. En la actual situación, esta movilidad se ve seriamente comprometida.
Las etapas de procesamiento, almacenaje, distribución y comercio también sienten el impacto de forma marcada. En las mismas, resulta más difícil mantener el distanciamiento social.
El desafío implica aumentar la eficiencia de esta cadena, incorporando tecnología, reduciendo costos de transacción y permitiendo el rápido ajuste a las nuevas condiciones de demanda y oferta.
En este sentido, las decisiones del Gobierno deben cumplir un rol clave para facilitar el trabajo de los emprendedores y pymes, reduciendo al mínimo trabas que limiten su acción.