ntre los amantes del queso siempre ha surgido un interrogante: ¿cuál es la mejor manera de almacenarlo? Carol Johnson, de Mongers Palate en Brooklyn (EE.UU.), dedica gran parte de su día a educar a los consumidores sobre cómo cuidar, servir y comer adecuadamente los quesos finos que vende.
Para que este producto lácteo mantenga su integridad de sabor y textura durante el mayor tiempo posible, es necesario evitar lo que para Johnson son los tres errores más grandes que cometen las personas al almacenar sus quesos.
En primer lugar, señala que se debe evitar envolver el queso en plástico o material no poroso. “Si bien los vendedores de queso generalmente envuelven los quesos que exhiben en plástico, evite hacer esto en casa”, remarca Johnson, a la vez que explica que los vendedores lo hacen para poder exhibir el queso que venden y los revisan lo suficientemente rápido como para que el plástico rara vez imparta sabor al producto.
“Lo que funciona mejor es envolverlo en algún tipo de material poroso”, recomienda. “El queso es algo vivo, por lo que debes envolverlo en algo que sea transpirable”, afirma. Además, la envoltura de plástico puede darle al queso un sabor a plástico. “Ese es el problema con una gran cantidad de queso precortado envuelto en plástico: adquiere los sabores del plástico y la bacteria comienza a morir”, asegura. Por lo tanto, recomienda usar papel de queso, papel de carnicero o papel encerado.
En segundo lugar, el especialista sostiene que no se debe almacenar el queso en la parte más fría del refrigerador. Es importante conocer el lugar más seguro para almacenar queso en la heladera: el cajón de productos.
“El frío ralentiza la maduración del queso y el flujo de aire puede secarlo bastante rápido. Al queso le gusta una cierta cantidad de humedad y estar más caliente”, dice Johnson. En este sentido, remarca que los quesos duros se pueden almacenar fuera de la heladera durante mucho tiempo.
Por último, el último error que destaca Johnson es “no usar una capa adicional de protección”. Él recomienda colocar el queso que ha envuelto en papel en otro recipiente para mayor protección, ya sea un tupper con agujeros perforados o una bolsa de plástico con agujeros. “Los agujeros son clave, ya que el queso es algo vivo”, afirma.