uchos trabajadores agrícolas inmigrantes llevan años desempeñando una ardua labor, temiendo, en todo momento, perder su sustento diario porque están ilegalmente en Estados Unidos. Pero la pandemia de coronavirus les ha dado algo de respiro: el gobierno estadounidense determinó que su trabajo es “esencial” para el país.
Tal es el caso de Nancy Silva, quien ha pasado gran parte de su vida en EE.UU. evadiendo a las agencias de imposición de la ley, pero ahora tiene una carta declarando que el Departamento de Seguridad Nacional la considera “crítica para la cadena de suministro de alimentos”. “Es como si de repente se dieran cuenta de que estamos aquí contribuyendo”, comentó la inmigrante mexicana de 43 años.
La gran mayoría de las personas que cosechan los alimentos en la potencia norteamericana son inmigrantes indocumentados, principalmente de México. A menudo, son padres de niños nacidos en Estados Unidos que han vivido durante años con la nube de la deportación pendiendo sobre sus hogares.
Estas cartas, que muchos ahora llevan encima, no son una salvaguarda de las autoridades de inmigración, que podrían deportar a los indocumentados en cualquier momento.
Sin embargo, las autoridades locales dijeron que las cartas podrían dar a los trabajadores inmigrantes una sensación de seguridad de que no serán arrestados por violar las órdenes de quedarse en casa. El 18 de marzo, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas dijo que “temporalmente ajustará su postura de imposición de la ley” para concentrarse en los inmigrantes indocumentados que representen una amenaza criminal o de seguridad pública.
No obstante, a muchos trabajadores agrícolas les preocupa que las condiciones de trabajo de proximidad en los campos y las instalaciones de empaque los pongan en riesgo de contraer el virus.
“Es triste que se necesite una crisis de salud como esta para subrayar la importancia de los trabajadores del campo”, dijo Héctor Luján, director de Reiter Brothers, una empresa familiar de bayas con sede en California. Él describió a sus miles de trabajadores como héroes anónimos que garantizan seguridad alimentaria.
“Quizás uno de los beneficios de esta crisis es que sean reconocidos y salgan de las sombras”, agregó Luján, cuya compañía ha estado cabildeando a favor de un proyecto de ley que legalizara a los trabajadores agrícolas inmigrantes.
Según el Departamento de Agricultura, aproximadamente la mitad de todos los agricultores en los Estados Unidos, lo que equivale a más de un millón, son indocumentados. Los productores y los contratistas laborales estiman que la proporción se acerca más al 75%.
Aun así, y a pesar del aumento en la mecanización, el sector agrícola padece una escasez de mano de obra, ya que muchas frutas y verduras deben cosecharse a mano para evitar magulladuras. Las operaciones de frutillas en California, los huertos de manzanas en Michigan y las granjas lecheras en Nueva York e Idaho están lidiando con una fuerza laboral cada vez más vieja y pequeña, acciones represivas en la frontera y el fracaso del Congreso para acordar una reforma migratoria que podría proporcionar una fuente constante de mano de obra.
Ante este escenario, los productores recurren cada vez más a un programa estacional de trabajadores invitados, conocido oficialmente como el programa H-2A, para llenar los huecos en su planta laboral. El número de trabajadores con esa visa se disparó a 257.667 en el año fiscal 2019, en comparación con los 48.336 trabajadores registrados en 2005.