n el centro de convenciones de Dinosaurio Mall, de la ciudad de Córdoba, se desarrolló la Jornada de Actualización Técnica y Comercial de Legumbres Secas, organizada por la Cámara de Legumbres de la República Argentina (Clera), donde uno de los temas específicos estuvo relacionado con el cultivo de garbanzo.
Durante el desarrollo de la jornada se hizo foco en los desafíos que tiene el sector para consolidar su crecimiento, fundamentalmente apalancado en el mercado internacional.
Pero también se plantearon las trabas que significaron para la cadena productiva, la reimplantación de las retenciones y la reducción de reintegros, entre otros factores que afectaron al negocio en el último año.
El primer panel estuvo dedicado al cultivo de garbanzo y allí Roberto Peralta, socio de Halcón Monitoreos, moderó una charla-debate brindada por Daniel Mazzarella (Senasa), Laura Britos (asesora del Grupo CREA Capilla de Sitón) y Mercedes Amuchástegui (representante de la firma Tecnocampo).
“Los técnicos trabajamos por separado y está faltando más vinculación con las empresas”.
Los panelistas hicieron foco sobre Límites Máximos de Residuos (LMR) en toda la cadena productiva. El objetivo, según remarcó Peralta, fue “apuntar concretamente a qué es lo que está demandando el mercado de las specialities”.
Por eso, hubo representantes de las tres patas principales que sostienen a la cadena: el organismo de control (Senasa), quienes necesitan y usan las tecnologías (productores) y quienes venden el producto al exterior y conocen de primera mano las necesidades de los mercados (la industria).
“El punto de partida es que no estamos trabajando de forma integral. No están interactuando todas las partes como deberían y estamos en un momento en que el tema de los límites máximos es cada vez más sensible, porque el garbanzo es un producto que va directo a la mesa”, subrayó Peralta.
Desde su punto de vista, por ejemplo, uno de los problemas es que se suelen transpolar a la legumbre las estrategias agronómicas que se siguen para los cultivos extensivos, como la soja; cuando lo que corresponde es un manejo particular y específico para garbanzo.
También mencionó el problema de que en muchos casos los exámenes de los laboratorios locales no suelen encontrar LMR, pero los que se realizan en Europa, a veces sí.
“Es un tema que ya está complicado, y donde no lo está, se va a empezar a complicar. Por eso es que hay que prestar mucha atención y repensar la manera en que estamos produciendo”, continuó Peralta.
Y concluyó: “En general, siempre vamos por detrás de los controles y lo que tenemos que hacer es cambiar eso, haciendo las cosas como son. La biología no entiende de los problemas humanos”.
En este contexto, Mazzarella remarcó que está abierta la posibilidad de enviar información y ensayos al Senasa para que se actualicen los registros de uso de fitosanitarios. Por eso, invitó a los productores y a las empresas que interactúen con el organismo, para acelerar estos procesos.
Amuchástegui, por su parte, llamó a un cambio en las formas de producir. “El 98 por ciento de las legumbres se exportan y como productores estamos poco acostumbrados a saber qué quiere el mercado al que le vendemos”, enfatizó.
Y completó: “Las barreras de los LMR son cada vez más altas. Sin información del productor de qué hace a campo y cómo lo hace, toda la cadena hacia atrás va a hacer complicado que subsista”.
“Como productores estamos poco acostumbrados a saber qué quiere el mercado al que le vendemos”.
Britos, por su parte, reconoció que los técnicos a campo muchas veces utilizan productos registrados para cultivos extensivos pero no para legumbres porque se prioriza la protección de las plantas ante el ataque de malezas, plagas o enfermedades.
También admitió que falta interacción: “Los técnicos trabajamos por separado y está faltando más vinculación con las empresas”.
El ABC Rural