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Coworking: los lugares compartidos para trabajar que ponen en práctica las grandes compañías

A pesar de que trae excelentes beneficios para agilizar el trabajo y fomentar la comunicación, es necesario establecer reglas claras para evitar el desorden

Coworking: los lugares compartidos para trabajar que ponen en práctica las grandes compañías
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ada vez son más las áreas de trabajo en espacios que semejan una reunión de personas en una cafetería. La oficina tradicional está quedando atrás y las nuevas generaciones dan lugar al coworking. Los ambientes abiertos, las mesas comunes, la diversidad de los emprendimientos y empresas que los integran y la presencia de profesionales independientes ya son una postal habitual.

Las últimas estadísticas disponibles sobre los espacios de coworking en la Argentina son del 2017. Para ese momento, había 123 espacios en el país, un avance importante con respecto a los 38 que había en 2014. Un estudio global indica que el fenómeno está en ascenso: la cantidad de escritorios en este tipo de oficinas creció un 20%, por encima del avance de los miembros (10%).

Mientras los espacios de coworking crecen y mutan, se va formando un nuevo estilo de liderazgo que requiere entender bien la flexibilidad y la agilidad que exige un trabajo más colaborativo. “Liderar un equipo en una oficina así tiene que ver con generar lógicas de conexión entre las personas a partir de la responsabilidad incondicional y con la generación de ecosistemas donde lo que importa es el valor que cada uno agrega y no su nivel jerárquico”, explica Alejandro Melamed, director general de Humanize Consulting.

Melamed puede describir este estilo de liderazgo porque él mismo lo ejerce. “En el edificio donde trabajo conviven industrias que no son complementarias a priori, pero en las actividades compartidas nos damos cuenta de cómo una le agrega valor a la otra”, resalta. Este nuevo estilo también incentiva la comunidad horizontal, otra sorpresa entre quienes deben liderar en entornos de coworking.

Valeria Czarnota, directora regional de Recursos Humanos de Almundo, trabaja en las oficinas de WeWork y cuenta que se sorprendió por la cantidad de veces que trabajadores de otras firmas se le acercaron para consultarle si podían acceder a beneficios especiales en viajes o si podían conocer antes que nadie las ofertas para vacacionar.

La lógica descontracturada que reina en los entornos de cotrabajo es “muy sociable y de camaradería”, dice Czarnota, por lo que es muy importante que el líder “sea abierto a relacionarse con los otros”.

También hay espacios para reunirse de manera más formal, como las salas, y otros más descontracturados, como las terrazas o el área de cafetería.

 

Reglas claras, relaciones largas

Sin embargo, un líder tiene que saber poner límites. Gustavo Aguilera, director de Right Management y Capital Humano de ManpowerGroup Argentina, quien también trabaja desde WeWork, contó que cuando recién se mudó junto a otras 120 personas al espacio que hoy es su oficina, tuvo que pensar junto a sus pares una estrategia para establecer reglas de convivencia.

Como la mayoría de los espacios de trabajo son compartidos y rotativos, el orden es importante. Para mantenerlo, la firma ideó un esquema de “semáforo”. Al finalizar cada jornada, se evaluaba cómo había dejado el espacio cada equipo con los colores rojo, amarillo y verde. Así, se empezó a concientizar sobre la importancia de mantener la prolijidad.

Otra cuestión que hay que tener en cuenta es la falta de confidencialidad que tendrá el espacio abierto, en caso de que en la compañía se maneje información sensible.

Aguilera explica que, si bien él y cuatro directores más tienen oficinas privadas dentro de los dos pisos que ocupó la compañía en WeWork, sus espacios se pueden utilizar como salas de reuniones de ser necesario.

Por otro lado, al compartir espacios entre todos, la comunicación se vuelve más fluida, asegura el ejecutivo. Además, resalta que en la firma donde trabaja bajó muchísimo el tráfico de mails, debido a que lo que antes se resolvía por esa vía, hoy se habla cara a cara. Sin embargo, eso también implicó una búsqueda de equilibrio. “Tuvimos que encontrarlo, porque no puedo estar irrumpiendo todo el tiempo en el espacio de trabajo de mis vecinos. Es todo un cambio cultural”, indica.

Se requieren dos estados de ánimo para trabajar en un coworking. El primero es la sociabilidad y el segundo, la concentración. “Son contextos de trabajo distintos que está bien saber coordinar para que nos permitan generar nuevas ideas”, describe Melamed.

Algunos coworking son famosos por ofrecer barras de cerveza, juegos y hasta paredes para escalar para que sus socios se distiendan, pero estos beneficios pueden generar distracciones. Por eso, Aguilera apuesta a la confianza en la responsabilidad de cada colega, pero aclara que el esparcimiento también es parte de la rutina diaria y es necesario. Finalmente, alega: “Hoy se trabaja por objetivos; hay que poner metas con autonomía y sembrar mucha confianza”.



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