l invernadero que un barco de carga transportó del puerto de Hamburgo a la Antártida no es de vidrio, sino un contenedor sin ventanas.
El invernadero es el módulo central del proyecto Eden-ISS. En su marco, los investigadores estudian cómo pueden cultivarse plantas comestibles en desiertos y zonas frías, pero también para futuras misiones espaciales tripuladas. Este invernadero aeropónico también se parece a una estación espacial: los investigadores entran a través de una esclusa a un recinto iluminado con luz violeta y con un circuito de aire cerrado. Ahora deben apurarse para instalar a tiempo el equipamiento interior y los componentes técnicos. “Si sembramos a comienzos de febrero, esperamos poder cultivar los primeros rabanitos y lechugas a fines de marzo”, dice Paul Zabel, del Centro Alemán de Investigaciones Aeroespaciales (DLR). Zabel pasará el invierno en la Antártida y se ocupará del cultivo de verdura.
La aeroponía es una forma de cultivo de plantas sin tierra ni luz solar y sin insecticidas ni pesticidas. Las raíces son rociadas con una mezcla de nutrientes y las hojas son iluminadas con lámparas led. El aire es enriquecido con CO2 y filtros no dejan entrar ni gérmenes ni hongos.
Eden-ISS es un proyecto conjunto del Centro Alemán de Investigaciones Aeroespaciales (DLR) y el Centro de Investigaciones Polares y Marinas del Instituto Alfred Wegener (AWI). Bajo la dirección del DLR trabaja un consorcio internacional de investigación con socios de Irlanda, Canadá, los Países Bajos, Austria, Suecia y Estados Unidos. El proyecto Eden-ISS es financiado con fondos de Horizon 2000, el Programa Marco de Investigación e Innovación de la UE.
El invernadero proporciona verdura fresca a los investigadores e ingenieros, el médico y los cocineros que pasarán el invierno en la base. “Estamos interesados en verificar si la comida fresca tiene efectos psicológicos positivos”, dice Bernhard Gropp, director de la base, perteneciente al AWI.

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