a cuarentena en casi todo el mundo ha llevado a la paralización y, en muchos casos, el cierre de establecimientos gastronómicos. En Estados Unidos, el impacto no alcanza solo a los restaurantes, sino también a muchos de los agricultores que los abastecen. Las diferentes estrategias para transformar la crisis en una oportunidad.
Zaid Kurdieh, propietario de Norwich Meadows Farm en el condado de Chenango (Nueva York, EE.UU.), perdió el 60% de su negocio cuando los restaurantes a los que abastecía cerraron abruptamente. Kurdieh se vio obligado a cambiar el enfoque, pasando de abastecer a restaurantes de alta gama a contemplar un modelo de negocio totalmente diferente. “Normalmente, estoy mirando más lejos en el camino, pero algo puede cambiar dentro de quince minutos que empuja a la granja en una dirección diferente. Hay cero brújulas en la que confiar”, manifiesta.
A pesar de la incertidumbre, decenas de agricultores encuentran nuevas formas de conectarse con los consumidores.
Norwich Meadows Farm está aumentando las ventas de su CSA (por sus siglas en inglés; en castellano significa Agricultura con Apoyo Comunitario), un sistema popular a través del cual los consumidores compran alimentos locales de temporada directamente a los agricultores. Asociado con Our Harvest, una plataforma en línea que conecta a las granjas con los consumidores, Kurdieh entrega cajas de productos en hogares y puntos de recolección en Nueva York.
Por su parte, los greenmarkets de la ciudad de Nueva York están colaborando con la compañía de aplicaciones Fellow Farmer para facilitar los pedidos prepagos y las entregas locales a domicilio. Las historias se repiten en todo el país: aplicaciones, ventas y tiendas en línea se complementan con los servicios de entrega de alimentos.
Dan Honig, propietario de Happy Valley Meat Company, compra animales enteros de pequeñas granjas de Pensilvania y vende los cortes en los mejores restaurantes de Nueva York, Washington DC, Filadelfia y Boston. Como tantos otros, perdió el 80% de su negocio de la noche a la mañana. “Una vez que ocurrió el cierre, muchos de nuestros agricultores se asustaron”, indica Honig.
Inmediatamente, creó una tienda en línea y continúa suministrando a media docena de clientes minoristas. Durante la primera semana posterior a los cierres pudo vender el 70% de la carne que normalmente compra a los granjeros y el 100% la próxima semana. Ahora, la preocupación pasa por lo que sucederá después de que las compras de pánico desaparezcan. “Hay mucha incertidumbre en este momento”, sostiene.
Quizás el mayor desafío que enfrentan los agricultores es tratar de resolver estos problemas en tiempo real. Los agricultores se ven obligados a readaptar rápidamente las estrategias de comercialización, ya sea en línea o para encontrar otros puntos de venta de productos destinados a los restaurantes. “La semana pasada, cuando Oregon Tilth organizó un seminario web sobre plataformas en línea que podrían apoyar el marketing directo para los agricultores, unas 600 personas se registraron en dos días”, resalta Sarah Brown, directora de educación y defensa en Oregon Tilth, una organización agrícola sin fines de lucro sostenible.
Los agricultores también deben lidiar con la nueva realidad del distanciamiento social y el mantenimiento de estándares de seguridad alimentaria y protocolos para proteger tanto a sus trabajadores como a los clientes. A esto se le suma un momento crucial para muchos agricultores: el comienzo de la temporada de siembra y la decisión de qué plantar y cuánto invertir en una agricultura con un futuro incierto.
En medio de esta crisis, un aspecto positivo es el creciente interés de los consumidores por reconectarse con los agricultores y la comida que cultivan. “La comunidad local de alimentos está animada, alentada e inspirada por este interés. Es difícil pensar a largo plazo en este momento porque estamos en medio de esta crisis, pero hay un deseo y una esperanza reales de pensar estratégicamente, mantener este interés más allá de esta crisis y usarlo como una oportunidad para cambiar nuestros sistemas alimentarios”, concluye Brown.