ada vez se hace más evidente la importancia de las abejas en el mundo, ya que éstas, a través de la polinización, potencian la producción de una gran cantidad de alimentos. Por ello es que la apicultura ofrece mucho más que solo la miel.
“La apicultura en su sentido amplio aporta mucho a la economía y a la sociedad. A pesar de la escasa valorización que existe en nuestro país, el rol de las abejas es fundamental en la polinización de muchos cultivos y en los servicios ambientales”, resalta la ingeniera Alejandra Palacio, de la Unidad Integrada INTA-FCA Balcarce, quien es coordinadora del Programa Apícola (PROAPI).
Aunque normalmente las personas asocien a las abejas con la miel, la realidad es que su trabajo va mucho más allá: potencian la producción de una gran cantidad de alimentos, como manzanas, peras, cítricos, almendras, arándanos, hortalizas, girasoles, alfalfa, entre muchos otros.
Investigaciones realizadas por especialistas del INTA en la Argentina reafirman las estadísticas globales que indican que el 85% de las plantas con flores cultivadas en el planeta dependen de los polinizadores “naturales” para ser fecundadas y producir frutos.
“Si se mantiene la tendencia de crecimiento de la población y la producción agrícola la acompaña con los métodos tradicionales (utilización de agroquímicos, desmonte de zonas boscosas e implantación de monocultivos), la biodiversidad de insectos polinizadores y otros insectos útiles continuará reduciéndose”, advierte el Médico Veterinario Gerardo Pablo Gennari, Investigador del INTA-PROAPI.
La disminución global del número de abejas polinizadoras impacta directamente en el rendimiento de muchos cultivos de interés agrícola. En otras palabras, si las abejas se mueren, decrece la cantidad de plantas fecundadas y, en consecuencia, la cantidad de comida necesaria para alimentar a la población mundial.
Lo que se podría hacer para revertir esta situación sería un incremento productivo con una intensificación agrícola sustentable que fomente el establecimiento y mantenimiento de la biodiversidad de insectos útiles.
“Desde el Programa Nacional Apícola del INTA (PROAPI), se aporta información para el manejo de técnicas para multiplicar y aumentar la disponibilidad de colmenas de abejas melíferas. También se trabaja para aumentar la presencia y establecimiento de las abejas silvestres. Para lograr este objetivo, la población en general, y los productores agropecuarios en particular, deben considerar prácticas de producción que favorezcan la biodiversidad para hacer sustentables la obtención de alimentos. Esto beneficiará a la biodiversidad en su conjunto”, señala Gennari.
Por otro lado, sostiene que “algunas características anatómicas de los polinizadores silvestres los hacen más eficientes en realizar las tareas de polinización”, a la vez que especifica: “Quiero decir que, por ejemplo, el mayor o menor tamaño corporal y la pilosidad, la realización de la polinización por vibración (buzz polination), el hecho de ser polinizadores generalistas, la capacidad de vuelo con temperaturas menores y, en muchos casos, hasta la especialización o co-evolución durante miles de años con algunas especies vegetales, son variables que favorecen a la polinización”.
Expertos coinciden en que debe insistirse en la disminución del uso de agroquímicos insecticidas peligrosos y fomentar la interacción del apicultor con los agricultores y fruticultores, a fin de que puedan trabajar juntos y elegir los biocidas menos riesgosos para las abejas.
Además, destacan que cuando se trabaja de forma mancomunada se logra favorecer la salud de las abejas y la obtención de productos de las especies leñosas y herbáceas con flores cultivadas. Por otro lado, preservar espacios y áreas naturales fomenta la disponibilidad de recursos florales, como también de sitios de anidación para numerosas especies de abejas nativas.