icaela Bernárdez Vidal, bióloga argentina, entrena ratas y salva vidas en Tanzania. A través de la organización Apopo, cría y entrena roedores gigantes para la detección de tuberculosis y minas antipersonales. La etología de las ratas lleva evitadas más de 130.000 infecciones potenciales y salvó a un millón de personas de detonaciones accidentales en las últimas dos décadas.
Bernárdez trabaja con ratas de la especie Cricetomys ansorgei, distribuida en la región de África subsahariana. Se trata de roedores con características biológicas y comportamientos particulares. “Son más livianas que los perros, por lo cual requieren menos comida y espacio, y no detonan las minas cuando inspeccionan un área”, explica.
Bernárdez ingresó a Apopo como técnica en 2018. Actualmente, se desempeña como jefa de aseguramiento de calidad en el campus de la Universidad de Agricultura de Sokoine, en Morogoro.
Las “ratas héroes” no se apegan a un cuidador específico, resisten mejor las enfermedades tropicales y cuentan con una expectativa de vida más alta que la de la mayoría de los roedores. En este momento, se registran 56 trabajando en la detección de minas, 32 en la de tuberculosis y 30 en investigación y desarrollo para otras aplicaciones, como la identificación de salmonelosis, el rescate de víctimas atrapadas por desastres naturales y la intercepción del tráfico de fauna. “Si hay algo con un olor único, una rata capacitada lo puede advertir”, dice Bernárdez.
El entrenamiento de las ratas puede completarse en nueve meses. Se basa en un método de aprendizaje con refuerzo positivo por recompensa (comida), al que se le suma un estímulo sonoro que fortalece la asociación. “El desafío de los roedores es que logren discriminar muestras positivas de negativas. Cada vez que aciertan en la detección de tuberculosis o TNT, suena un clic y reciben un premio”, detalla la entrenadora. Al finalizar la capacitación, las ratas deben superar varias pruebas para acreditar sus habilidades olfativas y quedar listas para salir al terreno.

Tanto la tuberculosis como las minas son amenazas para la salud pública en África. En 2018, contrajeron la enfermedad más de 10 millones de personas, de las cuales fallecieron 1,5 millones. “Una rata puede chequear 100 muestras de esputo en 20 minutos, mientras que un técnico es capaz de evaluar la misma cantidad en cuatro días”, enfatiza Bernárdez. Apopo trabaja con 150 clínicas asociadas en Tanzania, Mozambique y Etiopía, aumentando la detección en un 40%.
Por otro lado, las minas antipersonales y los remanentes explosivos de guerras en la zona mataron o hirieron a casi 7.000 personas en 2018. “Una rata puede recorrer y examinar el área de una cancha de tenis en media hora, mientras que un técnico con un detector manual tardaría hasta cuatro días”, resalta la bióloga, con la ventaja adicional de que solo los animales pueden captar el olor de artefactos caseros con bajo porcentaje de metal.
La ONG prevé proyectos en Camboya y Angola, y tuvo presencia en Zimbabwe y Colombia. Ninguna rata murió jamás en la tarea.