n un contexto mundial castigado por la pandemia de COVID-19, una tendencia parece firme: el financiamiento sostenible. De acuerdo con la Red Global de Inversión de Impacto (GINN), el coronavirus potenció el interés por aquellas inversiones que contemplen criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo.
Los datos son contundentes: en el primer semestre de este año se emitieron 94.100 millones de dólares de bonos verdes a nivel mundial, según la Climate Bonds Initiative (CBI). Esa organización estima que, en todo 2020, las emisiones alcanzarán un 35% más que en 2019.
Esto influye directamente en las empresas argentinas, que podrán acceder a préstamos con criterios sostenibles que llegan de los organismos multilaterales; conseguir fondos de inversión directamente dedicados al triple impacto de las grandes firmas de inversión, como BlackRock o Goldman Sachs; o reducir costos y apostar a la energía renovable a través de financiamiento a bajas tasas.
En septiembre de 2017, Jujuy hizo la mayor emisión de un bono verde para la Argentina, con 210 millones de dólares para el parque solar Cauchari. El mecanismo al que accedió el gobierno jujeño también es válido para empresas e instituciones de distinto tipo.
SolarLatam, empresa argentina especializada en energía renovable, se alió con BS, una startup de sustentabilidad, para simplificar el acceso al crédito para instituciones, organizaciones y diversas industrias. “En un momento en el que las finanzas sostenibles cobran cada vez más protagonismo, buscamos generar y promover los instrumentos adecuados para posibilitar el acceso a la energía solar, que tiene múltiples beneficios”, explicó Lucas Peverelli, socio de BS.
Por su parte, desde SolarLatam rescatan la oportunidad. “Definitivamente, esta circunstancia en la que estamos potencia la necesidad de apostar por acciones que contemplen soluciones integrales de sustentabilidad en todo su potencial para alcanzar el triple impacto: ambiental, social y económico. Es el momento de impulsar la energía solar en la Argentina, que en los últimos años viene creciendo mucho”, expresó Alex Bril, country manager de SolarLatam Argentina.
En los primeros meses de 2020, AES Argentina emitió, a través del Banco Santander, un bono verde de 48 millones de dólares para la construcción de parques eólicos. Asimismo, a fines del año pasado, BYMA incorporó un bono verde de Plaza Logística.
La tendencia viene desde lo más alto de Wall Street. BlackRock, el fondo de inversión más grande del mundo y viejo conocido de la Argentina en cada renegociación de deuda, había anunciado en enero que se focalizaría en inversiones sostenibles. En agosto, le pidió a más de 500 empresas mayor información sobre el impacto que generan, con posibles sanciones a quienes no lo hagan. Goldman Sachs, otro gigante del sector, anunció en septiembre que destinará 750 mil millones de dólares en finanzas sostenibles en los próximos diez años.
Se trata de una tendencia consolidada. Los bonos verdes, que combinan rentabilidad y sostenibilidad y están vigentes desde 2007, crecen año a año. Entre 2015 y 2019, en concreto, las llamadas inversiones de impacto crecieron a un ritmo anual del 17%, según la Red Global de Inversión de Impacto.
El interés en proyectos sostenibles también es parte de las políticas que proponen las organizaciones internacionales que ofrecen créditos. “Con países de todo el mundo en problemas, los organismos multilaterales serán todavía más cautelosos y exigentes a la hora de asignar los fondos: ya no buscarán solo capacidad de repago, sino que contemplarán el impacto ambiental y social de cada iniciativa. Instituciones como el BID o el Banco Mundial ya venían adoptando estos criterios, pero ahora esta tendencia se aceleró”, explica Iván Buffone, de BS.
Para las empresas y gobiernos que logren contemplar estos criterios de triple impacto, se abre una oportunidad concreta de acceder a dinero fresco.