as exportaciones argentinas nunca recuperaron aquellos récords que alcanzaron en 2011, cuando llegaron a US$84.268 millones en bienes y US$15.606 millones en servicios. Así lo recuerda el analista y consultor en negocios internacionales Marcelo Elizondo, quien comenta que una buena parte de la explicación de aquel éxito es el hecho de que en ese momento el índice de precios de exportación era un 30% superior a hoy.
Para 2019, el total de bienes exportados fue de unos US$64.000 millones, por lo que la diferencia de resultados entre 2011 y 2019 fue de US$20.000 millones.
“Debe advertirse que –si bien el resultado es hoy muy inferior a aquel– la caída fue muy profunda hasta 2015, y desde ese momento se inició una leve recuperación gradual anual”, resalta.
Ahora bien, desde aquella época de picos históricos, la evolución de las exportaciones por rubros no fue igual. “En 2019 exportaron más que en 2011 solamente las carnes, los cereales y las manufacturas de aluminio. Mientras, exportan montos no muy diferentes (poco menores) que en aquella época las bebidas alcohólicas, las infusiones y las preparaciones de legumbres y hortalizas”, detalla.
Desde 2011, las exportaciones totales en el mundo crecieron un 11%, mientras que las de América Latina lo hicieron solo un 1%. “Por ende, la debacle argentina no equivale a lo ocurrido en el planeta. Nuestras ventas externas han perdido participación en el total mundial”, sostiene Elizondo.
“La Argentina exhibe, aún con una tenue recuperación observada desde 2016, una caída desde que los precios internacionales dejaron de ser favorables, y ese descenso ocurrió mientras el mundo creció en ventas transfronterizas. No está previsto ahora que los precios vuelvan a subir de modo significativo. ¿Cómo, entonces, puede aspirarse a mejores resultados?”, cuestiona.
En ese sentido, señala que “un requisito, además de la mejora requerida en las condiciones generales antes mencionadas, es comenzar a acompañar nuevas tendencias de los negocios internacionales. La presente etapa de la globalización no se apoya en grandes saltos en ventas de bienes físicos, sino en el incremento de valor económico transfronterizo generado a partir del aporte de intangibles que califican las prestaciones transadas (conocimiento, innovación, saber productivo o comercial organizativo, certificaciones, estándares, capital intelectual)”.
“Jonathan Haskel señala que esta es una nueva etapa de capitalismo sin capital. Así, numerosos estudios dan cuenta de que el valor es generado a partir de la activación de intangibles que califican esencialmente a los bienes que se comercializan y que esos intangibles explican el éxito comercial (flujo) y la mayor valuación (stock) de las empresas exitosas en esta etapa de la nueva globalización”, explica.
Para esto, según Elizondo, es necesario llevar adelante procesos de “innovación abierta” con la creación de alianzas virtuosas con terceros en ecosistemas en los que los productores de bienes logran, en arquitecturas vinculativas, el aporte del saber que se añade de modo intrínseco en la oferta de nuevo tipo.
“Para salir de resultados pobres, el comercio exterior argentino requerirá un proceso de apertura para su inserción en los nuevos flujos que motorizan los negocios globales; lograr su ingreso en las cadenas de valor transfronterizas, que en esta instancia ya no son meros encadenamientos productivos de etapas de ensamblamiento físico, sino que están movidas por el aporte de intangibles y apoyadas en la interacción de exportaciones e importaciones de bienes y de servicios; participación en flujos de inversión transnacionales; la acción sistémica en los movimientos de generación y aprovechamiento de saber productivo; y la aparición de atributos relacionales de empresas”, concluye.