ada vez es más evidente que estamos viviendo por encima de los límites del planeta. Hace años que se viene advirtiendo que al menos que cambiemos algo, las consecuencias serán terribles. El enemigo más mortal al que enfrentamos es el cambio climático, y ya estamos viendo indicios de los costos. Así lo alertó el economista Joseph Stiglitz, ganador del premio Nobel en 2001.
En este sentido, remarcó que “Estados Unidos, cuyos principales partidos políticos están dominados por negacionistas del cambio climático, es el mayor emisor per cápita de gases de efecto invernadero y el único país que se niega a sumarse al acuerdo climático de París (2015). De modo que no deja de ser irónico que también se haya convertido en uno de los países con el mayor nivel de daños materiales relacionados con fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones, incendios, huracanes, sequías y heladas”.
Según cuenta Stiglitz, en algún momento hubo estadounidenses que esperaban que el cambio climático los beneficiara. “Incluso hoy, unos pocos economistas siguen creyendo que no hay mucho de qué preocuparse mientras el aumento del promedio de temperaturas globales no supere los 3 o 4 grados Celsius (en vez del límite de 2 grados fijado por el Acuerdo de París). Pero es una apuesta temeraria: la concentración de gases de efecto invernadero está cerca de alcanzar su nivel máximo en millones de años, y si perdemos no tenemos ningún otro lugar donde ir”, remarcó.
De acuerdo con el economista, los estudios que señalan que podemos tolerar un aumento de temperaturas son profundamente defectuosos. “Se basan en modelos que omiten sistemáticamente aplicar un adecuado análisis de riesgos, de modo que no dan suficiente peso a la probabilidad de resultados dañinos (cuanto peores sean esos resultados y mayor el peso que se les asigne, más precauciones corresponde tomar). Al asignar poco peso a resultados sumamente perjudiciales, estos estudios presentan sistemáticamente un análisis sesgado en contra de tomar medidas contra el cambio climático”, aclaró.
En la misma línea, dijo que “subestiman las dependencias no lineales en las funciones de daño. Es decir, puede que los sistemas económicos y ecológicos sean capaces de tolerar un nivel pequeño de cambio climático (donde los daños serán proporcionales al incremento de temperatura), pero que a partir de cierto nivel la magnitud de los daños se dispare. Por ejemplo, las heladas y las sequías provocan graves daños a las cosechas”. En este punto, advirtió que “tal vez un nivel de cambio climático por debajo de cierto umbral no aumente el riesgo de esos extremos meteorológicos, pero un nivel mayor puede aumentarlo en forma desproporcionada”.
“Allí donde las consecuencias del cambio climático son grandes, es precisamente cuando menos podemos absorber los costos. No hay fondo de inversión al que podamos recurrir si llegáramos a necesitar inversiones para hacer frente a grandes aumentos del nivel de los mares, a riesgos sanitarios imprevistos y a migraciones a gran escala como resultado del cambio climático. De hecho, en esas circunstancias el mundo será más pobre y menos capaz de absorber las pérdidas”, expresó Stiglitz.
Algo que dejó en claro el experto es que “debemos iniciar acciones decididas ahora para evitar el desastre climático hacia el que se encamina el mundo”. En este sentido, manifestó que “es auspicioso el hecho de que tantos dirigentes europeos promuevan esfuerzos para que el mundo obtenga la neutralidad de carbono en 2050. El informe de la Comisión de Alto Nivel sobre Precios del Carbono, de la que fui copresidente con Nicholas Stern, sostiene que podemos alcanzar el objetivo fijado por el Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a no más de 2°C y, al mismo tiempo, mejorar los niveles de vida: la transición a una economía verde puede alentar la innovación y la prosperidad”.
Por otro lado, consideró equivocada la idea de los que sugieren que el único modo de lograr los objetivos del Acuerdo de París es frenando la expansión económica. “Por muy desacertada que sea la obsesión con el incremento permanente del PBI, sin crecimiento económico miles de millones de personas seguirán careciendo de una provisión adecuada de alimentos, vivienda, vestimenta, educación y atención médica. Pero hay amplio margen para cambiar la calidad del crecimiento y, así, reducir considerablemente su impacto ambiental”, agregó.
Sin embargo, asegura que no se dará automáticamente. “No se dará si esperamos que lo haga el mercado. Implica necesariamente combinar altos niveles de inversión pública con estrictas regulaciones y una adecuada fijación de precios a los costos ambientales. Y es imposible o improbable que suceda si descargamos el peso del ajuste sobre los pobres: la sostenibilidad ambiental solo se logrará en combinación con una búsqueda de mayor justicia social”, concluyó.