uego del auge económico que siguió a la Gran Recesión, tanto la inversión de impacto como la filantropía tradicional están en aumento. En ese punto, Benjamin Roth, profesor asistente de Harvard Business School en la Unidad de Gestión Empresarial, realiza una investigación para determinar cuándo una inversión de impacto hace una diferencia más grande que una donación.
“Esta idea de que está aumentando su impacto al aprovechar el capital, que hacer inversiones en lugar de donaciones lo ayuda a llegar a más empresas, es demasiado simple porque ignora el costo en las empresas que está apoyando”, comenta el también autor del documento “A Theory of Financing Social Entrepreneurship”.
Las decisiones sobre la mejor manera de apoyar a las entidades sociales y ambientales pueden cambiar miles de millones en capital. Hoy, la inversión anual de impacto, que busca promover causas sociales y ambientales, así como generar ganancias para el inversionista, supera los US$500 mil millones, con un 69% dirigido a empresas no públicas, según una encuesta de 2019 de la Red de Inversión de Impacto Global.
Anteriormente, las organizaciones filantrópicas hacían donaciones, no inversiones. Ahora, alrededor del 41% de las grandes fundaciones hacen inversiones junto con sus donaciones tradicionales, para promover sus objetivos programáticos.
Ante ese cambio de paradigmas, Roth recomienda a quienes sostienen las cadenas de cartera que, en primer lugar, se pregunten si vale la pena subvencionar la causa de la organización para el futuro indefinido. En caso afirmativo, una subvención puede ser el camino a seguir. Por el contrario, si la organización algún día puede llegar a un punto en el que se mantenga con sus propios ingresos, y donde ya no reinvierta todos sus ingresos hacia oportunidades de alto impacto, entonces una inversión puede permitir que el financiero reasigne fondos a otros propósitos.
Por otra parte, aconseja que piensen en si la empresa tiene oportunidades para expandir su rentabilidad a bajo costo para su misión social. De ser así, una inversión puede empoderar a la empresa para explotar estas oportunidades rentables, y el inversor puede canalizar las ganancias a otros usos productivos. En este sentido, hacer una inversión en lugar de una subvención puede ayudar a una empresa a combinar de manera más efectiva sus motivos de misión y ganancias, y expandir su impacto total.
Hacer una inversión en lugar de una subvención permite a los financieros “esencialmente reciclar capital”, afirma Roth. “Cuando las empresas que usted apoya no van a utilizar sus dólares marginales, puede recuperarlos”, señala.
En relación con los donantes, los inversores de impacto también pueden presionar a la empresa para que haga crecer su negocio y aumente la rentabilidad. Sin embargo, un inversor –que es, por definición, un propietario parcial de la empresa– otorga un mayor valor a las ganancias. Por lo tanto, puede facultar a la compañía para realizar este cambio. Al canalizar estos nuevos beneficios a otro uso productivo, el inversor puede ampliar el impacto total.
Roth advierte que su análisis no ofrece una visión completa de las muchas formas en que difieren las inversiones y las donaciones. Muchas sutilezas complican el cálculo de decidir si una inversión ofrece un impacto superior a una subvención. No obstante, el análisis ilumina algunas de las compensaciones centrales en juego y permite una discusión más informada sobre el papel que puede desempeñar la inversión en el panorama filantrópico.