ste concepto surgió en Europa, durante la etapa de la posguerra como una estrategia complementaria al desarrollo rural; sin embargo, ya existían experiencias de este tipo a comienzos del siglo XX y, actualmente, es considerada una tendencia relevante
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, el turismo rural está creciendo significativamente alrededor del mundo.
La Organización Mundial de Turismo asegura que éste tuvo un crecimiento interanual durante el 2017 de 6%, el doble que el turismo tradicional y se espera que para el 2030, según estudios de Unesco, 1,800 millones de personas realizarán actividades turísticas en este rubro, por lo que la necesidad e interés por conservar las riquezas naturales del planeta está cada vez más presente.
Por definición, el término turismo rural lleva implícito el principio de turismo sustentable que, si bien es un concepto ético, éste debe estar presente en cualquier forma de turismo para la salvaguarda del medio ambiente natural y cultural.
La incorporación de la actividad turística al sector rural ha despertado gran interés, porque atiende una demanda en crecimiento, ocupando factores ociosos como la mano de obra y capital, evitando así el éxodo del campo, ya que incorpora a la mujer y a los jóvenes como protagonistas de la actividad, además de generar una nueva dinámica social y económica en las comunidades por la afluencia de visitantes.
Para el turismo rural, los espacios territoriales se convierten en catalizadores para los procesos de transformación productiva y económica, cuyo fin es reducir la pobreza rural con el aprovechamiento sustentable de los recursos naturales, sociales e históricos. Por ende, para que haya un desarrollo local debe existir un equilibrio en cada componente, en el que las actividades económicas tradicionales, como la agricultura, asuman su lugar junto con otras actividades no tradicionales potenciales, rurales y no rurales, que son importantes para la construcción de distintos medios de subsistencia sostenibles.
El economista MX