pesar de que el brote de coronavirus afectó al sector agrícola de Nueva Zelanda, el mismo está bien posicionado para superar la crisis de la pandemia, principalmente por tres razones, dice el jefe de RaboResearch Food & Agribusiness - Australia y Nueva Zelanda, Tim Hunt.
“Una de ellas es que la dependencia de las exportaciones de Nueva Zelanda significa que el valor del dólar neozelandés es muy importante y que, cuanto peor se pone en el exterior, más veremos la caída de la moneda de Nueva Zelanda. Entonces, hay una compensación automática allí parcialmente en la disminución de los precios que veremos en todo el mundo”, señala el especialista.
En segundo lugar, Hunt remarca que “aunque las personas no tienen que comer alimentos premium, obviamente tienen que comer alimentos”. Para él, la tercera razón es que “China sigue lidiando con la peste porcina africana que ha dejado un gran vacío en la industria de las proteínas animales”.
El sector lechero podría estar lidiando en este momento por el reducido poder de compra de China. No obstante, Hunt dijo que ahora era el momento de concentrarse en los “enormes efectos en los ingresos” en Europa y los Estados Unidos a medida que las industrias cierran.
“La gente pierde trabajo a un ritmo alarmante y los ingresos caen y eso afectará la demanda, y el problema en los lácteos es que es difícil cerrar el grifo. Por lo tanto, una pequeña reducción de la demanda conduce a una acumulación gradual de inventario que comenzará a retroceder”, recalcó.
Los casos de COVID-19 en Nueva Zelanda se deben principalmente a viajes al extranjero, lo que significa que el aumento en los casos todavía responde a la cantidad de personas contagiadas, no a cómo se está extendiendo en el país.
“Esa es una gran compensación. Hay dos crisis en curso en los mercados mundiales de proteínas animales. Una, por supuesto, es el coronavirus, que es negativo para la carne vacuna y ovina en Nueva Zelanda”, señala Hunt, a la vez que agrega: “La peste porcina es una crisis tan grande en términos de implicaciones para el mercado agrícola. Este año habrá más reducciones en la producción porcina china. Eso significa que incluso si su demanda se ve afectada en China, bien podrían comprar tanto como lo hicieron el año pasado en esos niveles récord”.
El mercado de alimentos saludables podría mantener la horticultura a flote. Si bien muchas de las exportaciones de este rubro se destinaron a China, la industria estaba más diversificada que la carne ovina y la de res, y menos expuesta al servicio de alimentos que ha sido el más afectado por el brote de COVID-19, según opina Hunt.
“Esperamos, particularmente con un dólar neozelandés débil, que podamos trasladar esos productos a un mercado mundial”, afirmó.
Por último, Hunt manifiesta que la recuperación económica del brote “comenzaría más adelante este año, desde una base baja” y que sería una reconstrucción lenta. “Tomará un tiempo hacer que la economía mundial vuelva a funcionar, por lo que no podemos esperar un rápido repunte de esto”, concluyó.