Un docente rural recorre cien kilómetros diarios para llevar la tarea a sus alumnos

Con las escuelas cerradas por el COVID-19, las clases virtuales no son una opción para todos. Adelaido Sánchez, docente de una escuela rural en Salta, les lleva personalmente los deberes a sus alumnos

Un docente rural recorre cien kilómetros diarios para llevar la tarea a sus alumnos
miércoles 13 de mayo de 2020
E

l aislamiento social, preventivo y obligatorio por la pandemia de coronavirus dejó desiertas las aulas de todas las escuelas del país. Las clases ahora se dictan de manera virtual a través de la plataforma Zoom u otra similar. Sin embargo, en algunos parajes rurales, la falta de tecnología complica la tarea.

Adelaido Sánchez es profesor de matemática del Colegio Secundario Rural N° 5197, ubicado en el paraje El Carmen, a cuarenta kilómetros de la localidad salteña de Pichanal. Allí, les da clases a quince alumnos de tercero y cuarto año.

Cuando se decretó el aislamiento, Sánchez supo que las clases virtuales no eran una solución viable para sus alumnos. Se negaba a dejarlos a la deriva, así que buscó la forma de acercarles el material: todos los días realiza más de cien kilómetros en moto para entregarles la tarea en mano.

“No quise que mis alumnos se retrasen y que sientan diferencias con otros chicos de la ciudad que están conectados. No los quería defraudar. Por eso, decidí acercar los deberes a sus casas”, explica el docente salteño de 37 años.

Sánchez se identifica con la vida de campo de sus alumnos porque cuando era chico vivía en el interior del Chaco salteño, alejado de la ciudad, donde su padre criaba vacas, cabras y gallinas, y sembraba maíz y zapallo. Su madre era costurera y siempre le cosía la ropa a él y a sus hermanos. “Recuerdo a mi madre hacernos las mochilas de viejos blue jeans en desuso para llevar los útiles a la escuela rural, a la que llegábamos a caballo o andando a pie más de ocho kilómetros”, cuenta.

Cuando pasó a secundaria se fue a vivir a la ciudad de Orán con unos parientes. Allí, para ayudar económicamente, por la tarde trabajaba en la cosecha de tomates, actividad que continuó realizando durante los primeros años del profesorado hasta que consiguió alumnos particulares. Apenas se recibió, en 2012, empezó a trabajar en la escuela rural de El Carmen.

Por la mañana, Sánchez prepara los ejercicios en un Word y se los manda a un conocido para que haga las impresiones, ya que él no tiene impresora en su casa. Una vez que tiene las hojas en su poder, se sube a la moto y emprende el viaje hacia las casas de sus alumnos.

“Casi siempre les caigo de sorpresa y ellos me reciben con una sonrisa diciendo “ahí viene el profe”. Están contentos de verme. Como no les aviso cuándo voy a ir, a veces cuando llego están cuidando sus animales o sembrando. Entonces, les entrego los deberes a las madres y luego les mando un mensaje de voz para explicarles en detalle los ejercicios”, explica.

Aunque el trabajo del docente rural es muy sacrificado y hasta costoso, Sánchez no duda en que vale la pena. “Son chicos comprometidos que quieren tener una oportunidad en la vida como la tuve yo.  Disfruto mucho de mi trabajo porque, al igual que yo, los alumnos del campo tienen ganas de superarse. Me recuerda a mi escolaridad en el Chaco salteño”, afirma.

“Toda la docencia rural está comprometida con el trabajo. A pesar de las dificultades por los viajes largos a la escuela, soy un agradecido de mi profesión. Estoy feliz de ser docente. Para mí, es un privilegio”, concluye.



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