unque de los nematodos gastrointestinales (NGI) hay muchas especies, en el NOA las que causan más daño son Haemonchus contortus y las especies de Cooperia spp., que parasitan el intestino delgado. En los bovinos que se crían en los pastizales serranos, Ostertagia y Trichostrongylus también son importantes.
Los NGI presentan una fase parasitaria interna, ubicados en el cuajo o el intestino de los bovinos, donde los adultos se desarrollan y ponen huevos que son eliminados con las excretas. Y ya en el medio ambiente, se cumple la fase de vida libre externa donde, de acuerdo a las condiciones de temperatura u humedad a partir de los huevos, se desarrollan las larvas en 10 a 14 o más días.
Dichos estos estadios larvales, al ser ingeridos con el pasto, desarrollan dentro del vacuno las formas adultas en 21 días reiniciando el ciclo. La estrecha relación de los NGI con el medio ambiente y las pasturas nos indica la magnitud de efectos negativos que la parasitosis podría ocasionar en el rodeo, fundamentalmente en los sistemas pastoriles.
El efecto nocivo dependerá directamente de la cantidad de larvas que ingieran los terneros de acuerdo al nivel de contaminación de los pastos, así como también del grado de inmunidad de los animales que frenará o no el desarrollo de los nematodos. Dentro del rodeo, los terneros de destete y la recría en crecimiento son las categorías más susceptibles. Los vacunos mayores de 18 meses y los adultos son resistentes, aunque los bovinos con bajo plano nutritivo o sanitario, en lactancia o bajo estados de estrés pueden sufrir también los efectos de los NGI.
Los efectos varían desde parasitosis moderadas o subclínicas a los casos más espectaculares y graves. Estos últimos por lo general solo afectan a menos del 1% del rodeo, pero con signos clínicos como debilidad, letargo, diarrea, pelaje áspero, deshidratación, edema submandibular, anemia y muerte en algunos casos. Sin embargo, los efectos más comunes e importantes son los de las parasitosis subclínicas, ya que yacen ocultas a los ojos de los productores y afectan a la mayor parte del rodeo causando disminución del consumo, alterando la absorción de nutrientes y minerales, y reduciendo la eficiencia en la conversión de alimento en hueso y músculo.
Los ensayos llevados a cabo por el área de Salud Animal en los departamentos de San Martín, Güemes, Anta y Guachipas muestran pérdidas en la ganancia de peso vivo de las terneras de reposición que oscilan al final del invierno entre 15 y 20 kg, y que suman al final de su segundo verano –aproximadamente a los 18 meses de edad– mermas totales de entre 25 a más de 45 kg. También estos ensayos arrojaron depresiones de entre el 46,9% y el 26,5% de los NGI sobre los niveles de cobre sanguíneos de terneras de recría.
Otros efectos colaterales de las infestaciones de los nematodos gastrointestinales se traducen en una actividad depresora no específica de los parásitos sobre la respuesta inmune del hospedador, causando una menor respuesta inmunológica frente a las vacunaciones.
Por otro lado, los NGI le restan eficiencia y rentabilidad a los sistemas a partir del aumento de los costos de producción y de la demora con que las vaquillonas logran el peso de servicio adecuado. Al analizar las reses de novillos que padecieron parasitosis, se observaron en engordes a pasto en la llanura pampeana mermas de hasta el 18%, 15%, 31% y 8%, respectivamente, sobre el rinde, músculo, grasa y hueso.
INTA