Control de parásitos en bovinos

Cómo es el proceso de infestación y cuáles son los trastornos que padecen los animales

Control de parásitos en bovinos
viernes 04 de enero de 2019

Las infestaciones por parásitos representan un gran inconveniente en los sistemas intensivos de engorde. Por ese motivo, es importante que el productor le pida asesoramiento a un veterinario para obtener un diagnóstico eficaz y poder tomar las medidas necesarias para combatirlos.

En general, las infestaciones combinan parásitos del abomaso –el cuarto y último compartimiento de los rumiantes– y del intestino, aunque las condiciones también pueden empeorar por causa de parásitos hepáticos y pulmonares.

En lo que respecta a su ciclo biológico, los parásitos gastrointestinales tienen un ciclo directo, es decir, no precisan de un huésped intermediario; hay una etapa en la que vive en el animal y otra en la que está libre en el ambiente.

La infestación se produce cuando el animal come pasto contaminado con larvas del parásito; éstas se conocen como larva 3 o L3, y una vez que se encuentran en el organismo del bovino, pasan a ser larva 4 (L4) y 5 (L5).

Las especies como Cooperia spp. y Trichostrongylus spp. se ubican sobre la superficie de la mucosa; en tanto, Haemonchus spp. y Ostertagia spp. se instalan en la profundidad de las vellosidades intestinales o en las glándulas gástricas, donde se convierten en L4 y L5.

Después, se transforman en adultos y se genera la cópula. Una hembra puede poner miles de huevos durante su vida, que va desde un mes a un año. Los parásitos adultos se nutren de sangre, tejidos o líquidos tisulares. Desde el momento en que el bovino ingiere las larvas L3 hasta que las hembras comienzan poner los huevos y su eliminación, pasan alrededor de tres semanas.

La etapa de vida externa empieza cuando los huevos caen al suelo mediante la bosta. Si las condiciones son adecuadas, el huevo padece cambios y se convierte en L1, nutriéndose de bacterias y hongos presentes en las heces; después, muda a L2, que se nutre de la misma forma que la L1. Si logran sobrevivir a esas condiciones, pasarán a L3 manteniendo la cutícula o envoltura de la L2, lo que impide que se alimente pero es muy resistente a las condiciones ambientales.

El rompimiento de los huevos y desarrollo de las larvas se da en un rango de temperatura de entre 5ºC y 35ºC. Cuando hay menos de 50 milímetros mensuales de precipitaciones y la temperatura es alta, es improbable que ocurra una infestación de las pasturas; por ese motivo, se suele considerar que la sequía es un gran aliado del productor contra el control de los parásitos.

Entre los trastornos que sufren los bovinos por causa de los parásitos, se encuentran los siguientes: disminución del ritmo de desarrollo del animal, pérdida de peso, mal aspecto, diarrea, pelaje deslustrado y apatía general.



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