Un equipo técnico integrado por especialistas del INTA, junto con organismos provinciales y entidades internacionales, puso en marcha una experiencia piloto de Manejo de Bosques con Ganadería Integrada (MBGI) en el departamento Pocho, con el objetivo de compatibilizar la producción ganadera con la conservación del bosque nativo en una de las zonas más sensibles del La iniciativa, presentada, se desarrolla en un establecimiento de la localidad de Chancaní y podría convertirse en un modelo de referencia para otras regiones de la provincia y del país.
El proyecto busca demostrar que es posible incrementar la productividad de los sistemas ganaderos sin generar un deterioro ambiental, mediante una planificación que combine el aprovechamiento económico del territorio con prácticas de conservación y restauración de ecosistemas nativos.
La experiencia se lleva adelante en un campo ubicado entre el Parque Nacional Traslasierra y el Parque Natural Provincial y Reserva Forestal Natural Chancaní, una ubicación estratégica para evaluar el impacto de un esquema de manejo que integre producción y preservación ambiental.
Según explicaron desde el equipo técnico, el modelo se enfoca especialmente en áreas catalogadas como categoría amarilla dentro de la Ley Nacional de Bosques, espacios donde se permiten actividades productivas siempre que se desarrollen bajo criterios de conservación. Estas zonas concentran gran parte de los debates vinculados al equilibrio entre desarrollo económico y protección de los recursos naturales.
El investigador del INTA Manfredi y coordinador del proyecto, Torcuato Tessi, explicó que la propuesta apunta a generar una relación complementaria entre ambas actividades. “La propuesta apunta a integrar la ganadería con prácticas de bajo impacto, buscando una sinergia entre la producción de carne y el mantenimiento del monte nativo”, señaló el especialista, según información difundida por el INTA.
La iniciativa comienza con un diagnóstico integral del establecimiento. Los técnicos realizan relevamientos de suelos, vegetación, biodiversidad y recursos forrajeros para identificar qué sectores deben priorizarse para la conservación y cuáles pueden destinarse a intervenciones productivas.
A partir de ese análisis se diseñan estrategias diferenciadas según las características de cada ambiente. En los sectores considerados de alto valor ecológico, el ganado será utilizado de manera controlada para reducir la acumulación de biomasa vegetal y disminuir el riesgo de incendios forestales. En otras áreas con menor cobertura vegetal o evidencias de degradación, se prevé la implantación de pasturas que permitan mejorar la disponibilidad de alimento para los rodeos.
El objetivo central es incrementar la oferta forrajera y mejorar los indicadores productivos sin afectar los procesos ecológicos que sostienen al bosque nativo.
“Necesitamos que el campo produzca más de lo que produce hoy, para que el productor viva mejor y para que conservar no sea un costo extra, sino parte del sistema”, afirmó Tessi, de acuerdo con la información publicada por el organismo.
El esquema contempla la división del establecimiento en distintos potreros y la implementación de sistemas de rotación animal que permitan decidir cuándo y cómo utilizar cada ambiente.
“Con potreros y rotaciones podemos decidir cuándo usar los animales en cada ambiente”, explicó Tessi. De esta manera, los rodeos alternarán entre áreas destinadas a la conservación y sectores con mayor potencial productivo, buscando mantener el equilibrio entre ambas funciones.
La planificación tiene un horizonte de ejecución de diez años. Sin embargo, durante el primer año se desarrollará la etapa técnica más importante: la elaboración del plan de manejo integral que servirá como hoja de ruta para todo el proyecto.
En esa instancia participan ingenieros agrónomos, ingenieros forestales, biólogos y especialistas en manejo sustentable de recursos naturales. Además de definir las prácticas productivas y ambientales, el documento incluirá las inversiones necesarias para garantizar su implementación.
Una vez concluido, el plan deberá ser evaluado por la Secretaría General de Ambiente, Economía Circular y Biociudadanía de Córdoba y posteriormente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), organismo encargado de habilitar los fondos para su ejecución.
La experiencia forma parte del programa argentino de Pagos por Resultados REDD+, una iniciativa orientada a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la deforestación y degradación de los bosques.
El proyecto cuenta con financiamiento del Fondo Verde para el Clima y apoyo técnico de la FAO. Su origen está relacionado con el reconocimiento internacional obtenido por Argentina tras acreditar una reducción de aproximadamente 18 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente entre 2014 y 2016 gracias a la disminución de la deforestación en regiones forestales críticas.
Ese resultado permitió al país acceder a recursos destinados a programas de restauración, conservación y manejo sostenible de bosques nativos.
La meta nacional es continuar reduciendo emisiones mediante la implementación de nuevas estrategias de manejo sustentable. En ese marco, el MBGI fue adoptado como una de las principales herramientas para canalizar inversiones en diferentes provincias.
Actualmente, el programa contempla el desarrollo de 92 planes de manejo destinados a pequeños y medianos productores ganaderos de distintas regiones argentinas.
Desde el INTA consideran que el proyecto de Chancaní puede transformarse en una experiencia demostrativa para el oeste cordobés y otras áreas del país con características similares.
El seguimiento técnico continuará durante toda la implementación para verificar el cumplimiento de los objetivos productivos y ambientales establecidos en el plan.
La expectativa es que los resultados permitan generar evidencia concreta sobre la viabilidad de sistemas ganaderos que integren producción y conservación, una demanda creciente en un contexto donde la sustentabilidad ocupa un lugar cada vez más relevante dentro de las políticas agropecuarias.
Para los impulsores de la iniciativa, el desafío consiste en demostrar que la preservación del bosque nativo no debe entenderse como una limitación para la actividad económica, sino como una oportunidad para construir modelos productivos más eficientes y resilientes en el largo plazo.