onocemos la pimienta más que bien. Siempre ha estado ahí. Es versátil, a veces imprescindible, siempre agradable. ¿Qué podríamos contar sobre ella que ya no sepamos? Pues, por ejemplo, que no todo lo que llamamos pimienta en realidad lo es, que existen pimientas más y menos fuertes y “pimientas” que huelen a limón, a canela o a cardamomo.
Hacemos un repaso por todas esas delicatessen capaces de imprimir carácter, además de un matiz picante, a la mesa
Las especias han sido un bien de lujo durante decenas de siglos. Eran lo que ahora llamaríamos un status symbol. Su escasez y la dificultad para conseguirlas, hizo que este placer gastronómico alcanzara antiguamente precios exorbitados. Un manjar al alcance de pocos.
La pimienta no se escapa a esta regla general. Para los Romanos, esta especia era una prueba tangible de riqueza y exclusividad y los que podían permitírselo estaban dispuestos a pagar cifras astronómicas por ella. En la Edad Media, la pimienta llegó a utilizarse para pagar los impuestos y, desde mediados del siglo XV, los exploradores empezaron a buscar su propia ruta para conseguir, entre otros, este tesoro.
El propio Cristóbal Colón quiso fuertemente que las bayas picantes encontradas en el Caribe fueran auténtica pimienta, de ahí que la Pimienta de Jamaica se llame así, aunque técnicamente no pertenezca ni siquiera a la misma familia botánica del Piper nigrum.
Hay pimienta y pimientas. La pimienta auténtica son las bayas del Piper nigrum, una planta originaria de las selvas ecuatoriales y tropicales de la India, en particular de la costa de Malabar. La pimienta es una planta trepadora y especialmente enamorada de la sombra. Tarda de tres a cinco años en empezar a dar fruto y sigue haciéndolo cada tres años durante varias décadas.
Se recolecta a mano, tanto para no estropear las bayas como para seleccionarlas en base a su color, es decir, su grado de maduración. La pimienta negra no es otra cosa que los granos verdes, que todavía no están maduros, secados a temperatura moderada. A través de este proceso, los granos se ponen negros y arrugados, que es como estamos acostumbrados a verlos. Es ésta la especia que ha fascinado durante siglos a los gourmets, con sus intensas notas aromáticas y su característico sabor picante.
La pimienta verde son los frutos no maduros del Piper nigrum. Su sabor es más fresco y afrutado y su sabor picante más ligero. Se suele vender en granos o más comúnmente en agua y sal o en vinagre.
La pimienta blanca se obtiene siempre de la misma baya, pero recolectada muy madura, que se pone en remojo hasta que la piel se desprende del grano. Es más delicada y se suele utilizar como “pimienta invisible”, en los platos que necesitan un toque picante, pero rehúyen de verse salpicados de granitos negros. Hay cocineros que hasta han ido un paso más allá: el famoso Risotto Cacio e Pepe del chef italiano Massimo Bottura lleva pimienta destilada, un extracto de cinco pimientas (blanca, de Sichuan, de Sarawak y silvestre) hecho con Rotavapor que confiere a ese plato un look Total white.
Para dar con una de las mejores variedades de Piper nigrum del mundo hay que volver donde todo empezó, es decir, en la costa de Malabar de Kerala, en la India. Allí, en la ciudad de Tellicherry se producen unos preciados granos de pimienta que llevan el mismo nombre.
Otras variedades de lujo son las que proceden de Penja, en Camerún, de Kampot en Camboya, de Sarawak, en la parte malasia de la isla de Borneo, y de Muntok y Lampong en Indonesia. Muchas de estas variedades se pueden encontrar en las tiendas madrileñas y barcelonesas de Casa Ruiz.
Las virtudes de la pimienta van más allá de dar un giro picante y sabroso a todo tipo de plato. Al parecer es también una especia estimulante, digestiva, diurética y antioxidante. Eso sí, siempre hay que comprarla en granos, conservarla en un lugar fresco y seco y molerla al último momento para rematar un plato o justo antes de servirlo.
¿Lo más? Tener un molinillo para crear nuestras propias mezclas de pimientas como si de fragancias personalizadas se tratase. La pimienta cambia sus notas aromáticas y gustativas según su grado de maduración, conservación y procedencia. ¡A jugar!
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