n informe del Comité de Capital Natural (NCC) advierte que la plantación masiva de árboles en el Reino Unido podría dañar el medio ambiente. La siembra mal planificada en turberas aumentaría las emisiones de gases de efecto invernadero.
“La turba encierra grandes cantidades de carbono, pero los árboles la secan. Esto podría liberar más gases de efecto invernadero de los que absorben los árboles”, explica Ian Bateman, de la Universidad de Exeter, profesor y miembro del NCC.
“Sería una locura asumir la escala masiva de plantación que se está considerando si no consideramos también los efectos más amplios sobre el medio ambiente, incluidos los impactos sobre la vida silvestre, los beneficios en términos de reducción de riesgos de inundación y los efectos sobre la calidad del agua, las mejoras en la recreación, entre otros”, indica el estudio.
El informe advierte específicamente sobre el erróneo plan del Reino Unido para la plantación de 11 millones de árboles. Según los especialistas, la idea de bloquear las emisiones de carbono chocaría con la conservación del carbono en los suelos.
Por otra parte, los datos de la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) indican que la degradación del suelo a través de la erosión, la agricultura intensiva y el desarrollo crean pérdidas estimadas entre 0,9 y 1,4 billones de libras por año en Inglaterra y Gales.
En su informe, el NCC exige un mejor monitoreo de los suelos y el parate de la agricultura en la turba de tierras bajas, ya que provoca la pérdida de suelos.
Por el lado de los agricultores dicen estar abordando el problema mediante el uso de cultivos de cobertura, aunque muchos se resisten a esta recomendación. Para Mark Bridgeman, presidente de Country Land and Business Association (CLA), “uno mejora el suelo cuidándolo bien, reduciendo el arado y usando abono orgánico, por ejemplo”. En ese sentido, expresa: “No podemos rendirnos y dejar de cultivar la tierra, particularmente en un momento en que el país depende cada vez más de alimentos locales de alta calidad”.
La investigación del NCC no hace más que echar luz respecto a la magnitud del desafío que implica abordar el cambio climático a través de políticas de uso de la tierra en el Reino Unido.