Siempre que se la acompañe con un manejo adecuado, la siembra de pasturas es un recurso clave para la actividad ganadera. Teniendo en cuenta que lo recomendado es sembrar entre fines del verano y principios del otoño, previamente el productor deberá limpiar el lote elegido y seleccionar las especies que va a cultivar.
Según Manuel Arnaude, ingeniero agrónomo y asesor privado de varias compañías ganaderas, solo a pasto se han medido “producciones anuales de carne superiores a 300 y 800 kilos en cría y recría, respectivamente”, lo que posibilita una amortización de “la inversión de la pastura en el año de implantación, cuyo costo es de entre 150 y 200 kilos de carne según las especies”.
Asimismo, el ingeniero advirtió que no solo un 50% de las pasturas no alcanzan el stand de plantas sugerido durante el primer año, sino que también “compiten con malezas parcialmente controladas”, lo que perjudica la producción de forraje.
En este sentido, consideró que es fundamental “preparar el lote con al menos dos años de anticipación, rotando cultivos, verdeos o lo que el suelo permita para lograr el control de malezas difíciles o la limpieza del mismo”.
Por último, remarcó que la meta es “lograr plantas por metro cuadrado como, por ejemplo, 300 de festuca y 50 de trébol blanco para el caso de esta mezcla tradicional”, para lo que se deberá prestar mucha atención durante los primeros pastoreos, a fin de que, a través de un manejo adecuado, se logre una “rápida cobertura del suelo sin pérdida de forraje por senescencia o muerte de hojas”.