a Bolsa de la Agricultura Familiar es una experiencia de venta directa a los consumidores que se está desarrollando hace varios años en Bahía Blanca, en la que confluyen diferentes grupos de productores de este sector ubicados en el periurbano de la ciudad, algunos de los cuales vienen trabajando juntos desde el año 2012.
La experiencia es impulsada desde la Agencia de Extensión Rural Bahía Blanca de INTA Bordenave, en conjunto con el Programa Cambio Rural del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, el Programa Pro Huerta, del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y varias organizaciones del medio como Cáritas Arquidiocesana Bahía Blanca, entre otras entidades no gubernamentales. En este momento de aislamiento obligatorio, además, se sumó a la coordinación de la iniciativa la organización “Animate Vale Oro”, un proyecto solidario cuyo trabajo está orientado al trabajo con adolescentes y la culminación de la escolaridad secundaria.


“En el marco del proyecto de comercialización de la Bolsa de la Agricultura Familiar y ante el escenario social en el que estamos a causa de la Pandemia; desde el Equipo de Coordinación en conjunto con los productores decidimos implementar un sistema de donación de bolsas de verduras a diferentes merenderos, comedores e instituciones de la ciudad”, afirma el Ing. Pablo García, Agente de Proyecto del Programa Cambio Rural con sede en la Agencia de Extensión Rural Bahía Blanca del INTA. “A través de esta iniciativa, una parte de la donación la hacen los propios productores hortícolas y otra parte la hacen los consumidores a través de su compra. En otros casos, además, hay instituciones que hacen un aporte que se suma a los anteriores para hacer crecer el número de bolsas solidarias que se entregan”, agrega Pablo García.
“Estamos armando unas 300 bolsas solidarias por semana de 5 kgs cada una, a las que se suman las que compran los consumidores a través del formulario online, que tiene un precio muy conveniente ya que la comercialización es directa entre productores y consumidores”, destaca Damián Belladonna, Promotor Asesor del Grupo de Productores Hortícolas de Sauce Chico y Colonia la Merced.
En este sentido, Belladonna destaca la actitud de los productores que participan del Grupo de Cambio Rural, que en la delicada situación que estamos viviendo asumieron un compromiso y dieron un paso al frente: “Es la responsabilidad que nos toca como sector productor de alimentos. Entre todos estamos haciendo lo que nos toca hacer”, afirma el profesional.
Inocencio Cari Castro, productor hortícola: “En el campo trabajamos con mi esposa y nuestros 3 hijos. A la bolsa traemos zapallo anco y cabutia, achicoria, remolacha, cebolla de verdeo, entre otras cosas. Lo bueno de esto es que lo que cortamos lo tenemos vendido, ya que los chicos armaron un sistema de pedidos previos que garantizan la venta y hasta un mejor precio. Además es un esquema más equitativo el que se armó, hay una comunión muy grande y estamos muy contentos”.
“El número de bolsas entregados sin costo desde que comenzó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio supera las 2500 unidades, lo que representa casi unos 13 mil kilos de verdura producidos por productores de la Agricultura Familiar”, asegura el Ing. Federico Castoldi, Jefe de la Agencia de Extensión Rural Bahía Blanca de INTA Bordenave, que junto a los ingenieros Pablo García y Damián Belladonna impulsan el proyecto en la actualidad.
El Ingeniero Castoldi destaca que lo que se está haciendo es responder al llamado que hizo el Presidente de la Nación cuando se dispuso la batería de medidas para frenar la propagación del virus. “Desde el primer día de la cuarentena, el sistema se puso a disposición de las medidas gubernamentales, que consideraron esenciales las actividades productivas y la distribución de alimentos, como así también a los productores y los técnicos vinculados con esta temática”.
De esta manera, se empezó a trabajar con las “Bolsas Solidarias”, que gracias al aporte de diferentes actores sociales se entregan de manera gratuita a comedores y merenderos de diferentes puntos de la ciudad. “A partir del Aislamiento empezamos a trabajar más fuerte con familias en riesgo alimentario, pero también se adaptó la distribución de las bolsas comerciales a consumidores particulares, ya que a partir de la colaboración de una gran número de voluntarios, durante un tiempo las bolsas se entregaron a domicilio para favorecer que los vecinos permanezcan en sus hogares”, agrega Castoldi.
Aída Fernández, productora hortícola: “La verdad que lo que vendemos con la bolsa creció un montón. Yo vengo con mi cuñado y en la quinta trabajamos con mi hijo, que tiene 18 años. Traemos cebolla de verdeo, acelga, remolacha, hinojo y cebolla”.
Este crecimiento exponencial que tuvo la venta de las Bolsas, se pudo llevar a cabo entre otras cosas por el aporte de un gran número de voluntarios, que se encargaron del reparto a domicilio mientras la experiencia se implementó con esa modalidad. En ese momento, a partir de la articulación con investigadores de INTA y por medio de un software específico, en cada edición se realizó un mapeo previo de todas las entregas, para establecer mínimos recorridos que facilitaron la tarea de los voluntarios. Además, en la logística siempre se cuenta con el apoyo de otras personas de la Agencia de Extensión Rural Bahía Blanca del INTA que trabajan en la experiencia.

Antonio Gareca, productor hortícola: “A la bolsa estoy trayendo varias cosas, como lechuga, cebolla, achicoria, puerro, morrón y berenjena, entre otras cosas. En total debo andar por los 6 mil kilos por mes más o menos. La verdad que en esta situación la venta de la bolsa aumentó mucho, más que nada porque está a un precio muy económico”.
“En la búsqueda de mejorar la respuesta que estamos dando y en la medida que se fueron habilitando nuevas aperturas de la cuarentena, fuimos estableciendo un protocolo sanitario en conjunto con el Municipio para adaptarnos a la situación. De ese modo, cuando los consumidores compran la bolsa vía el formulario online, eligen el lugar al que irán a retirarla entre un total de 14 puntos estratégicos distribuidos por toda la ciudad. Por otra parte, se continúa con la entrega a domicilio para los vecinos que integran los grupos de riesgo”, agrega Federico Castoldi.
El Ingeniero Castoldi, por su parte, es referente de “Animate Vale Oro”, un Proyecto que durante el aislamiento se sumó a la coordinación de la propuesta de la Bolsa. Animate se trata de una iniciativa que busca fortalecer la escolaridad secundaria de jóvenes de familias que presentan riesgo de deserción escolar. De este modo, un grupo de chicas y chicos participan en el armado de las bolsas las 2 veces por semana que se realiza la venta. Y el resto de miembros también participan activamente en la logística en cada edición.
Gisela Cabana, estudiante y productora hortícola: “Tenemos zapallo, tomate cherry, acelga y varias cosas más. Yo además estudio magisterio, así que cuando tenía clases iba a cursar a la mañana y a la tarde iba al campo”.
La iniciativa de la Bolsa se organiza a través de una preventa en la que la gente interesada en comprarla se anota en un formulario online. Tiempo atrás los consumidores iban a buscar la Bolsa a un punto fijo, donde los productores se juntaban previamente a armar los pedidos.
Cuando comenzó el aislamiento y gracias a que se sumaron un gran número de voluntarios individuales y de distintas instituciones, las bolsas comenzaron a entregarse a domicilio y desde hace un tiempo atrás, los consumidores deben seleccionar donde retirarán su Bolsa en uno de los 14 puntos fijos preestablecidos con anterioridad.
La Bolsa se vende dos días por semana, en cuyos días previos se difunde vía WhatsApp y Redes Sociales el formulario, que se cierra automáticamente cuando se completa el cupo, que en la actualidad se ubica en 700 bolsas por edición (1400 por semana). Ese cupo actualmente se completa rápidamente -la mayoría de las veces en cuestión de minutos-, y a esa cantidad de bolsas que se arman se les suman las bolsas que se donan, que en promedio rondan las 150 por edición (300 por semana).
A partir de las dos ventas por semana que se hacen, se están donando un promedio de 1200 bolsas por mes de 5 kgs cada una y se están vendiendo alrededor de 5600 bolsas de 8 kilos cada una.
Sobre el esquema de trabajo, el ingeniero García sostiene: “Adoptamos la preventa hace unos años ya que nos permite organizar mejor todo el proceso, más que nada porque los productores saben de antemano la cantidad que tienen que traer para la venta. Ese día confluimos temprano todos en un salón, y entre los propios productores, los técnicos y los voluntarios fraccionamos todo y armamos las bolsas”.


La experiencia de la Bolsa de la Agricultura Familiar de Bahía Blanca tiene un impacto positivo desde varios puntos de vista. Desde lo estrictamente económico, lo más relevante es que los productores reciben el precio completo por su producción. Sin embargo, los beneficios no se agotan en eso y también se trasladan a los consumidores. Pablo García al respecto destaca: “Es importante mencionar que quienes compran la Bolsa están recibiendo en el día una serie de productos que fueron cosechados recientemente, con lo cual la frescura, la calidad y el tiempo de durabilidad es muy grande. Además tiene el plus de que se trata de producción local, por lo que la distancia de traslado es mínima”.
Por otro lado, la experiencia de comercialización también propone fortalecer los vínculos de los productores entre sí, tanto hacia el interior de los diferentes grupos, como de cada grupo con los demás, lo que les permite abordar grupalmente nuevos desafíos: “El trabajo que hacemos desde los Programas Cambio Rural y Pro Huerta y desde el INTA como un gran paraguas, busca potenciar al sector de agricultura familiar del periurbano de Bahía Blanca, a través de varias instancias de comercialización. En el año 2015, antes de esto de la Bolsa, comenzamos a feriar con los productores en la Feria del Lago. Y previamente a eso también impulsamos otras experiencias”.
Para finalizar, el profesional asegura que el trabajo institucional comienza mucho antes de la venta en sí, en las instalaciones de las propias familias: “En este caso el trabajo se hace visible a través de esta experiencia de comercialización, pero es importante remarcar que todo esto implica una serie de pasos previos en el acondicionamiento de los criaderos y las quintas para la producción, como así también en la regularización para que los productores puedan adecuarse a la normativa vigente de cada uno de los sectores”.