on la llegada del invierno, la huerta pierde su encanto, pero no así su potencial. Esta estación permite tanto su rediseño como la autoproducción de semillas para una próxima temporada. Se trata de una práctica sencilla y valiosa en términos culturales y económicos. En este sentido, consideramos importante compartir los aspectos más relevantes a la hora de producir, cosechar y conservar las semillas para la próxima temporada.

En algunas especies, las semillas se obtienen junto con la cosecha de los frutos, como en el caso de los zapallos, los tomates, el maíz, el morrón y las berenjenas. En otros cultivos, deben dejarse algunas plantas para producir semillas, como es el caso de las cebollas, los puerros, las zanahorias, el repollo, el rabanito, el coliflor, la acelga y la lechuga. De acuerdo a cada tipología, la cosecha se realiza de manera similar en cada uno de los cultivos.
La selección es una práctica fundamental en la producción de semillas. Este proceso implica un riguroso seguimiento de nuestra huerta para eliminar plantas enfermas y atípicas de la especie. Si el objetivo es producir solo semillas, podemos seleccionar las plantas que dejaremos para producir y aprovechar todas las restantes para el consumo en nuestro hogar.
Una vez concluida la cosecha en la huerta, se deben recolectar las semillas de los frutos de los cultivos. Luego, hay que dejarlas secar y conservarlas para que no pierdan su poder germinativo.
Aquellas que tengan forma de vaina, tales como las arvejas, las chauchas o los porotos, deben dejarse secar las vainas y semillas dentro de los frutos, mientras que, por ejemplo, en el caso de los tomates es aconsejable separarlas para dejarlas secar en papel absorbente.
En cuanto a las lechugas y radichetas, se deben cortar las flores cuando el tallo comience a ponerse amarillo, colgarlas boca abajo para que terminen de secarse y frotarlas dentro de una bolsa para que las semillas se desprendan de la flor.
Es importante que las semillas que guardemos provengan de plantas sanas. Las semillas deben guardarse en ambientes secos y frescos, y conservarse en frascos bien cerrados o en bolsas de papel identificadas con fecha de recolección y variedad.
El tiempo de duración de las semillas dependerá del tipo del cultivo. En el caso de la cebolla, el maíz y la espinaca, se estima un año. Si se trata de acelga, arveja, perejil, pimiento, poroto, puerro, remolacha, tomate o zanahoria, el tiempo es de dos años. Para apio, berenjena, repollo, escarola, haba, lechuga, achicoria, melón, pepino, rabanito, sandía y zapallo, se esperan tres años de duración.