a importancia de la avena ( Avena sativa ) radica en la versatilidad de su uso. Grano, verdeo de invierno y silaje, conforman una trilogía por demás interesante a nivel de los cereales de invierno.
La industrialización del grano nos lleva desde el clásico “quaker” hasta el mundo de la cosmetología. A nivel mundial la Unión Europea-27 encabeza el ranking productivo. La Argentina ronda una producción cercana a las 500 mil toneladas, proveniente principalmente de la provincia de Buenos Aires. El rendimiento promedio alcanza los 2.000 kilos por hectárea.
La densidad de siembra resulta común a la del resto de los cereales de invierno, es decir entre 200 y 300 semillas viables por metro cuadrado. En cuanto a la fecha de siembra, tomando una ventana de 45 días para la región central de Córdoba, va desde fines de abril hasta principios de junio, según las variedades.
Lo importante es que la floración acontezca en septiembre, dado que para obtener altos rendimientos en grano y de buena calidad es conveniente que durante el período crítico del cultivo en el que se define la cantidad de producto, las temperaturas medias estén alrededor de los 15 grados y la radiación solar sea alta; tratando que el llenado del grano no coincida con un período en el que se registren precipitaciones excesivas.
En líneas generales, una siembra de fines de abril a principios de mayo posiciona al cultivo ante la eventualidad de alcanzar más altos rendimientos en grano, pero con menor porcentaje de proteínas y peso hectolítrico; además, el cultivo tenderá a ser más alto y eventualmente volcarse.
Se habla de una caída en el rendimiento por atraso en la fecha de siembra del orden de los 17 kilos de grano por hectárea y por día. El daño por heladas tardías durante la floración está latente, pero entre altas y bajas temperaturas durante este período, las primeras suelen “golpear” más.
El objetivo del presente informe fue evaluar el comportamiento agronómico de un cultivo de avena, conjuntamente con uno de trigo, en la región central de la provincia de Córdoba, en tres fechas de siembra.
En el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba bajo condiciones de cultivo de siembra directa y en secano, con un tratamiento adicional de un riego suplementario de 80 milímetros alrededor de la floración.
Se implantaron en tres fechas de siembra (14 de abril, 5 y 25 de mayo) el cultivar de avena para grano “Milagros Inta” y el de trigo para pan “Bio-Inta 3005”. Cada unidad experimental (parcela) estuvo compuesta por 15 surcos de cinco metros de longitud distanciados por 0,20 metro.
En ambos cultivos se recurrió a la misma densidad de siembra, 250 semillas viables por metro cuadrado. En cada fecha de siembra el material se distribuyó a campo según un diseño en bloques aleatorios con dos repeticiones.
El porcentaje de agua (W) edáfica se determinó a la siembra y a la cosecha para cada una de las fechas en las que los cultivares fueron implantados. Tal de estimar el consumo total de agua por parte de ambos cultivos se dispuso de los valores de precipitación efectiva durante el período siembra-cosecha.
A partir de una muestra de un metro cuadrado se midieron el rendimiento en grano y peso de éste (0% de humedad), y se estimó el número de granos por metro cuadrado. La información fue analizada usando el programa Infostat. Los resultados fueron sujetos al análisis de la varianza.
A lo largo de las tres fechas de siembra, y habiendo cultivado a ambas especies en secano y con un riego suplementario durante sus respectivos períodos críticos, se pusieron de manifiesto diferencias estadísticamente significativas entre medias para las tres variables agronómicas evaluadas (ver tabla adjunta).
El cultivo de avena resultó agronómicamente superior respecto al trigo en cuanto al rendimiento en grano y el número de granos por unidad de superficie.
Por su parte, el peso de la semilla fue mayor en el trigo. En cuanto al efecto de las distintas fechas de siembra sobre el comportamiento agronómico de ambos cultivos, la siembra del 5 de mayo fue aquella en la que el trigo y la avena alcanzaron los más altos rendimientos. En el caso del trigo se observó una abrupta merma productiva en la fecha de siembra del 25 de mayo (del 50 por ciento) no así tanto en el caso de la avena (del seis por ciento).
En base a estos resultados preliminares, y teniendo en cuenta que los períodos críticos de los cultivares evaluados no acontecieron simultáneamente en ninguna de las tres fechas de siembra, los rendimientos logrados no desentonan con los obtenidos en trigos de punta y de ciclos más cortos.
En cuanto a la eficiencia en el uso del agua (EUA), la avena respondió con tres kilos de grano más por milímetro de agua usada respecto del trigo (9,4 versus 6,4), lo que pone en tela de juicio la mentada baja EUA de la avena respecto al resto de los cereales de invierno.
Finalmente, una siembra que acontezca hacia fines de abril y principios de mayo posiciona el crecimiento y desarrollo de ambos cultivos bajo contextos ambientales favorables para la mejor expresión del rendimiento en grano. Sin embargo, el cultivo de avena puso de manifiesto a lo largo de las tres fechas de siembra una destacada estabilidad productiva.
AgroVoz