arlos Giri se enamoró de la lavanda en los años ochenta. Desde entonces, la cultiva en su campo de Atos Pampa, Córdoba. A través de su emprendimiento Aromas de Lavanda, comparte sus conocimientos desde una casa de campo donde se puede recorrer la plantación, el galpón de acopio y un destilador. La actividad del establecimiento apunta a la venta al por mayor y a la comercialización de la lavanda, blends de té, almohadillas, agua micelar y aceites esenciales.
Giri trabaja la lavanda como se hacía hace 150 años. Se trata de una planta milenaria con muchas propiedades que usaban los egipcios y después los romanos para curarse las heridas. Además, funciona como un antiséptico natural, sirve para quemaduras y reduce el estrés.

La provincia de Córdoba es pionera en la producción de lavanda. El Domaine de Puberclair cuenta con plantaciones allí desde 1979, confirmando que el suelo de las sierras es óptimo para estas lamináceas. “Por el suelo y el clima, la Argentina podría ser el mayor productor del mundo”, señala Giri.
El éxito de las lavandas es posible gracias al suelo y el clima. La lavanda crece bien en la piedra, a 1.108 metros sobre el nivel del mar, con once horas de sol en verano y ocho en invierno. “Hay buena producción de lavanda en Rusia, Turquía, Francia, España, Italia, Inglaterra, Croacia, Bulgaria. Algo en África del Norte y Asia. Bulgaria es el primer productor del mundo de lavanda; le ganó a Francia, el histórico. Es paradójico: yo soy más conocido en Francia que acá”, asegura. Y agrega: “En Argentina no hay una política nacional que apoye el desarrollo de nuevos cultivos. Y es una lástima, porque podría ser el mayor productor del mundo”.
Carlos Giri maneja nueve hectáreas separadas, trabajando con 57 pequeños emprendedores. Su fuerte es la flor seca que vende a granel o por kilo, y su objetivo es transformar su negocio en una cooperativa. “Ahora soy acopiador. Hay mucha demanda, pero no hay oferta. Este país está acostumbrado a mirar hacia los cultivos tradicionales: de mil hectáreas para arriba. Y pensar que para desarrollarla solo se necesita estar a más de 700 metros sobre nivel del mar. Hay que fomentarla, porque en la sierra, donde solo hay piedra, se puede vivir de la lavanda; yo soy ejemplo”, afirma.

El campo de Atos Pampa cuenta con un vivero experimental de 70 mil plantas y es una permanente fuente de consulta para reconocidas instituciones como el INTA y el Conicet, cuyos expertos estudian el ADN de las distintas variedades con el objetivo de certificarlas.

A unos metros del vivero se encuentra el sector de destilado, donde se elabora el aceite esencial de lavanda. “Se coloca el agua y después un recipiente calado, donde va la flor seca. Se hierve el agua que pasa a ser vapor y las flores transpiran. Entonces, ese vapor se enfría, condensa y pasa a ser agua, que queda abajo, y aceite, que queda arriba. Se separa con una ampolla decantadora. Es un proceso que dura dos horas y media”, explica, a la vez que agrega que el resultante es el agua micelar y el aceite esencial de lavanda. Cada 120 kilogramos de flor fresca se obtiene un litro de aceite.