Agustina Lavarello Herbin, del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar Región Pampeana del INTA, analizó la competencia entre malezas y pasturas de clima templado-húmedo en fase de establecimiento, etapa en que se define el espacio que cada planta ocupara durante su vida útil.
Los resultados indican que, en la competencia por recursos, el impacto negativo de las malezas sobre el rendimiento y la calidad de las pasturas se incrementó cuando tenían una mayor proporción de especies anuales. De acuerdo con la especialista, “los resultados serían extrapolables a casi la totalidad de la provincia de Buenos Aires, el centro y el sur de la provincia de Santa Fe, los sectores meridional y centro-oriental de la provincia de Córdoba, y el tercio oriental de la provincia de La Pampa”.
El estudio buscó analizar el impacto de densidades crecientes de una maleza anual sobre la productividad, persistencia potencial (vida útil) y valor nutritivo de especies forrajeras en su etapa de establecimiento; es decir, cuando la planta consolida su desarrollo y genera sus primeras raíces.
En el cultivo de especies forrajeras templado-húmedas, la composición de las comunidades de malezas es muy difícil de prever. Los resultados indican que, en la competencia por recursos, el impacto negativo de las malezas sobre el rendimiento y la calidad de las pasturas se incrementó cuando éstas tenían una mayor proporción de especies anuales.
En resumen, este estudio del INTA demostró que el impacto negativo de las malezas sobre el rendimiento y la calidad del forraje es más severo cuando hay mayor proporción de especies anuales. En consecuencia, se recomienda el uso de pasturas pluriespecifícas y perennes.