A lo largo de las últimas décadas se han desarrollaron varias normativas en pos de garantizar el bienestar animal dentro de las explotaciones ganaderas. Para lograr un producto de calidad -maximizando rendimientos y minimizando costos-, es preciso que los involucrados en la cadena de producción utilicen parámetros de manejo que fomenten el bienestar de las especies bovinas, porcinas y avícolas, en todas las fases del proceso. Entre los aspectos básicos del bienestar animal, aparece que las especies no sean sometidas a:
- Hambre.
- Sed.
- Desnutrición.
- Situaciones que les causen miedo o angustia.
- Sufrimiento físico.
- Enfermedades o lesiones.
A la hora de la práctica, los criterios de bienestar animal se pueden traducir en normas sobre transporte de ganado, regulación de la distancia y tiempo máximo que pueden pasar arriba de un camión. Además, implican el espacio mínimo que requieren a lo largo de su vida, que debe ser suficiente para poder dormir, pararse e higienizarse.
El uso de normas de estas características es clave para no sufrir pérdidas a partir de distintas formas de maltrato, que pueden hacerse notorias cuando los animales llegan a la faena lastimados o lesionados. Asimismo, no hay que perder de vista que estos ejemplares a lo largo de toda su vida sufrieron diversos padecimientos o situaciones de estrés, desde el destete de su madre hasta la terminación de engorde. En cualquier caso, el costo del maltrato recaerá en los productores.
El maltrato animal es el resultado de una serie de malas costumbres que se arraigan en el personal rural que maneja el ganado en base al uso de fuerza, obligando al animal mediante diferentes formas de violencia a hacer lo que él desea. Este manejo “contra el ganado” fomenta un trato inadecuado, que se apoya sobre la presión física del animal, mediante golpes, azotes, empujones, pinchazos o gritos.
Esta clase de comportamientos se genera por el desconocimiento de las aptitudes de los animales. La hacienda bovina, por ejemplo, se mueve sola, de modo que lo único que hace falta para dirigirla es realizar un movimiento marcando hacia dónde deben ir. De esta manera, cuando el ganado debe ser encerrado, basta con hacerlo circular de una forma ágil sin que entre en pánico.
Además, hay que recordar que a la hora de empujar un animal, en vez de ir hacia adelante, tratará de darse vuelta y fugarse hacia atrás, por lo que es conveniente ubicarse de manera que vaya en dirección adecuada. En este sentido, la orientación consiste en presionarlo desde el flaco o desde adelante para que avance, basándose en dos premisas:
Al momento de trabajar en el campo, tomando como puntapié el comportamiento de la manada, es preciso manejar al ganado en grupos. A las vacas no les gusta quedarse solas; de modo que si una se escapa, hay que dejar que se encuentre con sus compañeras o soltar algunas para que se reagrupe. Aun en situaciones donde se requiere trabajar con un solo animal, lo más aconsejable es que esté acompañado, ya que de esta manera será más probable que permanezca tranquilo y no se torne agresivo.
Ante la presencia de seres humanos, las vacas tratan de tomar distancia, alejándose o huyendo según el nivel de amenaza que perciban. Durante este acto, los animales definen una “zona de fuga”, que resulta clave para facilitar el manejo. Esta zona se delimita caminando lentamente hacia el ejemplar; cuando se mueve o retrocede, se habrá cruzado un límite. El área que ocupa la “zona de fuga” se fundamenta en el carácter propio de cada animal y permite moverlo de una zona a la otra sin entrar en lo que se conoce como “zona de lucha”, que es donde se siente amenazado y ataca.
Hay que tener en cuenta que el ganado responde a la mayoría de los estímulos visuales, aunque su visión propiamente dicha es muy distinta a la nuestra. En el caso de los bovinos, su mirada es amplia, capaz de detectar movimientos y contrastes muy pequeños, pero también es difusa: ve con precisión hacia adelante, con imprecisión hacia los costados y muy poco hacia atrás, teniendo un punto ciego a la altura de la cola. Con este panorama, lo ideal es trabajar en la zona del costado, donde no pueda precisar con exactitud la imagen del operario. Si el trabajador queda detrás del animal –en su “zona ciega”- puede que se dé vuelta y dificulte las tareas.
Las líneas de balance de los bovinos a partir de las cuales modifican sus movimientos, se definen de la siguiente manera:
- Línea de la cruz: si el trabajador se ubica por delante de ella, el animal se detendrá o retrocederá; si el trabajador camina hacia atrás, una vez que se pasa la línea de la cruz, el ejemplar avanzará.
- La línea de la cadera: es importante para hacer que el animal gire. Una vez que el operario queda detrás de ella, entrando en la zona ciega, el bovino gira para mantenerlo a la vista. Si el operario se adelanta, enderezará su marcha.
Tampoco hay que perder de vista que los animales tienen memoria: los recuerdos de tareas habituales como el encierro o la vacunación, determinan su comportamiento y harán que sean más fáciles o difíciles las labores de manejo. Los bovinos poseen memoria a largo plazo; por este motivo, aquellos que a lo largo de su vida fueron tratados de manera brusca, tienden a estresarse más y ser más complicados. En este contexto, si su primera experiencia con personas es mala, es probable que sea difícil acercarse a él durante toda su vida. Como el ganado aprende del maltrato recibido, genera una resistencia a entrar a los corrales. No obstante, así como aprende lo malo, también retiene lo bueno, por lo que se aconseja tratarlos de manera adecuada.
Un buen recurso que mejora el manejo de los animales son las banderas que permiten aprovechar la visión difusa del vacuno, confundiendo el objeto con las personas.
Uno de los aspectos más difíciles a la hora de garantizar el bienestar animal, es cambiar las costumbres humanas. Tanto en establecimientos porcinos como bovinos, los cambios en las rutinas de trabajo redundan en grandes beneficios, ya que usualmente no se cuantifican las pérdidas que se obtienen durante los malos tratos. Para enfocarse en el bienestar de los animales en el campo, hay que evaluar todo: lo que sucede en el transporte, la faena y hasta en las etapas de conservación y comercialización de su carne.