a producción de cerezas en Chile alcanzó un récord histórico con 225.548 toneladas, un 27% más que lo registrado en la anterior campaña. El resultado fue que la cosecha 2019/2020 representó en valor más de US$1.400 millones, siendo la tercera producción agroalimentaria de Chile y la de más rápido crecimiento.
La característica temporal de la producción de cerezas en Chile es que la cosecha comienza en octubre y se completa en los siguientes 45 días. Esto se une a dos datos estratégicos esenciales respecto a las cerezas chilenas: el primero es que el 91% de la producción se destina a un solo mercado, que es China.
El año pasado, antes de la pandemia del coronavirus, el boom de consumo en China ascendió a US$6,9 billones, y se sustenta en el hecho de que la nueva clase media tiene ingresos libremente disponibles, más allá de satisfacer las necesidades básicas de alimentación, vivienda y salud, que crecen un 15% anual.
El segundo es que la masa de las cerezas exportadas (87% del total) llega a China antes del 25 de enero, que es cuando comienza el Año Nuevo Lunar o Festival de la Primavera, que es el gran festejo de la civilización china desde hace miles de años, donde la regla es realizar presentes significativos a familiares y amigos.
Las cerezas chilenas han dejado de ser commodities indiferenciados y se han convertido en un regalo extremadamente apreciado, cercano a los artículos de lujo. Además, se exportan con la etiqueta “Hechas en Chile”.
El eje del consumo en China es la nueva clase media que ya posee 440 millones de habitantes con ingresos per cápita comparables a los de Estados Unidos (US$35.000 /US$ 45.000 anuales), y que crece un 12,5% por año. Esa clase media ascendería a 780 millones en 2025, para luego trepar a más de 1.000 millones en 2030, lo que significa que abarcaría a más del 60% de la población. En ese momento, China podría caracterizarse en un sentido estricto como una sociedad de clase media.
De esta clase media es de donde surgen los 150 millones de turistas chinos que viajaron al exterior el año pasado, y que gastaron por viaje y cabeza alrededor de US$8.700, más que los turistas alemanes y norteamericanos. Para ellos, lo fundamental de los productos que consumen es la calidad y la reputación de la marca, no el precio.
La Federación de Productores Chilenos de Frutas (Fedefruta) sostiene que han plantado más de 38.000 hectáreas de cerezas en 2020. Además, esperan que la producción se triplique para 2025, alcanzando los US$5.000 millones.
Chile tiene un acuerdo de libre comercio con China firmado en 2009, y es uno de los dos únicos pactos que ha sellado el gigante asiático en América Latina (el otro es con Perú). El cierre de la economía china provocado por la pandemia hundió el producto un 6,8% anual en el primer trimestre del año, con una brutal interrupción de las cadenas logísticas y el transporte interno que afectó duramente a las exportaciones de cerezas chilenas, que disminuyeron entre un 15% y un 20%, y ocasionaron pérdidas por más de US$ 200 millones.
Lo que aumentó, y en gran escala, fue el e-commerce, y todo indica que es un cambio permanente de carácter estructural que modifica irreversiblemente la forma de vender en China.
La caída de la producción en el primer trimestre desató una disminución de entre un 40% y un 60% en los precios de las cerezas chilenas. El valor de un kilo de cerezas chilenas en el mercado doméstico de la República Popular es de entre catorce y dieciséis dólares, aunque en los momentos centrales del Año Lunar trepó hasta los 25 dólares.