Drift es una marca de muebles cordobesa que nació en 1987 cuando su fundador, Gustavo Ortega, decidió mostrarle al mundo sus dotes creativas, creando una carpintería en el fondo de su casa. Con más de treinta años de experiencia en el sector, en la actualidad son sus hijas Belén y Natalia quienes llevan adelante la empresa familiar, respetando la idea esencial que su padre les inculcó desde pequeñas: ofrecer mobiliario artesanal hecho en madera nativa, que sea único e irrepetible.
“En el taller de mi papá se hacían productos especiales y a medida en madera nativa con acabados naturales. Con mi hermana, en esta segunda generación, resolvimos tomar lo más importante de ese esquema, con madera nativa y productos premium, para replicarlo en muebles estandarizados, que hacemos en menor cantidad”, explicó Belén Ortega.
Drift tiene su planta principal en Ciudad de Córdoba, donde trabajan alrededor de 16 empleados de manera directa, y cuenta con un campo propio en Misiones, de donde se extrae la madera para fabricar los muebles. A su vez, tiene una cadena de pequeños artesanos a lo largo y ancho del país, a quienes les encargan determinados acabados. “Con el campo en Misiones nos garantizamos el auto abastecimiento continuo y hacemos reforestación. La decisión de comprarlo fue de mi papá, quien quería asegurarse la trazabilidad del insumo y que la madera usada se reponía”, indicó Ortega.
El único miembro del directorio que no forma parte de la familia es Pablo Rolotti, quien dirige la compañía junto a Gustavo. Por otra parte, Belén, licenciada en Comercio Exterior, se ocupa de la gerencia general, en tanto que Natalia se encarga de los procesos.
Desde hace un tiempo, el mercado más importante fue Buenos Aires, al que arribaron a través de distribuidoras y tiendas de decoración. Se estima que sus productos se venden en más de 37 locales y que se elaboran cinco mil piezas al año de manera 100% artesanal.
De todas maneras, desde sus orígenes realizaron exportaciones por fuera del país, estableciendo un vínculo estrecho con el Caribe. “Allí, tenemos una línea residencial en la que trabajamos con arquitectos y otra para restaurantes y hoteles. En base a esto fuimos construyendo nuestra trayectoria exportadora”, señaló Ortega.
Como parte de este crecimiento, Drift valora el apoyo de la Cámara de Comercio Exterior de Córdoba, que investiga potenciales clientes y analiza formas de compra en distintos mercados a través de formatos que suelen variar: a veces intermediarios mayoristas le venden a tiendas de decoración, mientras que en otros casos se lo envían directamente a los clientes finales.
Según Belén, su mayor competencia son los productores artesanales locales o los muebles que llegan fabricados desde la India; sin embargo, cree que el tipo de cambio es lo que a la larga complica más la competitividad. “En este segmento, China no tiene peso porque lo suyo es 100% industrializado. Nosotros apuntamos a lo artesanal, a productos confeccionados de manera única, con posibilidad de reposición inmediata. Respecto al cambio, cuando estamos pares, hay mercado porque la calidad de lo que hacemos es muy buena y apreciada. Exportar es parte del ADN de nuestra empresa. Ganar un mercado de afuera es difícil y complejo, de modo que no podemos depender sólo de lo que vale el dólar”, afirmó.
El producto más comercializado es la mesa de comedor que, en palabras de Ortega, se distingue del resto porque conserva la madera tal como nace, con sus hoyos, fisuras y grietas. “Ese es el valor agregado que tenemos, lo que nos enriquece”, sostuvo.
Para contrarrestar los daños en el medioambiente, Drift además emplea políticas que se basan en la regulación de la tala de árboles, para que la misma sea una práctica sostenible y cuente con programas propios de reforestación. “Somos referente en proyectos en los que la madera es protagonista”, concluyó.