La actividad, a cargo de Agustina Rimondi (responsable del Laboratorio Influenza), se inició en el año 2006 a partir de un Convenio Internacional con la Universidad de Georgia (UGA) de los Estados Unidos y permite alertar tempranamente sobre la circulación de cepas de alta patogenicidad , muy virulentas, en aves silvestres que habitan en nuestro país. La información epidemiológica obtenida es útil para diseñar estrategias que impidan el ingreso del VIA en las aves domésticas (industriales y de producción familiar ó de traspatio) y evitar así, un brote de Influenza Aviar (IA), comúnmente llamada Gripe Aviar.
A la fecha se aislaron y secuenciaron más de 30 virus de diferentes especies aviares silvestres. Esto permitió confirmar la circulación de VIA en aves que habitan la Argentina, determinar que en nuestro país circulan diferentes subtipos virales y, a través de los análisis evolutivos, demostrar que los mismos son diferentes a los influenzavirus de otras regiones del mundo. “Afortunadamente, todos los virus hallados hasta el momento son de baja patogenicidad y los que han sido estudiados in vivo, a través de la infección de gallinas, presentan prácticamente nula transmisión”, aseguró Agustina Rimondi.
Los virus que circulan en las aves silvestres podrían infectar aves domésticas si no existiese una bioseguridad adecuada en los galpones de producción que evite el contacto entre las aves libres y contenidas. En las aves de corral el virus puede mutar, cambiar genéticamente, y transformarse en un virus de mayor patogenicidad, provocando en algunos casos extremos una enfermedad respiratoria aguda con síntomas nerviosos, produciendo finalmente la muerte del animal. La IA es una enfermedad que impacta económicamente en países con una industria aviar establecida. Además es una enfermedad zoonótica, es decir que de los animales puede transmitirse al hombre. Monitorear e investigar sobre los virus que circulan en las aves silvestres que habitan en la Argentina permite alertar sobre la posibilidad de un problema productivo importante para la industria avícola nacional y conocer cuáles de los virus que circulan podrían también afectar al hombre.
Argentina es un país libre de IA en aves domésticas. Para sostener este estatus el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) lleva a cabo un Programa de Vigilancia Epidemiológica, planificado y ejecutado por profesionales y técnicos del Estado todos los años. Este status, que asegura la inocuidad y calidad de los alimentos de origen aviar de nuestro país, permite exportar los productos en el comercio regional e internacional, aumentando la competitividad del país, que ocupa el 8° lugar como productor y exportador de productos avícolas a nivel mundial.
El Convenio Internacional para realizar la vigilancia de influenza en la Argentina fue iniciado en el 2006 por Ariel Pereda (actual Coordinador interino del Programa de Salud Animal del INTA) dentro del IV. El objetivo principal, en ese entonces, era buscar VIA en el hospedador natural para poder confirmar, o no, la presencia del virus en las aves que habitan la Argentina. Los esfuerzos realizados se centraron en aquellas especies aviares acuáticas con mayor prevalencia de VIA: Anseriformes (principalmente patos y gansos) y Charadriiformes (aves playeras, muchas de ellas migratorias). El responsable como contraparte del Convenio en UGA es Daniel Roberto Pérez, un investigador argentino experto y referente internacional de influenza. Pérez forma parte del CEIRS (Centros de Excelencia para la Investigación y Vigilancia de Influenza según sus siglas en inglés) financiado por el NIAID del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (NIH). Su vasta trayectoria en la temática ha enriquecido enormemente el conocimiento generado en la Argentina sobre influenza, permitiendo que el trabajo del INTA sea reconocido en todo el mundo. Rimondi destacó la relevancia de los datos aportados por el INTA ya que “la IA es una enfermedad que se transmite por las aves silvestres, muchas de ellas aves migratorias sin límite ni frontera en su hábitat, resultando sumamente necesario conocer qué virus circulan en todo el mundo”.
En 2007 se detectó el primer VIA en una gaviota en Bahía Blanca, Prov. de Bs. As. Este hallazgo permitió confirmar lo que se suponía por bibliografía, de que los virus de influenza circulaban en las aves silvestres de nuestro país. Posteriormente, a través del aislamiento del virus en el laboratorio de bioseguridad NSB4 del IV del INTA y de técnicas moleculares que permiten la secuenciación del genoma viral, se supo que el virus tenia características filogenéticas distintas a los que comúnmente se reportaban en Europa, Asia y Norteamérica y se lo definió como un grupo aparte, clasificándolo como “grupo sudamericano” o “linaje sudamericano”.
Actualmente las muestras que se procesan para influenza llegan al Instituto de Virología desde distintos puntos del país, gracias a la colaboración generada con diferentes organismos y científicos relacionados con el estudio de las aves silvestres. Este trabajo coordinado por Agustina Rimondi desde el año 2015 ha permitido un incremento en el caudal de muestras analizadas en los últimos años y, en consecuencia, un mayor número de detecciones de VIA. La mayoría de las muestras positivas provienen de patos silvestres, especies prácticamente residentes en la Argentina durante todo su ciclo de vida, o con una migración acotada a los países limítrofes. Sobre la obtención de la muestra, la investigadora explicó que “luego de que se realiza el hisopado del ave es indispensable conservar las muestras en condiciones adecuadas para su posterior procesamiento en el IV, para asegurar que el esfuerzo realizado, por lo laborioso y costoso de las campañas y el procesamiento de las muestras, no haya sido en vano”. En 2016-2017 se detectaron 14 virus en 7 especie de patos diferentes, de las cuales tres no estaban descriptas previamente como hospedadores del VIA. Además, continúa Agustina “se procesan muestras de aves playeras, colectadas en su mayoría por guardaparques del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) en la reserva natural Punta Rasa en la Bahía de Samborombón”. Este sitio representa un hábitat ideal para diversas aves playeras, muchas de ellas aves migratorias que vuelan de polo a polo todos los años, para alimentarse y reproducirse. En un número menor llegan muestras colectadas por diferentes ecólogos en el país, quienes realizan estudios de conservación en diferentes especies (pingüinos, cormoranes, petreles, chorlos, etc). Por último, se analizan muestras provenientes de zoológicos que son facilitadas por el SENASA. Según la investigadora, “realizar esta actividad cooperativa INTA-SENASA resulta muy interesante para abordar el estudio de una interfaz poco estudiada, dado que las aves en cautiverio de los zoológicos no están totalmente aisladas de las aves de vida libre, sino que conviven en ocasiones en un espacio común. Así, los zoológicos podrían ser un posible foco de contagio, resultando necesario estudiar y analizar estas muestras”.
Los esfuerzos económicos que realizan en Norteamérica, Europa y Asia (donde existen países con IA endémica) para sostener la vigilancia en aves silvestres son esenciales para advertir tempranamente sobre la circulación de virus altamente patogénicos que podrían afectar la producción aviar. Muchos de los países de estas regiones, donde la gripe aviar es una enfermedad que ha generado brotes importantes en aves domésticas, advierten que la vigilancia sostenida en aves silvestres y las prácticas de bioseguridad son indispensables para disminuir el impacto negativo que genera el ingreso del VIA para la avicultura. En cambio, América del Sur no dispone de recursos suficientes para realizar estas actividades costosas y laboriosas. Sólo los resultados obtenidos por el INTA respecto del VIA en el hospedador natural reflejan el 70% de la información total disponible de Sudamérica. Esto nos indica que si bien el sistema de vigilancia en aves silvestres en Argentina ha sido exitoso en su historia relativamente reciente, hay aún mucho por conocer e investigar en nuestro país y también en el resto de los países de América del Sur. Generar colaboraciones con técnicos y científicos de diversas instituciones a los largo y ancho del país resulta fundamental para mejorar la vigilancia, tanto en número de muestras colectadas como en diversidad de especies aviares y sitios del país que no han sido estudiados aún.
La vigilancia activa en aves silvestres que realiza el INTA permite conocer qué VIA circulan en nuestro país, si representan un riesgo para la producción aviar de la Argentina y/o para la Salud Pública. A su vez, la información científica y académica generada es muy valiosa para Argentina y el mundo. El convenio ha permitido formar en el país recursos humanos especializados en la enfermedad, con capacidad técnica y de equipamiento para realizar estudios de patogenia y transmisión mediante la infección de gallinas. “Continuar con las actividades de vigilancia del VIA que realiza el SENASA y el INTA, en las aves domésticas y silvestres respectivamente, posibilita mantener el status libre de IA, abastecer el consumo interno y ser competitivos en los mercados internacionales” puntualizó Rimondi y aseguró que “detectar nuevos VIA en el hospedador natural y estudiar su comportamiento “in vivo” en gallinas genera conocimiento valioso que permitiría resolver rápidamente un eventual brote de IA en el país”.
INTA