En los últimos años, más del 70% de los suelos de la región pampeana son destinados a la siembra continua de soja, un cultivo que produce menor cantidad de rastrojos y posee una rápida descomposición. Por esta razón, desde el INTA Cañada de Gómez, que desarrolla su compromiso técnico sobre el sur de la provincia de Santa Fe, proponen el uso de los cultivos de cobertura de invierno como estrategia para frenar el deterioro del suelo y aportar a la sustentabilidad de los ambientes.
En ese sentido, sostienen que la incorporación de vicia sativa como cultivo de cobertura antecesor, sumado a un esquema de fertilización mineral, permitió aumentar hasta 6.500 kilos por hectárea los rindes del cereal en los ensayos llevado a cabo en el sur de la provincia de Santa Fe.
Por ello, la ingeniera agrónoma Julia Capurro, Jefa de la Agencia de Extensión Rural Cañada de Gómez del INTA, aseguró en diálogo con El ABC Rural, que “los sistemas productivos de la región necesitan ser manejados con mayor diversidad de especies y con un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles, tales como agua, luz y nutrientes”.
La brecha que existe entre el rendimiento potencial y el real es difícil de modificar. Sin embargo, los efectos evaluados fueron sorprendentes.
“La incorporación de los cultivos de cobertura y la fertilización mineral, son dos prácticas tecnológicas que deben complementarse para contribuir a la productividad del maíz y a la sustentabilidad de los sistemas agrícolas”, señaló Capurro.
Frente a la búsqueda permanente de obtener los mayores rendimientos posibles, en la región pampeana –sobre todo– se utilizan híbridos de maíz diseñados para adaptarse a las diversas condiciones del ambiente, resistir el ataque de insectos y tolerar las enfermedades más frecuentes. Sin embargo, a pesar de todas estas cualidades, es habitual observar esquemas de fertilización deficientes y que no cumplen con los rendimientos objetivos esperados ni con los parámetros de sostenibilidad.
“Una proporción importante de lotes de maíz se maneja con planteos de fertilización insuficientes, decisión que limitará la respuesta de la tecnología”, dijo y agregó: “La adecuada nutrición del cultivo es uno de los pilares básicos en la definición de los rendimientos y, en consecuencia, es uno de los aspectos determinantes de su rentabilidad”.
Ensayos de investigación realizados en campos de productores por especialistas del INTA Cañada de Gómez demostraron que la inclusión de una leguminosa, en un esquema de producción agrícola continua, es una estrategia recomendable para frenar el deterioro del suelo y aportar a la sustentabilidad del ambiente.
“El cultivo de vicia sativa aporta carbono, genera cobertura superficial –lo que mitiga los procesos de erosión hídrica y eólica–, inhibe el desarrollo de malezas y reduce el requerimiento de fertilizante nitrogenado”, describió Capurro quien, además, destacó que su incorporación como cultivo de invierno antecesor permitió obtener mayores rendimientos en maíz.
El maíz, que tuvo vicia sativa como cultivo antecesor y un esquema de fertilización adaptado a los requerimientos de la zona sur de Santa Fe, alcanzó en el trabajo de investigación los 15.101 kilos por hectárea.
“Si se compara con el manejo de maíz sin el cultivo de vicia y sin una adecuada estrategia de fertilización, el maíz rindió 8.602 kilos por hectárea, es decir unos 6500 kilos de diferencia”, explicó.
ABC Rural