El maíz es uno de los tres cereales más cultivados del mundo y, gracias a su capacidad para adaptarse, logró consolidarse en los sistemas productivos.
De hecho, sobre la base del uso de herramientas del mejoramiento genético, hoy el cereal puede encontrarse desde las latitudes más cálidas hasta las más templadas y desde el nivel del mar hasta más de 3.500 metros de altura.
En la región núcleo argentina, el maíz se siembra durante la primavera –finales de septiembre–, por lo que la floración y llenado de granos ocurre en el momento de mayor temperatura y alta radiación solar –enero–.
“Los maíces de siembras tempranas son los que poseen mayor productividad, pero –a la vez– presentan una gran variabilidad interanual de rendimientos”, indicó Yésica Chazarreta, especialista en genética e integrante del equipo de Ecofisiología de Cultivos del INTA Pergamino.
En ese sentido, la especialista, agregó: “Mientras que los sembrados en fechas más tardías tienen un rendimiento menor, pero son más estables a lo largo de los años”.
Chazarreta realizó diversos ensayos con híbridos de maíz sembrados en dos fechas constantes: una en octubre u otra en diciembre.
“Pudimos ver que el atraso en la fecha de siembra producía reducciones en el peso final de los granos, explicadas tanto por la reducción en la tasa de llenado, como por acortamiento del período en el cual los granos se estaban llenando”, señaló la profesional del INTA quien añadió: “Lo que más nos llamó la atención fueron los aspectos vinculados con el secado de los granos: las fechas de siembra tardías tienen un secado del grano más lento”.
En la Argentina, la humedad comercial del grano de maíz es del 14,5%. “Lograr esta cifra con siembras tardías es más complicado, debido a que ocurre durante el invierno, en los meses de junio y julio”, expresó Chazarreta.
Además analizó que esta situación implica que “el cultivo se encuentre en pie en el campo durante mucho tiempo, con el posible aumento de incidencia de enfermedades de la planta y la espiga, por ejemplo”.
El objetivo de estos experimentos es generar modelos que ayuden a predecir cómo va a evolucionar la humedad de los granos.
De esta manera, “podremos diseñar herramientas de asistencia a los productores para la toma de decisiones al momento de cosecha: si esperan hasta alcanzar la humedad comercial con el cultivo en pie en el campo o cosechan antes y afrontan el costo del secado adicional”, manifestó Chazarreta.
ABC Rural