Camino a la Agroecología en el Valle Inferior del Río Negro

La producción hortícola del Valle Inferior del Rio Negro es la principal fuente de abastecimiento de hortalizas, verduras y algunas frutas de la ciudad de Viedma y otras ciudades

Camino a la Agroecología en el Valle Inferior del Río Negro

A pesar de esto, un alto porcentaje de los productores hortícolas se encuentran en situación de vulnerabilidad socio-económica, incapaces de planificar su producción a corto o mediano plazo debido a que en la mayoría de los casos no son propietarios de la tierra sobre la cual producen y sus contratos de alquiler son generalmente informales y de duración no mayor a un año. A su vez se encuentran insertos en un sistema productivo-comercial que los obliga a llevar adelante una horticultura insumo dependiente, donde utilizan una gran cantidad de agroquímicos de media y elevada toxicidad, sin los cuidados mínimos necesarios para su uso, poniendo en serio riesgo su salud, así como la salud de las familias consumidoras y el cuidado de los bienes comunes naturales. 

En este complejo contexto, en el mes de julio de 2017, se inició un trabajo interdisciplinario e interinstitucional de acompañamiento a familias productoras con el objetivo de incrementar la sustentabilidad de los establecimientos productivos, incorporando prácticas agroecológicas, y reduciendo y hasta eliminando el uso de insumos químicos en las chacras. 

Actualmente las transiciones agroecológicas son llevadas adelante, en 15 chacras del Valle Inferior del Río Negro (1), por 18 familias productoras. La propuesta de iniciar la transición agroecológica en cada uno de los establecimientos se realizó de manera integral, enfocada en cuatro ejes. Estos contemplaron el acompañamiento técnico-productivo, desde una mirada de intercambio de saberes y aprendizajes colectivos, donde los conocimientos de la familia productora son tan válidos como los saberes del equipo técnico, y donde se pone el foco en recuperar conocimientos populares y/o ancestrales, así como evaluar y adaptar tecnologías apropiadas utilizadas por otras familias de esta y otras regiones. 

Camino a la Agroecología en el Valle Inferior del Río Negro

Otro de los ejes que orientó la iniciativa fue el acceso a insumos agroecológicos (plantas aromáticas y medicinales, semillas, plantines, abonos y bio-preparados, entre otros) y a maquinaria apropiada, a través de subsidios y/o financiamiento público, así como capacitación para la autoproducción. En este punto se destaca el desarrollo de maquinaria apropiada en talleres de la EEA Valle Inferior y evaluación a campo. 

El apoyo comercial también fue un eje considerado, a través del consumo organizado en canales alternativos de comercialización, la comunicación, la colaboración en gestión y logística de ventas, y la organización de entregas de bolsones y ferias. 

Camino a la Agroecología en el Valle Inferior del Río Negro

Se sumó un cuarto eje: promoción del desarrollo integral, incluyendo aspectos vinculados a la salud de las familias, condiciones habitacionales, problemáticas de género y educación, entre otros. 

Una estrategia clave para llevar adelante la propuesta integral descripta fue la de conformar un “equipo de acompañamiento interdisciplinario”(2) , donde el trabajo junto a las familias productoras se realiza de manera periódica, con visitas semanales o quincenales, actividad en la cual participan profesionales y estudiantes de diversas ramas del conocimiento pertenecientes a 12 instituciones públicas y tres organizaciones de la sociedad civil (3). 

En dichas visitas se tratan diversas temáticas vinculadas a los ejes detallados, a la vez que se recorre la chacra y se colabora en actividades específicas vinculadas a la producción. 

 

Estrategias de comercialización como herramientas clave de las transiciones 

El acompañamiento socio-productivo se trabajó de forma integral, incluyendo, entre otros, los aspectos vinculados a la problemática de la comercialización, de manera de apoyar y consolidar los sistemas productivos agroecológicos. Así, las primeras cosechas de alimentos sanos (1) de la temporada 2017-2018 se comercializaron en la Feria Municipal de Viedma  con carteles identificatorios impresos por una de las instituciones participantes del proceso. 

Paralelamente a las primeras experiencias de ventas de productos en transición agroecológica en la Feria Municipal de Viedma (4), comenzó a constituirse una comunidad de consumo: un grupo de mujeres en su mayoría, que se reunieron con el objetivo de organizar su consumo de manera comunitaria y de facilitar su acceso a productos saludables y amigables con el ambiente. A partir de la vinculación entre consumidoras organizadas y las familias que apostaron a caminar hacia la agroecología, se concretó la primera compra de verduras y frutas en transición agroecológica del valle Inferior del Río Negro por fuera de los circuitos convencionales de comercialización. 

Camino a la Agroecología en el Valle Inferior del Río Negro

Sobre la base de esta primera experiencia, que se consideró exitosa dado el volumen de ventas y el interés generado en las familias consumidoras (organizadas y no organizadas), se consolidó un sistema de comercialización diferente de los espacios de venta convencionales ya instalados en la ciudad.  

Este sistema de ventas alternativo posibilita a las familias consumidoras acceder a frutas y verduras agroecológicas de maneras diferentes, visitando la feria municipal, comprando a través de formularios on line bolsones y demás frutas y verduras, y a su vez se puede visitar la feria agroecológica itinerante cada 15 días. 

Estas estrategias de comercialización han permitido: que cada vez más consumidores accedan a productos sanos, que las familias productoras puedan asegurarse la venta de la totalidad de su producción agroecológica, que se establezcan vínculos directos entre familias productoras y familias consumidoras, vínculos que a su vez generan nuevos espacios de comercialización y venta (compras puntuales de productos excedentes, feria agroecológica, etc.). 

 

Certificación Agroecológica Participativa

A medida que se suman nuevas familias al proceso de transición agroecológica (5) y la producción de alimentos sanos (6), en el Valle Inferior aumenta en volumen, surge la necesidad de varias instituciones públicas que acompañan el proceso, y también de algunas familias productoras, de identificar los productos agroecológicos y en transición agroecológica, diferenciándolos de los que se producen de manera convencional. 

Frente a esta demanda se organizan espacios de encuentro y discusión en los que participan referentes de todas las instituciones partícipes del proceso. El objetivo fue plasmar en un documento de qué manera se iba a realizar la diferenciación, generando acuerdos sobre qué se quería certificar.  Cabe destacar que al momento de iniciar estos espacios de trabajo colectivo, ya se venían llevando adelante en el territorio procesos de certificación, aunque no de manera formal. En dichas actividades representantes de instituciones y de organizaciones de consumidores recorrían las chacras y se propiciaban encuentros donde se discutía sobre la producción y comercialización agroecológicas, y se generaban vínculos directos entre productores, consumidores y técnicos. Estos encuentros fueron insumo fundamental para la construcción del posterior documento de certificación, en el cual se le dio un marco formal a las “recorridas” que se fortalecieron y consolidaron. 

En las reuniones se trabajó sobre la base del documento de “Sistema de Garantía Participativa - Bella Vista - Corrientes” (compilado por Pereda M. M. en 2011). Luego de varios encuentros, y numerosas modificaciones y adaptaciones se llega al primer borrador de la “Certificación participativa de la producción agroecológica del valle inferior del río Negro”. En dicho documento se establece que “…la certificación participativa busca garantizar la calidad diferencial de un producto a partir de un sistema definido de manera colectiva, consensuada y horizontal, donde todas las personas interesadas son parte del diseño e implementación del sistema. Así las respuestas a preguntas como ¿Qué se busca certificar? ¿Para qué? ¿Con quiénes? ¿Cómo se debe producir? ¿Cómo se deben transformar y comercializar los alimentos? son generadas en ámbitos de debate y construcción colectiva, donde todas las personas participantes se encuentran en igualdad de condiciones para opinar, aportar y decidir sobre el sistema de certificación...”

Uno de los conceptos que más se debatió en la construcción del documento de certificación fue el de calidad, ya que implica definir qué se desea certificar. Así, se definió calidad como la suma de atributos externos y atributos internos que los alimentos deben reunir. A su vez se decidió que los atributos internos son prioritarios en el sistema de certificación. Entre ellos se destacó: la inocuidad, el mínimo uso o ausencia de agroquímicos en el proceso productivo, la frescura y durabilidad, la diversidad y heterogeneidad, la presencia de sabores y aromas, la calidad nutricional, la calidad social, el precio justo para productores/as y consumidores/as, y la identidad de los alimentos. Por otro lado, entre los atributos externos que se buscó certificar se encuentra el aspecto visual, que se ubica en un segundo plano de importancia para la certificación.

Además, el documento crea dos órganos de funcionamiento: el Equipo Interdisciplinario de Acompañamiento (EIA) y el Consejo de Garantías (CG). El EIA se integra por representantes de todas las instituciones y organizaciones que participan del proceso, su objetivo principal es acompañar a las familias productoras en el camino de la transición agroecológica, visitando periódicamente las “chacras”, brindando herramientas técnicas para la producción, pensando estrategias de comercialización, etc. En este equipo se considera fundamental la participación de productores y consumidores. El CG se reúne mensualmente y es el encargado de regular y proponer cambios en el sistema así como decidir nuevos ingresos.

La certificación se enfoca en los productos generados (identificando como fueron producidos) y no en la totalidad del espacio productivo, definiendo productos agroecológicos y productos de transición. La decisión de certificar por producto y no por “chacra” tiene que ver con el objetivo de incluir familias productoras facilitando su ingreso al sistema. Entre otros objetivos de la certificación se destacan: promover la soberanía alimentaria, seguridad y salubridad alimentaria local, acompañar procesos que favorezcan y/o posibiliten el acceso a la propiedad de la tierra por parte de las familias productoras arrendatarias. En este sentido se busca garantizar el acceso de toda la población a los productos agroecológicos y un precio justo para productores/as y accesible para consumidores/as. Se suma la necesidad de visibilizar la responsabilidad del Estado y de las instituciones públicas nacionales, provinciales y municipales en la construcción de sistemas alternativos de producción, distribución, comercialización y consumo de alimentos saludables, haciendo foco en la vida digna de todxs lxs integrantes de la sociedad.

Finalmente, entre los y las representantes de instituciones y organizaciones se acordó que la base de la Certificación Participativa será la confianza. Y que esta confianza se logra construyendo vínculos cercanos entre consumidores y productores tal como se afirma en el propio documento “…la certificación será el resultado de la confianza que se genera a partir de la construcción de un vínculo entre productorxs, consumidorxs e instituciones públicas participantes. Tiene como base la conciencia y la decisión de cada familia productora de querer producir sin destruir los bienes comunes naturales, sin enfermarse ni enfermarnos; conciencia que se fortalece y profundiza con la participación activa y crítica de consumidorxs a lo largo del proceso, más el acompañamiento de diversas instituciones públicas comprometidas…”.

 

INTA Río Negro

 



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